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Planta de tomate cuidados

El cultivo del tomate es uno de los más exigentes en cuanto a cuidados, ya que de lo contrario obtendremos pobre resultados o incluso perderemos el cultivo


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El cultivo de tomate presenta algunas variaciones según se realice al aire libre, en invernadero o en maceta. En los dos primeros los cuidados son prácticamente idénticos, a excepción quizá del entutorado.

Comenzamos este artículo partiendo del momento del trasplante del tomate, ya que la realización del semillero es una labor previa con cuidados comunes a la mayor parte de hortalizas.


Riego

Una vez realizado el trasplante, el primer cuidado que tendremos en cuenta es el riego, puesto que la joven tomatera está arraigando y debe encontrar el suelo húmedo a medida que sus raíces lo exploran. Pero del riego del tomate hablaremos más extensamente en un artículo específico.


Acolchado

Una vez que las plantas tienen unos 20 cm de altura podemos proceder a realizar el acolchado con materiales orgánicos como paja, césped seco, compost, etc. Se puede acolchar antes de realizar el trasplante pero quizás sea mejor esperar a que la tierra se caliente un poco con el sol primaveral puesto al cubrir el suelo el calentamiento es más lento, a menos que se cubra con compost o turba —por su color negro—.

Si el acolchado es plástico será mejor instalarlo antes del trasplante para evitar dañar las plantas al manipularlo.

✪ En este artículo sobre el acolchado o mulching tienes más información sobre las ventajas de este sistema.


Control de hierbas competidoras

Consiste en retirar a mano —o con una herramienta— las hierbas espontáneas que van germinando entre las tomateras. Es mejor hacerlo en tiempo seco y soleado para que la capa superior del suelo quede suelta y las semillas que no hayan germinado no lo hagan hasta que llueva.

Este cuidado podemos suprimirlo casi por completo si realizamos un buen acolchado.


Poda

A los 15 o 20 días de haber realizado el trasplante, tendremos que comenzar a podar los brotes axilares que empezarán a aparecer en las tomateras —según la variedad o variedades que tengamos plantadas— puesto que en algunas no es necesario.



➟ En este artículo hablamos más extensamente sobre la poda del tomate.



Aporcado

Una vez han sido podadas las hojas inferiores de las tomateras, realizaremos el aporcado, que consiste en acercar la tierra al tallo —haciendo un lomo o caballón— para cubrir unos centímetros de éste y facilitar que emita nuevas raíces en esa zona y mejore la capacidad de absorción de las plantas.

Podemos hacerlo con tierra o añadiendo compost, pero sea como sea, debemos tener cuidado de no causar heridas en el tallo por las que puedan entrar patógenos.


Entutorado

Consiste en disponer alguna estructura para guiar el crecimiento de la planta. Tradicionalmente se ha hecho con cañas o palos clavados en el suelo y a los que se iba atando el tallo de las tomateras.

En los cultivos profesionales se emplean complejos sistemas de postes unidos por alambres y perchas móviles en las que se sujeta el tallo.

En un huerto familiar lo más práctico es utilizar palos o varillas de hierro —duran mucho más tiempo— y colocar una para cada planta.

En nuestro huerto utilizamos un sistema mixto puesto que clavamos unos postes gruesos de madera —de unos 2 o 2.5 metros de altura— cada 2 o 3 metros y los unimos por arriba con otro larguero de madera, como si hiciéramos una portería de fútbol. Luego, con un alambre de unos 2 o 3 mm de grosor —sirve cualquiera pero que sea liso, rígido y fuerte— cortamos un fragmento por cada tomatera, de aproximadamente 50 cm más largo que el alto desde el larguero a la tierra. Curvamos el alambre en uno de los extremos para hacer una percha que se sujete en el larguero y el otro extremo lo clavamos en el suelo, cerca del pie de la tomatera.

Con este sistema, una vez tenemos los alambres colocados, solo tendremos que ir girando la tomatera alrededor del mismo —a medida que crece—, como si de una enredadera se tratara.


Prevención y control de plagas y enfermedades

Si tenemos suerte —o lo hacemos muy bien, y a menudo ambas cosas— puede que solo tengamos que realizar unos cuantos tratamientos preventivos para evitar que los hongos infecten las tomateras.

Las enfermedades fúngicas suelen ser el enemigo más frecuente del cultivo de tomates y, si no hacemos una buena prevención, aparecen tan rápido que a veces no da tiempo de reaccionar, e infectan toda la plantación en poco tiempo. Llegados a ese punto, poco se puede hacer sin recurrir a fungicidas químicos sistémicos.

Los cuidados preventivos pasan por:

- Garantizar una buena aireación del cultivo respetando el marco de plantación y podando el exceso de vegetación.

- No causar grandes heridas o desgarros en las tomateras y hacer las podas y cortes con baja humedad (por las tardes de los días soleados).

- Retirar las partes viejas, enfermas o rotas y llevarlas lejos del cultivo o quemarlas.

- Realizar tratamientos preventivos con fungicidas ecológicos.

- Si es posible, evitar que llueva sobre las tomateras cubriéndolas con una estructura plástica.

- Evitar mojar las tomateras cuando se riega.


Daremos más información sobre las enfermedades del tomate, su prevención y control en un próximo artículo.

Para las plagas una buena prevención comienza por la rotación y asociación de cultivos, pero hablaremos de ello en un artículo específico dedicado a las plagas del tomate.



➟ En este video-tutorial sobre el cultivo del tomate realizado por un horticultor experto puedes ver todo el proceso.


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