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Cómo se siembra el tomate

Aquí tienes todo lo que necesitas saber para sembrar tomates invirtiendo muy poco tiempo y dinero en el proceso y montar tu propio cultivo


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Para empezar y para evitar confusiones que son muy comunes, debemos dejar claro que la siembra consiste en depositar la semillas del tomate en el suelo o un sustrato para que germinen. En cambio, plantar —o trasplantar— consiste en introducir en el suelo una planta ya formada para que continúe desarrollándose en la nueva ubicación.

El tomate se puede sembrar de forma directa en el suelo o bien en semilleros o almácigos protegidos o camas calientes, según la climatología de cada zona de cultivo.


Siembra en semillero o almácigo

Es la forma más empleada en los países de clima frío y templado o continental, en los que la primavera es bastante fría y puede haber riesgo de heladas hasta bien entrada ésta.

La siembra en semillero se realiza a principios del invierno, en lugares más cálidos, o a finales de éste, en zonas frías, para trasplantar al terreno definitivo entre principios y mediados-finales de primavera, según cese más pronto o más tarde el riesgo de heladas.

► Se puede adelantar la siembra, y por tanto el trasplante, empleando este remedio casero para proteger las plantas del frío y del mal tiempo.



Recipiente para siembra

El semillero se puede realizar en cualquier recipiente que tenga más de 5 cm de profundidad y agujeros en la base para drenar el exceso de agua.

No es necesario disponer de uno con celdas individuales o alveolos, ya que el tomate soporta bastante bien el trasplante a raíz desnuda si llevamos a cabo los cuidados necesarios para mantener la humedad y reducir la insolación, si fuera el caso. En todo caso, si tenemos la opción, siempre es más cómodo a la hora des trasplantar y la planta sufrirá menos estrés si va con su cepellón.

Algunos recipientes reutilizados que pueden servir para sembrar tomates son: macetas, botes plásticos de bebida, gel debaño, etc, cajas de porexpan, cajas de madera, bandejas de plástico, vidrio o cerámica, palanganas, tuppers, etc.


Traslúcido u opaco

Hay una gran confusión en cuanto a la conveniencia de que las paredes del recipiente sean opacas o no.

Unos afirman que si dejan pasar la luz, ésta inhibirá el crecimiento de las raíces mientras que otros lo niegan.

Nosotros pensamos que si el recipiente es profundo y tiene un buen tamaño, es preferible que la luz atraviese las paredes por que, de esta forma, las raíces que intenten alcanzarlas serán inhibidas por la luz y darán la vuelta o pararán de crecer en esa dirección. Si no fuera así, pasaría lo que ocurre en todas las macetas, y que es fácil de apreciar cuando trasplantamos una planta que vivió un tiempo en una de ellas. Las raíces alcanzan el borde y comienzan a crecer en círculo alrededor del recipiente. Ésto hace que cuando el sustrato se seca por falta de riego y la tierra se separa de las paredes de la maceta, las raíces queden expuestas al aire que entra por la grieta y si este aire es seco, la planta rápidamente se marchita. Además, cuando trasplantamos una planta con este problema tenemos que romper con los dedos parte de esas raíces exteriores por que si no podrían dificultar el desarrollo de nueva raíces.


Sustrato

Aquí también hay una gran controversia en cuanto al mejor sustrato para semilleros. Con o sin humus de lombriz, con vermiculita o con perlita, elaborarlo nosotros o comprar uno específico para semilleros. En realidad todo es más sencillo.

Un buen sustrato para semilleros debe contener todos nutrientes y estar equilibrado, estar libre de patógenos, permitir el drenaje del agua y la entrada del aire, y retener una buena cantidad de agua.

En mayor o menor medida, estos requisitos los puede cumplir desde una tierra de huerto mejorada hasta un buen compost casero o cualquier mezcla de un material poroso con otro que contenga todos los nutrientes que las planas necesitan y que éstos se encuentren en forma asimilable.

En los centros de jardinería podemos encontrar sustrato específico para semilleros que nos facilita las cosas si no queremos complicarnos. No obstante, a muchos horticultores nos gusta elaborarlo con nuestras propias manos y, en nuestro caso, resulta que el compost que preparamos en el huerto es un excelente sustrato para semilleros. Para elaborarlo añadimos restos de plantas, un poco de ceniza de la chimenea, cáscaras de huevo y conchas trituradas y terrones (con hierba) que sacamos de los bordes del huerto cuando limpiamos los accesos y al realizar los alcorques de los árboles. Éstos terrones contienen tierra que en nuestro huerto es bastante arenosa y aporta al compost una textura muy suelta y porosa. La pila de compost siempre está llena de lombrices que se encargan de producir humus, así que no necesitamos nada más.


La siembra

Una vez que disponemos del recipiente adecuado y tenemos el sustrato bien mezclado y cribado, si fuera necesario, lo llenamos pero sin llegar a enrasar con el borde.

Ahora con el dedo, un lápiz u objeto similar, vamos haciendo unos pequeños agujeros —de no más de 1 cm de profundidad— alineados y separados aproximadamente entre 4 y 5 cm unos de otros. Ésto facilitará mucho los cuidados posteriores y permitirá que las jóvenes tomateras crezcan de forma más homogénea, aunque ésto no es estrictamente necesario y si queremos podemos sembrar a voleo sobre toda la superficie del sustrato.

Como ya se supone que tenemos las semillas de la variedad o variedades que vamos a sembrar, depositaremos 3 semillas en cada agujero y las taparemos aportando tierra de los lados del hoyo. Si vemos que quedan muy superficiales podemos añadir un poco de sustrato por encima.

Regamos con un pulverizador, una regadera de lluvia fina o si no, colocando primeramente un trapo sobre el sustrato, para que las semillas no queden al descubierto al caer el agua. Este primer riego debe ser copioso para empapar bien el sustrato y mejorar el contacto de las semillas con éste.

Llevamos el semillero a un lugar oscuro o con poca luz y cálido, que se encuentre entre 16 y 28°C y controlaremos que el sustrato permanezca ligeramente húmedo.

► Consulta aquí el tiempo de germinación del tomate, seguro que te resultará interesante.


Siembra directa

El zonas de clima cálido y en las épocas correctas —antes de la estación más seca— los tomates se pueden al aire libre, directamente en el suelo del huerto, en la ubicación definitiva que van a tener las tomateras adultas o bien en un rincón del que después extraeremos las plantas. Si se hace en la ubicación definitiva habrá que respetar el marco de plantación y, por tanto, las plantas quedarán bastante distanciadas unas de otras. En medio nacerán hierbas espontáneas que tendremos que controlar para que no compitan con las tomateras. En cambio, si se siembran en un rincón del huerto, en 1 m2 pueden crecer muchas plantas, haciendo más fácil el mantenimiento.

Antes de realizar la siembra habrá que preparar el terreno, dejándolo abonado, suelto y libre de palos, piedras o terrones que puedan impedir la germinación de las jóvenes plantas de tomate.

Una vez preparador el terreno, se puede sembrar las semillas de tomate a voleo o a chorrillo en líneas distanciadas unos 10 cm.

Es preferible sembrar con tiempo nublado para que la evaporación sea menor. Además, si la insolación es intensa habrá que proporcionar algo de sombra a los tomates recién germinados, de lo contrario podrían marchitarse.

Es importante que leas también este artículo sobre cuándo se siembran los tomates.


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