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Riego del tomate

El cultivo del tomate es muy sensible tanto a la carencia como al exceso de agua y en este artículo te contamos todos los detalles al respecto


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El cultivo del tomate es muy sensible tanto a la falta como al exceso de humedad en el suelo, por lo que en cultivo en invernadero habrá que recurrir al riego, al igual que en los cultivos al aire libre cuando hay escasez de lluvias —normalmente el tomate se cultiva en la época más seca del año.

La disponibilidad de agua es importante durante todo el ciclo, pero especialmente cuando las plantas están en la etapa de semillero, antes de la formación de los frutos o en días de mucho calor. En las variedades indeterminadas —de producción escalonada—las necesidades serán más estables a lo largo de todo el ciclo ya que la floración no cesa.

El riego repone el agua evapotranspirada por el cultivo, lo refresca mediante transpiración en días de mucho calor y ayuda a la eliminación de sales que se puedan acumular en las proximidades de las raíces.

El cultivo protegido o en lugares donde las lluvias son escasas y es previsible que el suelo no tenga el grado correcto de humedad, se deberá realizar un riego de saturación —se le aporta al suelo todo el agua que puede retener— antes de realizar el trasplante de las tomateras al terreno.

En invernadero se calcula que las necesidades de agua son la tercera parte en comparación con el mismo cultivo al aire libre.


El agua de riego

El agua de riego contiene sales que se van acumulando en el perfil del suelo y que, en función de cuáles sean esas sales y en que concentraciones estén disueltas, podrán llegar a constituirse en un problema para el cultivo.

Regar frecuentemente con aguas con elevada concentración de sales va, poco a poco, salinizando el suelo ocasionando una pérdida de productividad.

Por tanto, en aquellos suelos que nos demandan mucho riego, habrá que disponer de agua de calidad, de lo contrario lo estaremos haciendo salino poco a poco.


Cuándo regar

El intervalo de riego dependerá mucho de las condiciones climáticas, del estado del cultivo y del tipo de suelo. En concreto, cuánto más arenoso o ligero sea el suelo más cortos y frecuentes serán los riegos —incluso 3 o 4 veces al día— , mientras que si es más arcilloso o pesado, los riegos será más espaciados pero más intensos.

Si se dejan pasar demasiados días entre riegos y el suelo se seca en exceso, las plantas sufrirán estrés hídrico mientras que si se riega en exceso, se corre el riesgo de producir encharcamientos que reducen el nivel de oxígeno en el suelo, limitan el desarrollo de las raíces, la absorción de nutrientes y pueden dar lugar a la aparición de enfermedades.

La mayor disponibilidad de agua se da cuando el suelo está a capacidad de campo y a medida que se va secando —aunque siga húmedo— las plantas tienen más dificultades para obtenerla.


Cómo regar

Por surcos o inundación

Solo se debe emplear en cultivos al aire libre en zonas en las que la disponibilidad de agua no es un inconveniente.

En cultivos bajo plástico no se debe regar mediante este método ya que hace aumentar mucho la humedad relativa y, por tanto, el riesgo de enfermedades.


Por goteo

Más costoso a la hora de adquirir el material pero a la larga permite ahorrar mucha agua y dosificar tanto la cantidad de agua aportada como el tiempo de riego. Además, el suelo se humedece de manera más gradual y sin alterar la estructura de éste, de forma que el intercambio gaseoso no se interrumpe.


Cuánto regar

Se ha de regar tanto como sea necesario para humedecer los primeros 50 cm del perfil del suelo.

Existen tensiómetros que miden el grado de humedad que presenta el suelo, pero si no se cuenta con uno de ellos, habrá que hacer una calicata —agujero— o un hoyo con una barrena para observar el perfil del suelo a medida que se ajusta el tiempo de riego. Aquel tiempo de riego más breve que logre humedecer los primeros 50 cm de suelo será el más adecuado puesto que permitirá ahorrar agua, evitar exceso de humedad y el lavado de nutrientes por escorrentía.

Se estima que —en función de las condiciones climáticas— el consumo diario de agua de una tomatera adulta está entre 1.5 y 2 litros, por lo que el suelo deberá poder aportárselos. Este dato es especialmente útil para el cultivo del tomate en macetas ya que nos da una idea de cuánta agua tenemos que aportar por día a cada planta.

El tiempo de riego deberá ir aumentando conforme la planta se desarrolla, teniendo en cuenta los aportes realizados por la lluvia.


Deficiencia o exceso de agua

Como se ha comentado anteriormente, tanto las deficiencias como los excesos de humedad son perjudiciales para el cultivo de tomate y sus efectos pueden ser los siguientes:


Exceso de agua

- Escaso crecimiento en grosor del tallo y excesivo desarrollo apical de la plantas.

- Los frutos se rajan debido a la turgencia.

- Aumenta la susceptibilidad a enfermedades de tipo fúngico y bacteriano.


Deficiencia

- Reducción del número y tamaño de los frutos. Caída tanto de frutos como de flores.

- El desarrollo tanto de la planta como de los frutos se detiene.

- Las puntas de las hojas y los brotes apicales se necrosan.

- La coloración de las hojas se vuelve amarillenta o violácea.


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