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Cómo trasplantar tomates

Publicado por Antonio Amigo   ✧   Entre la azada y el teclado...

El trasplante siempre es una operación importante en la vida de toda planta doméstica pero en el caso del tomate tiene algunas peculiaridades notables.


Antes de realizar el trasplante de las tomateras al lugar definitivo, habrá que averiguar si el suelo reúne las condiciones apropiadas para que las plantas puedan prosperar. Entre otras cosas, habrá que tener en cuenta la textura del suelo, el pH, el balance de nutrientes, el porcentaje de materia orgánica, la presencia de patógenos, etc.

A nivel doméstico no es necesario llevar un control exhaustivo de estos parámetros, puesto que abasteciendo el suelo de materia orgánica, ceniza de madera y arena se puede corregir casi cualquier desequilibrio que posea y mejorar su fertilidad año tras año.


Antes de trasplantar



Una vez que se trasplanten los tomates al lugar definitivo ya no podremos hacer grandes intervenciones en elementos clave como el suelo.

Por ello, unos meses antes de trasplantar —o cuando podamos pero antes del trasplante— nos aseguraremos de labrar el suelo —si fuera necesario— para dejarlo suelto y esponjoso e incorporar 1 o 2 kg estiércol o compost y una taza de ceniza de madera por cada metro cuadrado, aproximadamente. A más estiércol o compost añadamos, y cuánto más ácido sea el suelo y éste, más ceniza podremos incorporar sin riesgo de alcalinizar el suelo.


Calidad de las plántulas

Para un buen establecimiento del cultivo, las plantas de tomate que se van a trasplantar deben cumplir los siguientes requisitos:

- Tener entre 10 y 15 cm de altura, poseer al menos 4 hojas verdaderas y ser homogéneas, es decir, no debe haber gran diferencia entre el vigor de unas y otras plantas.

- Sin síntomas de enfermedades o deficiencias nutricionales.

- En el envés de las hojas y en la base de los tallos el color ha de ser ligeramente púrpura.

- Las hojas deberán estar bien desarrolladas, ser de color verde, dispuestas de forma erecta y sin enrollamientos.

- Las raíces serán de color blanco, delgadas y se distribuirán uniformemente por todo el cepellón.


Trasplante



Suele realizarse aproximadamente 1 mes después de la siembra en semillero o almácigo, si las condiciones fueron favorables o un poco más tarde si las plántulas se desarrollaron más lentamente debido a las bajas temperaturas.

Es preferible realizar el trasplante en un día poco soleado, para que las jóvenes plantas sufran menos estrés, o bien en la tarde, una vez que las temperaturas y la insolación son menores.


Proceso

Marcar la ubicación de las plantas sobre el terreno, tratando de que el espaciado sea uniforme, respetando el marco de plantación recomendado para cada variedad y formando líneas rectas.

En este artículo hablamos sobre la distancia que hay que dejar entre las tomateras.

Regar el suelo —a menos que ya esté muy húmedo— y el semillero.

Realizar un agujeros de aproximadamente 5 cm de profundidad y con un diámetro un poco mayor que los cepellones de las tomateras. Si se plantan a raíz desnuda nos aseguraremos de que los agujeros son suficientemente amplios para albergar las raíces sin que éstas queden dobladas.

Tomar las plantas con cuidado y depositarlas dentro de los agujeros, tratando de no romper los cepellones.

Añadir tierra al agujero hasta cubrir aproximadamente 2 o 3 cm del tallo de las plántulas, pero teniendo especial cuidado de no dejar enterrados los cotiledones.

Terminado el trasplante se ha de dar un riego abundante alrededor de las plantas para eliminar bolsas de aire y favorecer el contacto de las raíces con el suelo.

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