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Cómo hacer un semillero de cebolla

Mira de qué manera tan sencilla y efectiva hacemos un semillero o almácigo de cebollas aprovechando materiales reciclados e invirtiendo muy poco tiempo



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Antes de comenzar a preparar ningún semillero debemos reflexionar acerca de nuestra situación —tiempo del que disponemos para nuestro huerto, cantidad y variedad de hortalizas que queremos cultivar, capacidad económica y disponibilidad de planta a la venta en nuestra zona, precio, etc— para determinar si nos compensa o no hacer semilleros.

Lo mejor de hacer nuestros propios semilleros es, sin duda, la satisfacción de ver crecer las plantas a partir de unas simples semillas pero, también, el echo de que podemos cultivar variedades raras, cuyas semillas no están a la venta o son difíciles de conseguir. Y, como no, propagar nuestras propias variedades, aquellas que se han diferenciado de todas las demás para adaptarse a vivir en nuestro huerto y de las que recogemos anualmente sus semillas.

En contra, el tiempo. A veces no disponemos de él o nos hemos dormido en los laureles y ya no hay tiempo de realizar el semillero. En ese caso, solo podemos recurrir a viveros que nos vendan la planta o a algún conocido que haya preparado semilleros y le sobren.

Pero supongamos que aún estamos a tiempo y que queremos hacerlo nosotros mismos —que muchas veces es mejor—.


Qué necesitamos


  • - Las semillas de cebolla
  • - Un recipiente para albergar el sustrato. Si es reutilizado mejor. Una caja de plástico, porexpan, madera, un tiesto alargado, latas o garrafas cortadas verticalmente, etc. Tendrá que tener una profundidad aceptable. Unos 8 o 10 cm es suficiente.
  • - El sustrato (turba + abono + fibra de coco, arena de río, etc)
  • - Un espacio luminoso y cálido o posibilidad de calentarlo. Una galería dentro de casa, repisa de ventana, porche, invernadero, etc.
  • - (Opcional) Un fungicida [ecológico]. Para eliminar hongos patógenos del sustrato que puedan afectar a las futuras plantas de cebolla.

Proceso de elaboración


  • 1. Tomanos todos los materiales y los situamos en una mesa cómoda para trabajar. Si la caja no tiene agujeros en el fondo para el drenaje del agua, es el momento de hacérselos con una navaja, punzón, taladro, etc.
  • 2. Comenzamos a llenar la caja con el sustrato. Si disponemos de uno especial para semilleros simplemente tendremos que vaciarlo en la caja. Si no, vamos mezclando aproximadamente un 60 % de turba con un 30 % de abono orgánico (compost, humus de lombriz, estiércol maduro, etc.) y un 10 % de fibra de coco o arena de río. Este último ingrediente mejorará la textura de la mezcla haciéndola más suelta y esponjosa, como le gusta a la cebolla. Paramos de llenar cuando queden, más o menos, 2 cm para enrasar la caja.
  • 3. En otro recipiente, mezclamos las semillas de cebolla que vamos sembrar con un poco de arena de río o fibra de coco. De esta forma veremos mejor por donde vamos a esparcir las semillas (que son negras).
  • 4. Distribuimos la mezcla de semillas, con arena o fibra de coco, sobre el sustrato de la caja. Trataremos de cubrir lo mejor posible toda la superficie.
  • 5. Añadimos una fina capa de sustrato por encima. Lo justo para dejar las semillas tapadas pero sin pasarnos de profundidad.
  • 6. Realizamos un primer riego abundante para empapar bien la capa superior del sustrato, donde están las semillas. El riego hará que el sustrato se compacte un poco y entre en contacto más íntimo con las semillas aportándoles humedad por más tiempo.
  • 7. Etiquetamos el semillero indicando la especie "Cebolla" y su variedad —si la conocemos—, así como la fecha en la que hemos realizado la siembra. De esta forma controlaremos mejor el tiempo transcurrido.
  • 8. Solo queda trasladar el semillero al emplazamiento definitivo, luminoso y cálido, en el que estarán hasta finales del invierno.

Pasados entre 8 y 10 días deberían empezar a nacer las primeras plantas de cebolla.





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