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Cómo conservar la cebolla

Aquí descubrirás aquello que debes hacer para que tus cebollas se conserven mejor y durante más tiempo sin que se pudran ni germinen durante casi un año



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Una vez cosechada las cebollas debemos almacenarlas para que podamos disponer de ellas durante unos cuantos meses. Lo ideal es que nos aguanten, sin brotar ni pudrirse, unos 7 u 8 meses, hasta que el cultivo siguiente nos pueda ofrecer las primeras cebollas inmaduras.

A la hora de conservar la cebolla debemos tener en cuenta los siguientes principios:

  • - Han de estar en un lugar seco y bien ventilado para evitar ambientes húmedos.
  • - La temperatura será lo más baja posible y estable, cuanto más estable mejor.
  • - El lugar de almacenamiento estará oscuro o con una luz muy ténue y estable, que no será muy diferente entre el día y la noche ni entre los diferentes meses del año.
  • - Las cebollas no estarán apiladas, ensacadas, dentro de cajas u otros recipientes.

Vistos estos principios, existen varias opciones a la hora de conservarlas tanto tiempo bajo esas condiciones. La más utilizada por el comercio es la refrigeración en cámaras. Temperatura baja, ambiente seco, oscuridad y condiciones estables. Tiene el inconveniente de que consume electricidad y, en el caso de una familia, espacio muy valioso para otros alimentos que necesariamente deben estar refrigerados. Es por ello que descartaremos esta opción.

La mejor forma de conservar la cebolla a nivel doméstico, bajo nuestro punto de vista y experiencia, es colgada formando una trenza o cordón, como se viene haciendo desde antiguo. Para que nos duren mucho tiempo debemos cosecharlas en su momento, ser cuidadosos con el proceso, seguir los principios expuestos anteriormente y descartar aquellas cebollas de las que sospechemos y que puedan estropear las demás.

A la hora de atarlas, lo más sencillo es ayudarnos de un cordel fuerte que ataremos al tallo de la primera cebolla. A continuación lo sijetamos por el otro extremo en un soporte elevado de forma que quede colgando esa primera cebolla a la altura de nuestras manos. Seguidamente tomamos otra cebolla y, situándola encima de la primera, rodeamos con su tallo el cordel. Damos varias vueltas si es necesario. Cogemos una más y repetimos el proceso, tratando de que las cebollas queden bien alineadas y con espacios vacíos entre ellas. El peso de las superiores impide que las de más abajo se suelten del cordel, quedando firmemente atadas. Terminado el cordón a la altura que queramos —no demasiada para que no pese mucho— lo colgamos en el lugar definitivo, teniendo la precaución de que no se toque con las paredes, el suelo, objetos, etc.

De vez en cuando revisaremos las cebollas en busca de pudriciones. Si alguna está afectada la sacaremos del cordón y limpiaremos los fluidos que hayan podido quedar adheridos a las demás. Si no es posible secar bien la zona, podemos espolvorear un poco de ceniza sobre las manchas de humedad. Las secará y además eliminará los hongos que pudiera haber.

Cuando se aproxime la primavera y las temperaturas asciendan, es posible que algunas cebollas comiencen a brotar —sobre todo si la temperatura del lugar de almacenamiento se ve afectada por la exterior. Dichos brotes se pueden aprovechar para comer, como condimento en salsas, sofritos o crudos en ensalada. Son muy aromáticos y sabrosos.