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Riego de la cebolla

Manejar correctamente los riegos es fundamental en el cultivo de cebolla y en este artículo te contamos cómo debes hacerlo para asegurar una buena cosecha



La cebolla es una planta sumanente sensible a los cambios de humedad del suelo, por lo que deberemos controlar muy bien los riegos para garantizar que tenga siempre agua disponible, pero sin pasarnos.

Tras la plantación se realizará un riego abundante para asentar la tierra y mejorar el contacto de las raíces con la solución del suelo. Si el tiempo es seco, lo repetiremos a los dos días para asegurar en agarre. Una vez que las cebollas prenden y comienzan a crecer de nuevo, estaremos atentos a las condiciones meteorológicas y al estado de humedad del suelo.

Mientras el suelo esté húmedo suprimiremos los riegos.

En el cultivo de cebolla temprana —por desarrollarse en los meses de otoño, invierno y primavera— los riegos suelen ser menos necesarios, o incluso nulos si las lluvias son regulares y suficientes para mantener una humedad constante en los primeros 20 cm de suelo.

La cebolla tardía, en cambio, suele necesitar de riegos más frecuentes, muy importantes durante la formación del bulbo, que al coincidir con finales de primavera y verano, puede sufrir de escasez de agua en ausencia de lluvias y temperaturas altas.

Unos 20 días antes de la recolección suprimiremos de nuevo los riegos, si es que los estábamos realizando.

En cuanto al sistema de riego, mejor por goteo o inundación del surco que por aspersión, ya que al mojar las hojas es más probable que puedan desarrollarse enfermedades en las mismas.





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