Pimiento

7 Cuidados básicos del pimiento

Algunos de ellos son imprescindibles para lograr un cultivo sano, vigoroso y productivo, pero todos ayudan a tener plantas más fuertes y frutos más tempranos y de mayor calidad

Manejo del agua

Pimiento sujetado

El pimiento es muy sensible a los excesos de agua. Los encharcamientos del terreno por lluvias continuadas, riegos excesivos y/o drenaje deficiente, provocan asfixia radicular y un decaimiento general de la planta que puede acabar con ella si la situación no remite rápidamente.

En suelos pesados (arcillosos) habrá que estar muy vigilantes. Son muy propensos al encharcamiento. Aportando arena al suelo, se puede mejorar mucho la estructura de este tipo de terrenos, favoreciendo el drenaje del exceso de agua de lluvia o de riego.

Es muy recomendable plantar los pimientos en caballones, camas elevadas o bancales, cuando se prevea que el suelo puede llegar a encharcarse.

En época de lluvias hay que evitar el riego, salvo que las precipitaciones no sean suficientes para mantener la humedad del suelo en niveles adecuados. En terrenos que retienen mucha agua, el riego no será necesario hasta pasado algún tiempo, dependiendo de las condiciones ambientales del lugar.


Sistemas de riego

Sin duda, los más adecuados para el cultivo del pimiento son los de tipo localizado, como el riego por goteo o por exudación. Si se manejan bien, permiten mantener un nivel de humedad constante, sin riesgo de encharcamientos y ahorrando mucha agua.

El riego por aspersión es el menos indicado de todos. Mojar las plantas puede favorecer la aparición de enfermedades y, además, se pierde gran cantidad de agua, especialmente si hace viento o calor.

En cuanto al riego a manta o mediante llenado de surcos, a pesar de que consume mucha agua, puede ser apropiado (si no se tiene acceso a otro) siempre y cuando se planten los pimientos por encima del nivel del suelo, en caballones, y el terreno tenga un buen drenaje. De lo contrario el agua no se infiltrará adecuadamente, manteniendo la tierra encharcada por varios días.


Control de hierbas competidoras

Es importante, desde las primeras etapas del cultivo, mantener bajo control la proliferación de vegetación espontánea que pueda competir con las plantas de pimiento por los recursos, la luz y el espacio. Es especialmente importante al inicio del cultivo, debido a que en ese momento las plantas de pimiento se desarrollan lentamente, pudiendo ser sobrepasadas fácilmente por la competencia.

Desde un punto de vista orgánico, existen al menos las siguientes dos buenas formas de inhibir el crecimiento de las hierbas competidoras:







Falsa siembra

Esta labor hay que realizarla antes del trasplante. Consiste en preparar la tierra como si se fuera a sembrar, y luego se riega para mantenerla húmeda durante algunos días. La vegetación adventicia germinará rápidamente, pudiendo eliminarla fácilmente (al no haber cultivo), por ejemplo quemando una capa de paja u hojas secas sobre el suelo, tapando la zona con un plástico negro, removiendo superficialmente la tierra con un escardador en la mañana de un día soleado o, aunque menos ecológico, quemando las malas hierbas incipientes con la llama de un soplete de gas.

Conviene realizar al menos dos falsas siembras para eliminar la mayor parte de las plantas competidoras que iban a desarrollarse en la zona.


Renda o escarda

Consiste en raspar o remover la tierra superficialmente, logrando así arrancar o cortar las malas hierbas que estaban comenzando a crecer en el suelo. Es el método más tradicional de acabar con las adventicias, aunque costoso en tiempo.

Hay te tener especial cuidado de no dañar las raíces cuando se trabaja la tierra en las proximidades de las plantas de pimiento. Por esto son mejores las herramientas tipo escardador, que apenas profundizan en el suelo.

Y una vez que los pimientos han crecido lo suficiente, se puede pasar a otro método pasivo de control de la malas hierbas, pero eso se explicará más abajo, puesto que tiene otro cometido.

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Acolchado

Cuando llegan las altas temperaturas y no hay riesgo de largos periodos de lluvias, es una buena medida cubrir el suelo con algún material orgánico como paja, césped, corteza, restos de poda triturados, etc. para impedir el crecimiento de hierbas competidoras, conservar la humedad del suelo y favorecer la actividad biológica en el mismo.

Si el suelo no se ha abonado lo suficiente antes de la plantación, se puede extender una capa de compost o estiércol bien maduros, de no más de 5 cm y taparla con el acolchado. Esta medida fortalecerá la acción herbicida del acolchado, y además supondrá una buena fuente de nutrientes, que se irán mineralizando e infiltrando en el suelo poco a poco, a medida que el agua de riego o de lluvia los va arrastrando.






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Fertilización

Como todas las solanáceas, el pimiento es muy exigente en nutrientes. En las etapas iniciales del cultivo, hasta el inicio de la floración, necesita grandes cantidades de nitrógeno y fósforo. Posteriormente, durante el cuajado y engorde de los frutos, necesita mayores cantidades de potasio, calcio y boro.

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Por tanto, habrá que realizar un buen abonado pre-plantación o de fondo, que garantice la mayor parte de las necesidades de nutrientes, especialmente de los indicados anteriormente, por su mayor consumo. La utilización de abonos orgánicos, en lugar de fertilizantes químicos, constituye una fuente de nutrientes más duradera y de liberación lenta.


La utilización de ceniza como abono, supone una buena fuente de potasio, fósforo, magnesio y calcio, entre otros nutrientes, y además, actúa como catalizador que acelera la mineralización de la materia orgánica y, por tanto, la liberación de los nutrientes en formas asimilables por las plantas.


Recordando lo dicho más arriba, incorporar una capa de abono orgánico por debajo del acolchado, supone otra fuente de nutrientes en caso de que sea necesario.


Poda

No es estrictamente necesario podar los pimientos pero si muy recomendable. La poda mejorará algunos aspectos como la estructura de las plantas, la aireación, la precocidad, homogeneidad y tamaño de los frutos y, en general, el equilibrio y salud general de la planta.


Formación

Consiste en dejar solo 2 o 3 ramas principales en la planta, podando el resto, así como todas las hojas y brotes que se encuentren por debajo de la cruz (bifurcación del tallo)

Este tipo de poda es especialmente necesaria en las variedades tempranas de pimiento, que suelen producir más tallos que las tardías.


Destallado

Se irán cortando progresivamente las ramas interiores para favorecer el desarrollo de las demás y mejorar tanto la aireación como la iluminación de la planta.

Esta operación ha de hacerse con el cuidado de no dejar expuestos los frutos a la luz directa del sol, puesto que si éste es intenso sufrirían quemaduras que los echarían a perder.







Deshojado

Las hojas viejas o enfermas se deben eliminar a medida que van apareciendo. Esto ayuda a mantener un buen estado de salud de la planta y a reducir el riesgo de aparición de enfermedades. Además, esta operación mejora la coloración de los frutos y la aireación.


Aclareo de frutos

Es recomendable eliminar el fruto que se forma en la primera cruz para favorecer que los demás adquieran mayor tamaño, uniformidad y maduren más pronto.

No debe dar lástima eliminar este primer fruto, ya que si se hace se tendrán cosechas mejores y más abundantes.


Aporcado

Consiste en arrimar tierra al tallo de las plantas para mejorar el anclaje de éstas y favorecer la emisión de nuevas raíces.

Es una práctica muy recomendada, casi imprescindible, en el cultivo del tomate o la patata pero no tanto para el pimiento, debido a que éste es sensible a la rotura de raíces superficiales, por las que pueden entrar patógenos que infecten la planta.

Hay que realizar esta labor con mucho cuidado o, mejor aún, aportando tierra extraída de otro lugar del huerto, así se evitará la rotura de raíces al trabajar la tierra.


Entutorado

Es imprescindible, en el cultivo del pimiento, dotar a las plantas de un soporte que las mantenga erguidas y evite la rotura de las ramas por el peso de los frutos o el viento.

Aunque en un principio no lo parezca, las ramas de esta planta son realmente frágiles, rompiéndose con facilidad. Además, cuando la planta se carga de frutos, es muy normal que ceda hacia uno de los lados, especialmente si hace un poco de viento.

Por todo ello se recurre a estacas e hilos, mediante los cuales se aseguran las ramas principales.

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