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Cultivos

Cómo cultivar nabizas y grelos

Por qué es interesante su cultivo, qué propiedades nutricionales tienen, variedades, preparación del terreno, siembra, cuidados, recolección y conservación

La planta que produce las nabizas y los grelos pertenece a la familia de las Brasicáceas, al igual que la col kale o rizada, el brócoli, la coliflor, los repollos, las coles de Bruselas, etc.

Grelos

Su nombre botánico es Brassica rapa L. var. rapa, es decir, es la variedad "rapa" dentro de la especie Brassica rapa. Otras plantas de esta misma especie son la col china, el pak choy, la mostaza o colza, el choy sum, el komatsuna, el mizuna, el tatsoi, etc.

En realidad se trata de un nabo pero que ha sido seleccionado para la producción de hojas, siendo la raíz de mucho menor tamaño que la de las variedades de raíz gruesa.

Aunque siempre es la parte aérea la que se cosecha, recibe distintos nombres en función de su naturaleza. Lo primero que produce la planta son las nabizas (foto más abajo), que no son otra cosa que las hojas de la misma, y más tarde surgen los cimos y grelos (foto más arriba), que son los tallos florales.

Es muy habitual que no se utilicen bien estos nombres y se llame grelo a lo que en realidad son nabizas, y que los verdaderos grelos nunca se hayan visto o no se sepan distinguir de las nabizas.

Imagen comercial nabizas por grelos

En la imagen anterior puede verse como una marca de alimentación comercializa un producto con el nombre de "grelos", pero lo que se muestra en la fotografía son nabizas, es decir, las hojas del nabo.


Por qué cultivar nabizas y grelos

Esta hortaliza no de lejos una de las más populares en los huertos familiares, salvo en algunas zonas concretas en las que su cultivo está muy arraigado, como en el noroeste de España, pero sin embargo es bastante interesante, como se verá a continuación.

● Cultivo de otoño-invierno, resistente al frío. Esto es ya de por sí un motivo de peso para cultivar esta planta, porque es en esta época cuando los huertos familiares suelen quedar casi abandonados, o con muy pocos cultivos.

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● Requiere muy pocos cuidados. Si se siembran correctamente, en época y clima adecuados, no necesitan prácticamente ninguna atención más que la recolección cada vez que quieran consumirse.






● Es muy productiva. Cada planta produce varias hojas y estas son repuestas después de que se cosechan, haciendo posibles varias recolecciones.

● Es beneficiosa para el suelo. Aunque no se vayan a consumir, es recomendable sembrar nabizas en un suelo que vaya a queda todo el invierno sin vegetación, protegiéndolo de la compactación y de la aparición de malas hierbas.

Además de las ventajas anteriores, las propiedades nutricionales merecen un apartado destacado que se añade a continuación.



Propiedades nutricionales

Las nabizas y los grelos tienen mucho interés desde el punto de vista nutricional, y aunque aportan poca energía o proteínas, son ricos en otros elementos nutritivos, y como indican algunos estudios, pueden prevenir la aparición de cáncer.

Como se puede apreciar en la siguiente tabla, sobre la composición nutricional de los grelos, destaca su contenido en fibra, calcio, hierro, folatos, vitamina C, y especialmente vitamina A, cuya cantidad por 100 gramos de porción comestible, cubre las necesidades diarias de un hombre adulto.

Propiedades nutricionales grelos

Variedades

Fundamentalmente dos: el grelo de Lugo (Globo blanco de Lugo) y el de Santiago. De ambas se pueden obtener tanto nabizas como grelos, pero la primera es más adecuada para la producción de nabizas y nabos, y la segunda para cimos y grelos.

Los de Lugo suelen tener el limbo de las hojas más dividido en foliolos, mientras que los de Santiago lo tienen más entero, aunque esto también varía mucho según la edad de las hojas. Las jóvenes son más enteras que las más viejas.

Estas dos variedades o grupos de poblaciones forman parte de la Indicación Geográfica Protegida "Grelos de Galicia".


Preparación del terreno

Muy importante para que la germinación de las nabizas sea buena y para que las plantas se desarrollen rápidamente.

Es necesario eliminar o enterrar los restos del cultivo anterior y de otra vegetación que esté asentada en el terreno, realizar un abonado de fondo, si la fertilidad no es suficiente, y trabajar la tierra hasta dejarla bien desmenuzada.

Si el laboreo se hace a mano, se puede cavar con azada, horca o palote, y luego utilizar un garabato o cultivador para deshacer todos los terrones que hayan podido quedar. Piedras palos y otros objetos que se encuentren en la tierra hay que retirarlos.

En caso de que haya que abonar, se puede mezclar con la tierra estiércol, compost u otro abono orgánico bien descompuesto. Si se trata de estiércol fresco, hay que enterrarlo y hacerlo varios meses antes de que se vayan a sembrar los grelos.






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Si el suelo es ácido, el encalado será muy beneficioso para el cultivo de las nabizas, y ha de hacerse durante la preparación del terreno.


Siembra

No tiene nada de particular, siendo prácticamente idéntica a la de otras plantas de la familia de las coles, cuyas semillas son también pequeñas esferas de 1-2 mm de diámetro.

Siempre que las semillas estén en buen estado, se puede esperar una germinación rápida y abundante. En ocasiones nacen tan bien que parece que no se ha echado a perder ni una sola semilla.

La siembra del nabo, y por tanto de la nabiza y el grelo, se realiza de asiento, es decir, directamente en el terreno en el que va a crecer el cultivo.

Suele hacerse a voleo, repartiendo las semillas por la extensión de tierra preparada, pero también es posible sembrar en líneas, aunque esto obligará luego a realizar escardas para mantener libres de malas hierbas los espacios entre hileras.

Las semillas deberán quedar enterradas superficialmente (no más de 3 cm), para lo cual basta con pasar un cultivador o rastrillo por la tierra justo después de sembrar. Después de esto, si la tierra está seca, se puede apisonar un poco con un rodillo o con una tabla.

Para terminar, siempre que el suelo no esté suficientemente húmedo en toda su profundidad, un primer riego será necesario para que la germinación pueda comenzar. Otra opción consiste en realizar la siembra cuando se esperen lluvias, de forma que sea la naturaleza la que haga ese primer riego fundamental. Las precipitaciones tienen que ser suficientes para mojar el suelo hasta cierta profundidad, de lo contrario habría que regar igualmente.

Si todo ha ido bien, a los 6-8 días tras la siembra, empezarán a nacer las plantas, fácilmente distinguibles por sus dos grandes cotiledones con forma de riñón, como es característicos en las brasicáceas.


Época de siembra

Aunque en algunos paquetes o sobres de semillas de nabiza y grelo se indica que pueden sembrarse desde la primavera hasta principios de otoño, la verdad es que la mejor época para la siembra de esta hortaliza es a finales del verano y comienzos de otoño, aunque puede extenderse la siembra hasta casi las puertas del invierno.






Es posible sembrar las nabizas a lo largo de la primavera y también en pleno verano, pero entonces no se estará sacando todo el partido posible de este cultivo que tolera muy bien el frío y que puede tomar el testigo de las hortalizas de verano, las auténticas reinas de la huerta.

Para las siembras de primavera, y las del otoño tardío, hay que tener en cuenta que la temperatura del suelo deberá ser superior a los 6ºC para que las semillas puedan germinar.

Una forma tradicional de rotación consiste en sembrar los grelos o nabizas justo después de cosechar las patatas, en el mismo terreno y sin necesidad de realizar ningún tipo de abonado, porque para cultivar las patatas es necesaria una tierra muy fértil, y parte de esa fertilidad quedará a disposición de los grelos.


Cuidados

El cultivo del nabo, ya sea para obtención de raíces o de hojas, no demanda muchos cuidados, siempre y cuando se realice en la época correcta y en un clima adecuado para esta hortaliza.


Riego

Crítico cuando la siembra de las nabizas se realiza a finales del verano y con tiempo seco. En esas condiciones será necesario mantener la tierra húmeda desde el mismo momento de la siembra y hasta algunas semanas después.

Si el suelo tiene una humedad suficiente, y si las lluvias acompañan, no suele ser necesario regar los nabos, comportándose como un cultivo de secano.

En el caso de que sean sembrados a finales de la primavera o comienzos del verano, entonces es casi seguro que necesitarán riego en algún momento.


Aclareo

En ocasiones puede ocurrir que se haya realizado una siembra muy densa y sea necesario eliminar algunas plantas para dar espacio a las restantes. Si esto no se hace, el cultivo no tendrá éxito, ahilándose las plantas y produciendo hojas y grelos de muy pobre calidad.

La tarea es sencilla: arrancar las plantas sobrantes. Cuanto menos juntas se dejen, más rápido se desarrollarán, pero aún es mejor evitar esta labor realizando una siembra poco densa.


Plagas y enfermedades

Las plagas más comunes de los grelos en el norte de España son la pulguilla, las babosas y caracoles, y las orugas.

Los caracoles y babosas suelen comer zonas de algunas hojas, pero salvo que haya una superpoblación de estos animales, los daños son poco importantes.

Las orugas tampoco suelen suponer un gran problema, al contrario de lo que ocurre con las coles, en las que sí causan muchos daños.

En cambio, la pulguilla sí puede producir bastante devastación, especialmente en las nabizas. Si el cultivo se ve atacado por esta plaga, casi todas las hojas aparecerán perforadas con pequeños orificios, y aunque siguen siendo comestibles, pierden bastante calidad.

En cuanto a las enfermedades, las nabizas y grelos pueden verse afectados por las mismas que atacan a otras coles, como la alternaria, el mildiu o la botritis, pero salvo un mal manejo o un clima y suelo inapropiados, no suelen requerir tratamiento, afectando solo a algunas plantas separadas, o una vez que se aproxima el final del cultivo.







Recolección

Como se ha dicho ya al inicio de este artículo, la cosecha de esta hortaliza suele ser escalonada, a medida que van estando disponibles las hojas y luego los grelos, que permanecen menos tiempo en la planta.

La primera recolección, de nabizas, puede comenzar tan pronto como 40 días después de la siembra, dependiendo de la variedad y de la época del año. Sembrando con tiempo frío tardarán más.

Desde los 40 días hasta los 3 ó 4 meses, se pueden estar recolectando nabizas de forma continuada o escalonada, según sea la extensión del cultivo, ya que las plantas cosechadas necesitan algún tiempo para recuperarse y producir nuevas hojas.

A partir de este momento comienzan a aparecer los cimos y grelos, pudiendo entonces cosecharlos a medida que van estando disponibles. Con estos se dispone de menos tiempo para recolectarlos, puesto que pronto pasan de un estado adecuado para el consumo a otro que ya no lo es, cuando los botones florales se abren y el tallo del grelo se vuelve amargo y duro.

En el caso de los grelos, cada planta ofrece también varias cosechas, alargando a veces la fecha de recolección hasta bien entrada la primavera, si se sembraron a finales de verano o en otoño.

De este cultivo se pueden aprovechar las nabizas y los grelos, solo las nabizas o solo los grelos, de forma que si lo que interesa son estos últimos, entonces es mejor no cosechar nabizas o hacerlo muy ligeramente, para que las plantas se mantengan vigorosas y produzcan grelos de mejor calidad.

Finalmente también se pueden cosechar y consumir los nabos, que aunque hoy en día no es muy habitual, si se hacía en el pasado, sustituyendo en cierto modo a las patatas del caldo gallego.

La recolección es preferible realizarla en condiciones frescas, por ejemplo a primera hora de la mañana o última de la tarde, especialmente si el tiempo es seco y soleado.


Conservación

Tanto las nabizas, como los cimos y los grelos, es preferible consumirlos justo después de ser cosechados (será más nutritivos), aunque guardados en una bolsa dentro del frigorífico, pueden mantenerse en buen estado durante al menos un par de días.

Para conservarlos durante más tiempo es necesario procesarlos, ya sea escalfándolos en agua hirviendo y luego congelándolos, o bien envasándolos en su propia agua de cocción, empleando botes herméticos y estirilizados.