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Riego en el huerto: lo fundamental


Hacemos un repaso sobre todas las cuestiones que atañen al riego en los huertos, pasando por los tipos de suelos, la forma del terreno, el clima, etc, la frecuencia de riegos y cómo saber cuando es necesario regar y cómo se debe hacer.


Una de las labores cotidianas que más se repiten en un huerto es el riego.

La mayoría de las hortalizas son grandes consumidoras de agua, por lo que hay que asegurarse de que siempre la tengan a su disposición si queremos que nos entreguen buenas cosechas por el mayor tiempo posible.

Esto hace que en la mayoría de los huertos —a excepción de los situados en zonas muy húmedas— sea imprescindible disponer de agua para riego, especialmente en los meses más cálidos y secos del año.

A continuación lo veremos en detalle. Vamos!!



Cuánta agua necesita un huerto

No hay una respuesta única a esta pregunta por que cada huerto es un mundo, en general y en el caso del riego también.

La cantidad de agua que necesita un huerto dependerá del tipo de suelo, la forma del terreno, el clima del lugar, las labores agrícolas y el tipo de plantas que posea.

Aunque son cosas de sentido común, vamos a explicar brevemente cada una de ellas.


Tipo de suelo

Cuanto más suelto y arenoso, menos agua será capaz de retener por lo que se secará más rápido. Esto es debido a que son las partículas finas del suelo (arcillas y limos) y la materia orgánica las encargadas de retener la mayor parte del agua, que queda almacenada en los microporos de estos materiales.

De igual forma, los suelos profundos suelen retener una mayor cantidad de agua por que cuentan con mayor espesor para retenerla. Los que son muy someros se seca en cuanto deja de llover unos cuantos días o semanas.

Por último, los suelos cubiertos conservan mejor el agua que los desnudos, ya que se ven menos expuestos a la acción del sol y del viento.


Forma del terreno

El agua siempre tiende a circular, por gravedad, de las zonas más elevadas a las más bajas, así que los terrenos elevados se secarán mucho antes que las zonas deprimidas, como los fondos de valle, llanuras y otras cuencas naturales del terreno.

Por tanto, los huertos situados en zonas elevadas siempre necesitarán mucha más agua que aquellos que se encuentran en zonas deprimidas del terreno.


Clima

En lugares con muchas precipitaciones, muy frecuentes y repartidas durante todo el año, siempre habrá agua disponible en el suelo, sea como sea este y el terreno circundante.

En cambio, en climas secos, en los que las precipitaciones son escasas o están mal repartidas durante el año, es muy normal que el suelo llegue a secarse por completo, y permanezca así durante semanas o meses, especialmente si se encuentra en una zona alta, tienen poca profundidad y es arenoso.


Labores agrícolas

Los trabajos de preparación o mantenimiento del terreno suelen dejar el suelo desnudo expuesto a los agentes atmosféricos. Si coinciden con tiempo seco, las pérdidas de agua por evaporación serán muy elevadas, sobre todo en suelos poco profundos y de textura arenosa.

Mantener el suelo siempre cubierto con vegetación o mediante acolchado permite reducir, de forma muy notable, la evaporación de agua, manteniéndolo fresco y húmedo durante más tiempo.


Tipo de plantas

Por último, no todas las plantas consumen la misma cantidad de agua. Generalmente, las de hojas grandes o aquellas que tienen una gran cantidad de follaje y partes jugosas, como por ejemplo los frutos, suelen consumir más agua.

En un huerto, algunas de las que más agua consumen —y por tanto necesitan— son el pepino, calabacín y otras de la familia de las cucurbitáceas, las lechugas y otros vegetales cultivados por sus hojas grandes, las judías, berenjenas, etc.

En cambio, los ajos, cebollas, pimientos, entre otras, no requieren mucha agua para desarrollase bien, incluso se ven perjudicados si el suelo se mantiene demasiado húmedo.


Cada cuanto se riega

Siempre que sea necesario. Parece una respuesta absurda, pero no lo es en absoluto. Veamos por qué.

Como vimos más arriba, las diferentes características de cada huerto hacen que no se pueda dar una frecuencia concreta de riego que sirva para todos, pero sí unas recomendaciones generales que siempre serán de aplicación. Veamos cuáles son.

Por normal general, siempre que haya precipitaciones no será necesario regar, a menos que sean muy débiles y de poca duración.

Tras un periodo de lluvias abundantes —suficientes para saturar el suelo de agua— dejaremos pasar unos días antes de regar, especialmente si el suelo es rico en arcilla o materia orgánica, que almacenan mucha agua.

En huertos con suelo arenoso, siempre que no llueva, y en especial si hace sol y viento, hay que dar riegos frecuentes y ligeros (de poco tiempo o poca cantidad de agua). Podría ser necesario regar todos los días o incluso dos veces al día, por la mañana y por la noche.

En cambio, en suelos arcillosos es al revés, es decir, hay que dar riegos más prolongados (o de más cantidad de agua) pero menos frecuentes, dejando pasar varios días entre cada riego. Estos suelos retienen mucha agua, así que si le proporcionamos una cantidad suficiente en cada riego, tardarán un tiempo en consumirla.


Cómo determinar si es necesario regar

Con la experiencia, basta con observar el suelo y las plantas para saber si tenemos que regar o aún no, pero existe un método sencillo para averiguarlo. Veamos en qué consiste.


Realizar un agujero de unos 20 cm de profundidad en el suelo del huerto, con una azada, pala de cavar, etc.

Tomar un puñado de tierra del fondo.

Apretarla en la mano y luego dejarla caer de nuevo en el suelo.


Deberíamos poder notar en la mano si contiene humedad o no, y cuanta.

Si forma una bola y se nos quedan restos de tierra pegados en la mano, está bastante húmeda, no hace falta regar aún.

Si la bola se deshace al tocarla, pero sigue quedando la tierra en pequeños grupos y no nos mancha las manos, ya se puede dar un riego aunque tampoco pasa nada si no regamos.

Por último, si notamos la tierra seca, de color claro, no se forma una bola y vemos que al dejarla caer lo hace como si fuera polvo o arena, ya está demasiado seca, habría que haber regado mucho antes. Para solucionarlo, dar un riego ligero y prolongado, para que vaya mojando todo el perfil del suelo.


Huerto en macetas

Las macetas, por grandes que sean, tienen una cantidad de tierra limitada y muchas veces no es de calidad, por lo que pierden el agua rápidamente si hace calor y tiempo seco o viento.

Por tanto, es fundamental contar con un sustrato que retenga mucha agua, esto marcará una gran diferencia.

Incluso con un buen sustrato, si las macetas están expuestas a un clima seco y soleado habrá que vigilarlas a diario, tanto más cuanto más grande y frondosa sea la planta que crece en ellas.

Es muy importante evitar que la tierra se seque demasiado, puesto que si esto ocurre, luego será mucho más difícil que vuelva a absorber el agua de riego. Veremos que el agua flota sobre la tierra en lugar de filtrarse, y si se ha contraído el sustrato, se perderá por es espacio que se habrá formando entre este y el borde de la maceta. Si esto pasa, lo mejor es introducir la maceta entera en un recipiente lleno de agua hasta que se humedezca de nuevo todo el sustrato.


Cómo se riega

Se podría decir que lo único estrictamente necesario para poder regar un huerto es el agua. Podemos considerarnos afortunados si nuestro huerto dispone de agua abundante, de calidad y barata —o incluso gratis.


Cómo regar las plantas

Lo ideal es regar de forma localizada y con poca intensidad, es decir, dejando caer poca cantidad de agua durante un tiempo prolongado y cerca de las plantas. Esto se logra casi exclusivamente con el riego por goteo o exudación.

Debe evitarse a toda costa mojar las plantas y producir salpicaduras de barro sobre estas, puesto que puede ser un foco de enfermedades.

Si tenemos un canal de riego, podemos regar por inundación de los surcos, siempre y cuando el suelo no sea muy arenoso, sino estaremos tirando el agua.

En caso de que no tengamos muchas plantas podemos regar con regadera, pero para ello tendremos que hacer una pequeña depresión cerca de cada planta para que el agua de la regadera no se pierda por el suelo y se infiltre más fácilmente.

➟ Aquí puedes consultar los tipos de riego que se pueden utilizar en un huerto.


Cómo regar un huerto sin agua

Es imposible regar sin agua, así que si no tenemos un pozo o una canalización a nuestra disposición, tendremos que ingeniárnoslas para obtener el líquido de la vida. Sin él no podremos regar ni unas pocas macetas o un huerto pequeño.

En los huertos en los que no existe una fuente de agua cercana, la solución pasa por acumular el agua de lluvia en tanques para luego disponer de ella cuando sea necesaria.

Para ello, hay calcular cuanta agua necesitaremos para riego, aproximadamente. Luego ver si podemos conseguir un depósito o varios en los que quepa toda, o si llueve con frecuencia solo aquella necesaria para los periodos de sequía. Lo siguiente es ver de donde captaremos todo el agua necesaria, es decir, de cuanta superficie disponemos para recoger agua de lluvia. Los tejados de casas, casetas, etc. son una buena fuente de agua, pero incluso si no tenemos, es posible recoger agua extendiendo un plástico sobre el suelo, con cierta pendiente y con los bordes ligeramente elevados, para que toda el agua vaya hacia la zona de depósito.


Y hasta aquí este artículo sobre el riego del huerto. Estaremos revisándolo continuamente para añadir nueva información y mejorar los contenidos, así que te invitamos a consultarlo frecuentemente para que no te pierdas las actualizaciones.

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