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Cuándo regar las plantas


Repasamos una serie de puntos que debes tener en cuenta para poder saber cuándo debes regar y cuándo no, teniendo en cuenta los factores ambientales y de la planta, y además te presentamos un método práctico para detectar la humedad del suelo.


El riego es quizás una de las áreas del cuidado de las plantas en las que más errores se cometen, especialmente cuando se desconoce cuáles son las necesidades de cada planta, teniendo en cuenta el ambiente y el estado de la misma, entre otras cosas.

Por ello, no se puede comenzar este artículo sin decir que es imprescindible conocer el nombre de cada una de las plantas que tenemos bajo nuestro cuidado ―nombre común o mejor el científico―, para poder buscar información acerca de las necesidades que tienen y las condiciones que las perjudican o benefician.


Averiguar siempre las necesidades de riego de cada planta, mirando la etiqueta ―a veces trae esa información―, preguntando a un experto o buscando por su nombre en manuales de jardinería o en internet.


En este artículo te voy a dar unas nociones que podrás aplicar a cualquier planta, pero no te quedes solo con eso, puesto que algunas especies son muy sensibles a la sequía o al exceso de agua, así que deberás saberlo para tomar las debidas precauciones.

Ahora veamos cuándo se deben regar las plantas y cuándo no, atendiendo a cómo y dónde se encuentren.


Características de la planta

➽ Planta de platanera: grandes hojas.

Un cactus no tiene las mismas necesidades de agua que una platanera. El primero se ha adaptado a vivir en ambientes extremadamente secos, por lo que necesitará muy poco riego o incluso nada, mientras que la segunda pertenece a ambientes húmedos y, por tanto, exigirá una humedad constante.


En general, el ambiente natural o lugar de origen de las plantas nos da muy buena información acerca de sus necesidades de agua.


Además de lo anterior hay que tener en cuenta el aspecto de la planta. Grandes hojas planas suelen significar mayor consumo de agua. Hojas delgadas o "carnosas" quieren decir que la planta subsiste en ambientes con agua escasa.

Para terminar este apartado, tenemos que hablar también de plantas silvestres y seleccionadas artificialmente. Las primeras suelen tener unas necesidades de agua acordes al medio en el que viven, mientras que las segundas normalmente son más exigentes.



Plantas de interior y de exterior

Las plantas de interior viven en un ambiente más estable, sin sol directo o durante pocas horas, con una humedad y temperatura medias, por lo que suelen necesitar riegos menos frecuentes, ya que el agua se conserva durante más tiempo.

En la mayoría de las plantas de interior, suele ser suficiente un pequeño riego semanal o incluso menos (ver tipo de suelo o sustrato)

En cambio, las plantas de exterior tienen que soportar las condiciones ambientales: sol intenso, vientos, temperaturas altas, sequía, lluvias intensas, etc. Algunos de estos factores ―sol, viento, calor― provocan una rápida evaporación del agua del suelo y una alta transpiración de la planta, por lo que pueden ser necesarios riegos más copiosos o frecuentes (según sea el suelo o sustrato)

Para estas últimas, las que están en el exterior, tenemos que ver el siguiente apartado para poder dar unas recomendaciones de cuándo regar.


Plantas en maceta y en la tierra

Este es uno de los aspectos más importantes a la hora de ajustar la frecuencia e intensidad del riego.

Las plantas que crecen en recipientes (macetas) viven confinadas en un volumen de tierra y, por tanto, sus raíces no pueden profundizar más allá de las paredes del tiesto.

Cuanto más pequeña sea la maceta en comparación con el volumen de copa de la planta ―la parte verde―, mayor será el riesgo de que esta se quede sin agua en un corto espacio de tiempo ―por ejemplo en un día soleado y cálido, o una casa con la calefacción puesta y el aire seco.

En cambio, las plantas que se encuentran asentadas directamente en el suelo del jardín, suelen disponer de un volumen mucho mayor de tierra para explorar, tanto horizontalmente como en profundidad.

Es sabido que el suelo se seca primero en la superficie y a medida que aumenta la profundidad se encuentra más húmedo. Por eso los árboles de varios años de edad no necesitan ser regados, a menos que estén en un lugar elevado, muy seco o que el suelo no tenga apenas profundidad.


Tipo de suelo o sustrato

Además de lo anterior ―el volumen de tierra de que disponen las raíces―, las características del sustrato marcan una gran diferencia.

Suelos y sustratos ligeros, pobres en materia orgánica y arcillas, y compuestos principalmente por arenas, apenas retienen agua ―sus poros son muy grandes y la dejan escapar como un colador― por lo que suelen estar siempre secos, incluso poco después de llover o de haber regado.

En este tipo de suelos y sustratos (aplicable a macetas también) se debe regar con mucha frecuencia ―una o dos veces al día― pero aportando muy poca cantidad de agua ―poco tiempo de riego.

Por el contrario, en suelos y sustratos pesados, ricos en materia orgánica, arcillas y otros elementos finos, los pequeños poros son capaces de retener mucha agua ―igual que ocurre en una esponja― liberándola muy lentamente. Estos suelos pueden permanecer húmedos muchos días ―o incluso meses― después de la última lluvia o riego.

En este segundo gran tipo de suelos (aplicable también a los sustratos para macetas), se debe regar con poca frecuencia ―una vez a la semana o menos― pero aumentando el volumen de agua aportada, ya que tenemos que llenar su reserva.


Para poder regar con menos frecuencia es indispensable adquirir un buen sustrato, capaz de retener gran cantidad de agua sin encharcarse.


Tiempo meteorológico

Esto es aplicable especialmente para las plantas que se encuentran en el exterior y, especialmente, a las que crecen en una maceta.

Como ya comentamos más arriba, el sol, el viento, la escasa humedad ambiental y las altas temperatura son agentes que secan el suelo o el sustrato, tanto de forma directa como indirecta, haciendo que las plantas tengan que consumir más agua.

Cuando los días presentan estas condiciones, hay que estar más atentos a las necesidades de riego.

En cambio, los días nublados, húmedos, lluviosos y con viento en calma, conservan o incluso aumentan las reservas de agua del suelo o del sustrato, por lo que suelen ser días en los que no es necesario regar.


☛ Un error típico de principiante es no regar en un día que ha llovido ligeramente ―pensando que no es necesario― pero que estuvo precedido por varios días de tiempo seco y soleado, que consumieron casi todo el agua de la parte superior del suelo.


Método práctico

La teoría está muy bien para poder intuir las cosas y anticiparse a cada situación, pero vamos a ver cómo podemos saber exactamente cuándo regar cada planta.


Leyendo la humedad

Para poner en práctica este método solo necesitas algo para remover la tierra ―un palo o pequeña herramienta para cavar), tu sentido de la vista y tu sentido del tacto.

Solo tienes que comenzar a escarbar en la tierra y observar que aspecto tiene el material:

- Color claro, sale polvo, el material se desprende o está duro como el cemento ➧ Seco.

- Color oscuro, no sale polvo, el material se mantiene agregado y es fácil removerlo ➧ Húmedo.


Además puedes usar el tacto:

- Caliente o templado y seco ➧ No hay agua apenas.

- Fresco y húmedo ➧ Aún queda agua.


A veces con solo rascar la superficie ya podrás saber como está por debajo, puesto que el suelo o sustrato siempre se suelen secar primero en la parte más superficial.

En las macetas, si ves grietas o una separación entre el sustrato y el recipiente, eso es señal de que se ha secado demasiado. Riega poco a poco, o mejor, sumerge la maceta en un cubo con agua durante algunos minutos.

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