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Escarificación de semillas

Explicamos en qué consiste la escarificación de semillas, hablamos de sus diferentes modalidades y del efecto que tienen sobre las semillas

Las semillas de algunas plantas poseen cubiertas impermeables que si no se retiran o rompen, la humedad no puede llegar hasta el embrión, la joven planta que "duerme" dentro de la semilla, y por tanto la germinación no puede iniciarse.


Generalmente, las semillas que se encuentran en el interior de frutos carnosos (comestibles), han evolucionado para no resultar dañadas cuando los animales las ingieren junto con el fruto.

Tienen que resistir las duras condiciones ácidas del tracto digestivo, por lo que están provistas de una cubierta impermeable que impide que el ácido llegue hasta el embrión, evitando que se dañe y pueda luego germinar.

Se puede imaginar como en la larga evolución natural, las plantas cuyas semillas resistieron después de ser ingeridas por animales y llevadas lejos del lugar, lograron propagarse mejor por el territorio y colonizar nuevas zonas, diversificarse. Quizás otras que no lograron esa adaptación, simplemente se extinguieron o quedaron limitadas a una región muy concreta.

La mayor parte de los árboles frutales tienen semillas de este tipo, que si no se escarifican pueden tardar mucho tiempo en germinar, o incluso no hacerlo nunca.

Germinar semillas en papel✔ Después de escarificar las semillas, puedes emplear este método para germinarlas rápidamente y controlando todo el proceso...

Como realizar la escarificación

Existen diferentes opciones a la hora de escarificar semillas. Algunas de las que veremos a continuación emplean tratamientos físicos, como desgaste, corte, rotura; y otras químicos, mediante remojo en diferentes sustancias que alteran la estructura de la cubierta.


Raspado o lijado

Se realiza con algún objeto de superficie rugosa o afilada, que desgaste la superficie de la semilla. Puede ser un papel de lija, una lima de uñas, el filo de una navaja, etc.

Este tipo de escarificación se emplea para semillas de cubierta dura pero no muy gruesa, que no permiten otro tipo de escarificación mecánica. Se puede realizar con las de pera, manzana, membrillo, uva, etc.


Pelado

Algunas semillas tienen cubiertas relativamente blandas, que se pueden retirar con las uñas o con ayuda de un cuchillo o navaja.






Es el caso de las de cítricos como la naranja, el limón, la mandarina, el pomelo, etc. Pelar estas semillas acelera mucho el proceso de germinación, ocurriendo con buenos resultados en unos pocos días.

También se puede realizar con semillas de cubierta dura, como las almendras o las avellanas, pero en este caso rompiendo la cáscara mediante pequeños golpes y retirándola por completo o no.


Con ácido

Como decíamos al inicio del artículo, muchas semillas suelen pasar por el aparato digestivo de los animales, y han evolucionado para resistir y aprovechar el efecto de los ácidos estomacales.

Para imitar esta escarificación ácida, se suelen sumergir las semillas en un solución de ácido sulfúrico al 20% durante un periodo de tiempo variable, según sea la semilla y su cubierta.

También se puede emplear otros ácidos, como el clorhídrico a una concentración del 10%.

Tras la inmersión en ácido, conviene lavar bien las semillas con agua para eliminar cualquier rastro del químico que pudiera penetrar hasta el embrión y dañarlo.

La inmersión en ácido, además de escarificar la semilla, la desinfecta, haciendo más seguro el proceso de germinación.


Con agua oxigenada

El agua oxigenada, un producto que suele estar presente en todos los hogares y centros de trabajo, tiene la característica de corroer la materia orgánica rápidamente, y esto es lo que se va a aprovechar

Sumergiendo las semillas en una solución de este químico a una concentración de entre el 5 y el 30%, durante un tiempo que dependerá de cada tipo de semilla ―normalmente 30 minutos―, se consiguen estos dos efectos muy importantes para la germinación:

- Por un lado, se logra debilitar la cubierta, haciéndola más permeable al agua.

- En segundo lugar, se desinfecta la semilla, eliminando cualquier microorganismo que estuviera adherido a esta y que luego pudiera ocasionar pudriciones durante la germinación.


Con lejía (hipoclorito de sodio)

La lejía es otro agente extremadamente agresivo con la materia orgánica, y por tanto con la envoltura de las semillas, pero puede ser difícil acertar con la concentración y tiempo de remojo adecuados para cada tipo de semilla.

Es importante que sea lejía pura, sin aditivos ni detergentes, la misma que sirve para desinfectar el agua o las verduras.

Volviendo a la cuestión de la concentración y el tiempo de remojo, conviene hacer una búsqueda en la red para la especie que se desea escarificar. Es posible que existan recomendaciones o experiencias al respecto.

En caso de que no se disponga de información, se puede probar con una concentración del 3% y un remojo corto (2 horas) para semillas más blandas o pequeñas, y más largo (8 horas) para semillas más duras o grandes.







Remojo en agua

Este es quizás el método más empleado para acelerar la germinación de muchas semillas, y aunque no se puede considerar estrictamente una escarificación, sino una hidratación, ofrece muy buenos resultados, tanto como tratamiento único, como aplicado después de la escarificación mecánica o química.

Se trata de sumergir las semillas en agua a una temperatura determinada. Si es agua fría o tibia, se produce simplemente una hidratación, mientras que si es agua caliente ―incluso hasta 100℃―, tiene lugar un rápido ablandamiento de la cubierta.


Tibia

La inmersión en agua fría o tibia suele realizarse durante periodos de tiempo de varias horas hasta varios días, y la consecuencia es el ablandamiento de la cubierta por hidratación.

En algunos casos, si las semillas están en tiempo suficiente sumergidas, incluso puede comenzar el proceso de germinación bajo el agua.

La inmersión en agua tibia como hidratación ofrece excelentes resultados en semillas que se han escarificado previamente de forma mecánica (raspado, lijado, corte, etc)


Caliente

Se suele emplear agua calentada entre 40 y 100℃, y generalmente, a mayor temperatura menor debe ser el tiempo de inmersión, para evitar que el embrión muera por exceso de temperatura.

El agua a alta temperatura suele provocar un rápido ablandamiento de la cubierta de la semilla, siendo este el principal efecto de este método sobre la germinación.

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