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Cómo abonar la tierra


Te contamos por que es necesario abonar la tierra, como saber si es hay que hacerlo, cuando y como realizar dos tipos de abonado, uno clásico y otro más moderno que tiene muchas ventajas.





➽ Pila de estiércol.

(Ve al final del artículo si solo te interesa ver el proceso)

Allí donde haya plantas cultivadas ―especialmente si se cosechan― suele ser necesaria la práctica del abonado o la fertilización.

¿Abonar y fertilizar es lo mismo? Bueno, más o menos. Abonar significa aplicar abono, mientras que fertilizar es aumentar la fertilidad de un suelo. ¿Y cómo se aumenta? Pues casi siempre abonando, por eso se pueden usar ambos términos, aunque estrictamente no signifiquen lo mismo.

Algunos horticultores y jardineros modernos ponen en duda que haya que abonar la tierra. Piensan: "En la naturaleza ¿quien abona? Nadie, ¿verdad? Y no hay nada más productivo y equilibrado que un ecosistema natural".

Parece razonable, y lo es. Por eso tienes que continuar leyendo.



Por qué abonar

Lo anterior es muy cierto, pero la horticultura y la jardinería son actividades humanas y, a veces, muy forzadas. En la naturaleza, los restos orgánicos muertos se descomponen y, junto con los minerales que se van disgregando de la roca, son suficientes para sostener la vegetación que crecer en ese suelo.

Las hortalizas son plantas seleccionadas durante años ―a veces milenios― para ser más productivas, con frutos más nutritivos y más grandes, con un aspecto apetecible, etc.

Y en la jardinería tres cuartos de lo mismo. La mayoría de las plantas que conforman un jardín cualquiera no son autóctonas, están adaptadas a otros climas y, en ocasiones, han sido seleccionadas principalmente por su valor ornamental.

¿Y qué tiene esto que ver con el abonado? Pues mucho, porque las plantas "domesticadas" suelen requerir suelos más fértiles que las silvestres. En parte porque necesitan gran cantidad de nutrientes para desarrollar sus jugosos tejidos, pero también porque son mas "torpes" o menos eficientes que sus parientes silvestres.


Un ejemplo

Para entenderlo mejor, comparemos el lobo con el perro. El perro ha sido seleccionado durante milenios a partir del lobo, su pariente salvaje. El primero está adaptado a vivir en condiciones muy duras en las que tiene que conseguir alimento como sea, mientras que el segundo solo tiene que esperar a que le llenen el cuenco. La comida que le ponemos en el cuenco es equivalente al abono de las plantas. Si no le ponemos nada y tiene que obtenerlo del ecosistema, lo pasaría muy mal porque ya no está adaptado para alimentarse en un ambiente austero.


En resumen, es necesario abonar la tierra por estas dos cosas:

✦ Las plantas cultivadas necesitan suelos bastante fértiles, aunque no todas.




✦ Al cosechar estamos extrayendo muchos nutrientes del suelo que hay que reponer, sino terminarían por agotarse.


Cómo saber si es necesario

Excepto si el suelo ya ha sido abonado, o si es muy fértil y lleva tiempo sin cultivarse, será necesario abonarlo para mejorar la cantidad o proporción de nutrientes.

En general, si el color de la tierra es muy oscuro, suele significar que posee un gran porcentaje de materia orgánica, la mejor fuente de nutrientes a largo plazo.

En este tipo de suelos, es muy probable que solo preparando el terreno ―soltando y aireando la tierra― sea suficiente para obtener buenas cosechas durante uno o dos años, aunque lo recomendable sigue siendo abonar de todas formas.

Los agricultores profesionales realizan análisis de fertilidad del suelo, que les proporcionan datos muy precisos con los que pueden calcular cuanta cantidad deben añadir a la tierra de cada nutriente, según la extracción (el gasto) que esperan que haga el cultivo.

Como regla general, se debe abonar cada año la tierra del huerto con un buen abono orgánico, especialmente las parcelas en las que se van a cultivar plantas exigentes: tomate, pimiento, berenjena, patata, calabaza, calabacín, sandía, melón, etc.


Cuándo es el mejor momento

Siempre es mejor hacerlo en cualquier época a no abonar nunca, pero lo ideal es en otoño o en primavera.

En otoño, si se emplean abonos orgánicos que pueden no estar del todo descompuestos, como el estiércol.

En primavera ―o al inicio del cultivo― si se usan "abonos químicos" que suelen disiparse muy rápidamente.

En cualquier momento si se abona en superficie, por ejemplo extendiendo una capa de compost sobre el suelo para impedir que germinen "malas hierbas", además de contribuir a la fertilidad.


El proceso

Consiste en añadir el abono ―en la cantidad deseada― a la tierra y mezclarlo bien con esta, aunque esto último puede hacerse o no, dependiendo de donde se aporte el abono.

Para entenderlo mejor, hablaremos de abono enterrado y abonado en superficie.


Enterrado

Es la práctica más común ―aunque la menos natural― y consiste en esparcir el abono sobre el suelo, para después cavar la tierra de forma que quede enterrado y mezclado con esta.

También se puede realizar un surco y depositar en abono en él, tapándolo a continuación con la tierra del siguiente surco.

Pueden emplearse abonos orgánicos sin descomponer, siempre y cuando no se vaya a comenzar el cultivo hasta unos cuantos meses después del abonado.

Si el abono está bien maduro ―o si es inorgánico― se puede aportar con la preparación del terreno que precede a la siembra o plantación.





Dosis

La cantidad a añadir depende de la fertilidad del suelo. Es preferible aportarlo poco a poco, año tras año, que añadir mucho en una sola operación, ya que pueden surgir problemas de pH, salinidad y otros desequilibrios.


En nuestro huerto añadimos cada año 10 litros de compost ―un cubo― por metro cuadrado, y es una cantidad más que suficiente en un suelo con una fertilidad normal.


Se puede emplear una cantidad similar con otros abonos orgánicos, excepto si proceden de excrementos de aves. En ese caso es suficiente con 1 litro/m2


En superficie

Esta es una forma de abonado que imita a la naturaleza, puesto que no es necesario cavar para enterrarlo. Se deja en la superficie de la tierra, y es la lluvia ―o el riego― y los organismos del suelo, los que se encargan de llevar los nutrientes a capas más profundas.

Esto es justamente lo que ocurre en la naturaleza. Las hojas, los restos de plantas anuales, de animales muertos, excrementos, etc. caen sobre el suelo y van formando una capa, que con el tiempo se va haciendo más gruesa. Esto es lo que se conoce como mantillo, y es esa capa negra ―muy fértil― que se puede ver en el suelo de los bosques.

Esta modalidad de abonado se puede emplear en cualquier momento del año ―como ya se ha mencionado― y tiene bastantes ventajas:

✦ Es más saludable para las plantas y para el suelo, puesto que no se producen fermentaciones bajo tierra ―en contacto con las raíces.

✦ Al extender la capa de abono sobre el suelo se dificulta el nacimiento de hierbas competidoras, se protege a la tierra de la radiación solar y se conserva la humedad, siendo menos necesario el riego.

No es necesario cavar la tierra para enterrar el abono, ahorrando mucho tiempo y esfuerzo físico.


No es recomendable esta práctica en suelos muy arenosos ―muy permeables― ya que los nutrientes se pueden lavar rápidamente hacia el subsuelo, quedando fuera del alcance de las plantas. En estos casos es infinitamente mejor mezclar el abono orgánico con la tierra, con lo que se estará mejorando mucho las características de esos suelos pobres. Con el tiempo se hará más esponjoso, fértil y húmedo.

Tampoco conviene emplear excrementos de aves ―u otros abonos muy concentrados― ya que podrían alterar el pH y la salinidad de forma muy considerable si se extiende una capa gruesa sobre el suelo. Muy extendido se puede emplear.


Espesor

La capa de abono no debe ser muy gruesa, porque podría bloquear el intercambio gaseoso entre el suelo y la atmósfera, ni muy delgada, puesto que se disgregaría rápidamente por acción del sol y saldría volando cuando soplara el viento.




Entre 3 y 5 cm es suficiente, aunque dependerá mucho del tipo de abono orgánico que se utilice. Cuanto menos compacto sea, más espesor se puede acumular.


ABONOS NATURALES PARA PLANTAS

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