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Cómo abonar la tierra

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Por qué es necesario abonar la tierra, cómo saber si hay que hacerlo, cuándo y cómo realizar dos tipos de abonado, uno clásico y otro más moderno que tiene muchas ventajas

Allí donde haya plantas cultivadas, especialmente si se cosechan, suele ser imprescindible la práctica del abonado o la fertilización.


¿Abonar y fertilizar es lo mismo? Bueno, más o menos. Abonar significa aplicar abono, mientras que fertilizar es aumentar la fertilidad de un suelo. ¿Y cómo se aumenta? Pues casi siempre abonando, por eso se pueden usar ambos términos, aunque estrictamente no signifiquen lo mismo.

Algunos horticultores y jardineros modernos ponen en duda que haya que abonar la tierra. Piensan: "En la naturaleza ¿quien abona? Nadie, ¿verdad? Y no hay nada más productivo y equilibrado que un ecosistema natural".

Esta afirmación parece razonable, y lo es, pero a continuación veremos por qué sí es necesario abonar la mayoría de los terrenos de cultivo, de una o de otra forma.



Por qué abonar el terreno

De acuerdo que en la naturaleza nadie abona intencionalmente, pero la horticultura y la jardinería son actividades humanas y, a veces, muy forzadas.

En la naturaleza, los restos orgánicos muertos se descomponen y, junto con los minerales que se van disgregando de la roca, son suficientes para sostener la vegetación que crecer en ese suelo.

Ahora bien, cuando se trata de cultivos, hay que entender que las hortalizas son plantas seleccionadas durante años (a veces milenios) para ser más productivas, con frutos más nutritivos y más grandes, con un aspecto apetecible, etc, pero casi siempre a costa de hacerlas más exigentes en nutrientes. Lógico!

Y en la jardinería, por desgracia, pasa algo parecido. La mayoría de las plantas que conforman un jardín cualquiera no suele ser autóctonas del lugar, no están adaptadas al climas y, en ocasiones, han sido seleccionadas principalmente por su valor ornamental, haciéndolas de nuevo más demandantes de abonos.

¿Y qué tiene esto que ver con el abonado? Pues mucho, porque las plantas "domesticadas" suelen requerir suelos más fértiles que las silvestres. En parte porque necesitan gran cantidad de nutrientes para desarrollar sus jugosos tejidos, pero también porque son mas "torpes" o menos eficientes que sus parientes silvestres.







El ejemplo del perro y el lobo. ¿Eh?

Para entenderlo mejor, comparemos el perro con el lobo. El primero ha sido seleccionado durante milenios a partir del lobo, su pariente salvaje, que está adaptado a vivir en condiciones muy duras, en las que tiene que conseguir alimento como sea. Sin embargo, el perro solo tiene que esperar a que un humano le llene el cuenco. Esa comida aportada de forma artificial, es equivalente al abono de las plantas cultivadas. Si al pobre perro no se le alimentara y tuviera que hacerlo en la naturaleza, lo pasaría muy mal porque ya no está adaptado para ello.


En resumen, es necesario abonar la tierra por estas dos cosas:

✦ Las plantas cultivadas necesitan suelos bastante fértiles, aunque no todas porque algunas apenas han sido seleccionadas.

✦ Al cosechar se están extrayendo del suelo muchos nutrientes que hay que reponer para evitar su agotamiento y el deterioro de la fertilidad.


Cómo saber si es necesario abonar

Excepto si el suelo ya ha sido abonado, o si es muy fértil y lleva tiempo sin cultivarse, casi siempre será necesario abonarlo para mejorar la cantidad o proporción de nutrientes.

En general, si el color de la tierra es muy oscuro, suele significar que posee un gran porcentaje de materia orgánica, la mejor fuente de nutrientes a largo plazo.

En este tipo de suelos, es muy probable que solo preparando el terreno (soltando y aireando la tierra) sea suficiente para obtener buenas cosechas durante uno o dos años, aunque lo recomendable sigue siendo abonar de todas formas.

Los agricultores profesionales realizan análisis de fertilidad del suelo, que les proporcionan datos muy precisos con los que pueden calcular cuanta cantidad deben añadir a la tierra de cada nutriente, según la extracción (el gasto) que esperan que haga el cultivo.

Como regla general, se debe abonar cada año la tierra del huerto con un buen abono orgánico, especialmente las parcelas en las que se van a cultivar plantas exigentes: tomate, pimiento, berenjena, patata, calabaza, calabacín, sandía, melón, etc.


Cuándo es el mejor momento

Siempre es mejor hacerlo en cualquier época a no abonar nunca, pero lo ideal es en otoño o en primavera.

En otoño es el mejor momento, especialmente si se emplean abonos orgánicos que pueden no estar del todo descompuestos, como el estiércol.

En primavera ―o al inicio del cultivo― si se usan "abonos químicos" o abonos orgánicos líquidos, que suelen disiparse muy rápidamente.

En cualquier momento si se abona en superficie, por ejemplo extendiendo una capa de compost sobre el suelo para impedir que germinen "malas hierbas", además de contribuir a la fertilidad.


Procedimiento de abonado

Consiste en añadir el abono, en la cantidad necesaria, a la tierra y mezclarlo bien con esta, aunque esto último puede hacerse o no, dependiendo de donde se aporte el abono.






Para entenderlo mejor, hablaremos de abono enterrado y abonado en superficie.


Enterrado

Es la práctica más común, aunque la menos natural, y consiste en esparcir el abono sobre el suelo, para después cavar la tierra de forma que quede enterrado y mezclado con esta.

También se puede realizar un surco, depositar en abono en él y luego taparlo con la tierra del siguiente surco.

Pueden emplearse abonos orgánicos sin descomponer, siempre y cuando no se vaya a comenzar el cultivo hasta unos cuantos meses después del abonado.

Si el abono está bien maduro, o si es inorgánico, se puede aportar en el momento de la preparación del terreno que precede a la siembra o plantación. En el caso de los abonos orgánicos, sigue siendo mejor hacerlo con al menos un mes de antelación, para que tengan tiempo de comenzar a mineralizarse, momento a partir del cuál pueden aprovecharlos las plantas.


Dosis

La cantidad a añadir depende de la fertilidad del suelo y de cuánta extracción vaya a hacer el cultivo. Es preferible aportarlo poco a poco, año tras año, que añadir mucho en una sola operación, ya que pueden surgir problemas de pH, salinidad y otros desequilibrios.


En nuestro huerto añadimos cada año unos 10 litros de compost por metro cuadrado, siendo una cantidad más que suficiente en un suelo con una fertilidad normal y una buena estructura.


Se puede emplear una cantidad similar con otros abonos orgánicos, excepto si proceden de excrementos de aves, como la gallinaza. En ese caso suele ser suficiente con aproximadamente 1 litro/m2


En superficie

Esta es una forma de abonado que imita a la naturaleza, puesto que no es necesario cavar para enterrarlo. Se deja en la superficie de la tierra, y es la lluvia ―o el riego― y los organismos del suelo, los que se encargan de llevar los nutrientes a capas más profundas.

Esto es justamente lo que ocurre en la naturaleza. Las hojas, los restos de plantas anuales, de animales muertos, excrementos, etc. caen sobre el suelo y van formando una capa, que con el tiempo se va haciendo más gruesa. Esto es lo que se conoce como mantillo, y es esa capa negra ―muy fértil― que se puede ver en el suelo de los bosques.

Esta modalidad de abonado se puede emplear en cualquier momento del año, como ya se ha mencionado, y tiene estas ventajas:

✦ Es más saludable para las plantas y para el suelo, puesto que no se producen fermentaciones bajo tierra, peligrosas para las raíces.






✦ Al extender la capa de abono sobre el suelo se dificulta el nacimiento de hierbas competidoras, se protege a la tierra de la radiación solar y se conserva la humedad, siendo menos necesario el riego.

No es necesario cavar la tierra para enterrar el abono, ahorrando mucho tiempo y esfuerzo físico.


No es recomendable esta práctica en suelos muy arenosos ―muy permeables― ya que los nutrientes se pueden lavar rápidamente hacia el subsuelo, quedando fuera del alcance de las plantas. En estos casos es infinitamente mejor mezclar el abono orgánico con la tierra, con lo que se estará mejorando mucho las características de esos suelos pobres. Con el tiempo se hará más esponjoso, fértil y húmedo.

Tampoco conviene emplear excrementos de aves, u otros abonos muy concentrados, ya que podrían alterar el pH y la salinidad de forma muy considerable, si se extiende una capa gruesa sobre el suelo.


Espesor

La capa de abono no debe ser muy gruesa, porque podría bloquear el intercambio gaseoso entre el suelo y la atmósfera, ni muy delgada, puesto que se disgregaría rápidamente por acción del sol y saldría volando cuando soplara el viento.

Entre 3 y 5 cm es suficiente, aunque dependerá mucho del tipo de abono orgánico que se utilice. Cuanto menos compacto sea, más espesor se puede acumular.

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