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Gallinaza como abono

Antonio Amigo - APÚNTATE ✉
Explicamos qué es la gallinaza, de que depende su calidad y cantidad, por qué es un buen abono, qué inconvenientes presenta y cómo solventarlos.

La gallinaza es el estiércol de las gallinas ponedoras, es decir, los excrementos de estas mezclados casi siempre con diferentes cantidades de material de cama, restos de comida (desperdicio) y plumas.

El estiércol de los pollos de engorde no se denomina gallinaza, sino pollinaza, y tiene unas características similares, pero también algunas diferentes.


Cantidad y calidad

La cantidad de gallinaza producida por un grupo de gallinas depende de varias cosas. Entre ellas, la modalidad de cría, el manejo del estiércol, la edad del ave, el tipo de alimento y de cama.

Las gallinas adultas producen más excrementos que las jóvenes.

Las aves que pueden salir al exterior durante gran parte del día, producen menos gallinaza, ya que la mayoría de los excrementos los depositarán en el corral o finca, recogiéndose en el gallinero solo los producidos durante la noche y en momentos puntuales del día, cuando las gallinas acuden a los nidos, comederos interiores, etc.

En los gallineros de suelo cubierto con material de cama (paja, aserrín, cascarilla, etc), la producción de gallinaza es más elevada, pero esta suele ser menos concentrada, ya que está formada en gran parte por restos del material de cama.

El tipo de alimento y la forma de alimentar también tiene su influencia. Si se produce mucho desperdicio de alimento, es decir, que el sistema de alimentación permite que las gallinas derrochen el alimento por el suelo, este pasará a formar parte de la gallinaza, enriqueciéndola en nitrógeno, normalmente.

La manera en que se maneja la gallinaza también es importante a la hora de evaluar la calidad de esta. Se sabe que la humedad favorece una rápida pérdida de nutrientes por expulsión de gases, especialmente en lo referente al nitrógeno. En cambio, la gallinaza desecada rápidamente, conserva una mayor concentración de nutrientes.

Esto se puede apreciar en la siguiente tabla:



Es un buen abono

La gallinaza es un excelente abono, uno de los estiércoles más ricos, con importantes concentraciones de nitrógeno, fósforo y potasio ―los tres principales nutrientes que necesita toda planta―, pero eso sí, no llega al nivel de un fertilizante de síntesis, en cuanto a los porcentajes de nutrientes.

Es también rica en calcio, pero además posee pequeñas cantidades de muchos otros nutrientes y oligoelementos que las plantas necesitan en su desarrollo.






Aportada al suelo lo enriquece en materia orgánica, mejora la retención de agua de este ―relacionado con lo anterior― y aumenta su fertilidad, por la riqueza en elementos nutritivos que posee, especialmente nitrógeno.

En un estudio de tesis realizado por dos doctorandos de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional Agraria de Nicaragua, en instalaciones del CENIDA, se comparó el efecto de la gallinaza en el cultivo de maíz, frente al estiércol de vaca y a un fertilizante mineral de composición 18-46-0 (Fosfato diamónico), que no aporta potasio.

En dicho experimento se evaluó ―entre otras― la altura de las plantas, el número de hojas y el diámetro del tallo, así como el número de mazorcas, su longitud, el número de hileras de granos por mazorca, el número de granos por hilera y el diámetro de la mazorca.

Se tuvieron en cuenta también los costes de aplicar cada tipo de abono y el rendimiento que se obtendría de la producción de maíz, siendo el abono más rentable el que ofreciera una mejor tasa de retorno (beneficio después de considerar los costes).

En este estudio, el candidato ganador fue la gallinaza.

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Inconvenientes

La gallinaza fresca es un material que, debido a su composición y concentración, puede presentar fitotoxicidad, es decir, resultar tóxica para las plantas si se aplica directamente al suelo ―en ciertas cantidades― y entra en contacto inmediato con las raíces.

Este abono contiene algunos microorganismos patógenos, y dependiendo de su procedencia, diferentes concentraciones de metales pesados e incluso medicamentos ―en gallinas de granja―, por lo que puede ser una sustancia peligrosa para el medio ambiente y para la salud humana y animal.

El mal olor que desprende es otro problema, aunque menor comparado con los anteriores.


Estabilización

El problema del mal olor, de la fitotoxicidad y de los microorganismos patógenos, se puede solventar fácilmente mediante el compostaje de la gallinaza.






El proceso consiste en apilar la gallinaza ―sola o mezclada con restos vegetales o estiércoles― en un lugar apropiado ―en el exterior, resguardado de la lluvia y a la sombra―, y controlar dos aspectos clave: la humedad y la aireación.

La pila ha de estar húmeda pero no tanto como para que se compacte, y todo lo aireada que se pueda, para lo cual hay que voltearla con frecuencia. Los microorganismos encargados de la transformación son aerobios ―necesitan oxígeno―, de ahí la importancia de este punto.

El compostaje pasa por varias fases, una de ellas a elevada temperatura, después de las cuales se obtiene un material diferente del original ―una especie de tierra negra―, sin olor desagradable, no tóxico para las plantas, y sin microorganismos patógenos. Es el compost de gallinaza, y es completamente seguro para aportar como abono.

No obstante, el material resultante no es tan rico en nutrientes como el original, ya que una fracción ―especialmente del nitrógeno― se ha perdido durante el proceso por la formación y escape de gases, aunque si todo ha ido bien, será una parte muy pequeña, y realmente compensa.

Aunque el compostaje suele ser la mejor opción, lo cierto es que toma algo de tiempo, especialmente durante los meses más fríos del año, por lo que si se necesita un abono de forma inminente, se puede recurrir a otra solución no ideal.

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Con la gallinaza se puede elaborar purín, es decir, un caldo de gallinaza mezclada con agua, y mantenida durante algunos días en un recipiente. Los primeros días desprende un fuerte y desagradable olor, especialmente cuando se remueve ―cosa que es necesario hacer a diario―, pero poco a poco va reduciéndose, hasta que pasadas unas dos semanas, prácticamente no huele.

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