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Trasplantar romero

Antonio Amigo - APÚNTATE ✉
Explicamos como trasplantar un romero según el proceso sea de maceta a maceta, de maceta a tierra o de tierra a maceta, teniendo en cuenta la época y algunos consejos importantes.

El trasplante del romero puede ser tan necesario en unos casos como absolutamente prescindible en otros, por lo que no se puede decir que sea algo obligatorio.

¿Cuándo es necesario? Siempre que el romero esté plantado en una maceta o contenedor poco voluminosos o cuando haya pasado mucho tiempo desde el último trasplante.


De maceta a maceta

Seguramente ya sepas como realizar este tipo de trasplante, pero veamos cada cuánto debe realizarse para el caso del romero.

Pues lo cierto es que con hacerlo una vez al año es suficiente, y si es posible siempre en primavera, después de que pase el riesgo de heladas ―si el clima es frío―.

Conviene aprovechar este trasplante anual para aumentar ligeramente el tamaño de la maceta, y aportar sustrato nuevo con algo de abono orgánico muy maduro, si se desea que el romero siga creciendo.

En cambio, si se prefiere que mantenga su tamaño, se puede trasplantar a la misma maceta ―o a una similar― pero extrayendo un poco de sustrato del cepellón, cortando las raíces que queden sin tierra ―por fuera del cepellón― y añadiendo otra vez sustrato, pero esta vez nuevo. Se puede aprovechar también para realizar una poda ligera, de manera que se compense el tamaño de la copa con el de la raíz.

Aquí tienes un vídeo en el que se explica como hacer este transplante, que por otro lado es el más común.




De maceta a tierra

Este trasplante debe hacerse cuando se desea que un romero que está plantado en un recipiente ―maceta― siga creciendo en el suelo del huerto o del jardín.

Debe realizarse también en primavera, una vez que cesen las heladas pero antes de que haga mucho calor, especialmente si estaba a la sombra y se va a poner a pleno sol.

En caso de que la maceta estuviera ya en el exterior y en una zona expuesta, el trasplante puede hacerse casi en cualquier momento del año, puesto que la planta ya estaba adaptada a esas condiciones.






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Hay que hacer un hoyo generoso, al menos 10 centímetros más alto y ancho que la maceta, y si puede ser más mejor.

Si la tierra es muy arcillosa, o está siempre muy húmeda o si el terreno está deprimido ―acumula el agua de lluvia― hay que plantar el romero en una elevación, ya sea natural o artificial, para evitar que sus raíces se pudran por exceso de humedad.

Cuando saques el romero de la maceta, fíjate en el aspecto del cepellón. Si hay muchas raíces en la superficie y están enmarañadas, es mejor que las sueltes tirando de ellas, antes de plantarlo de nuevo. Esto facilita que arraigue mejor y más rápido.

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De tierra a maceta

Por último, puede darse el caso de que necesites sacar de la tierra un romero y pasarlo a una maceta, ya sea porque no puede seguir donde está o por que lo quieres en un recipiente para que tenga un crecimiento más contenido o para que puedas moverlo.

Si es tu caso, tienes que hacer un circulo a unos 50 cm ―o más si es grande― del tronco del romero y comenzar a cavar una zanja estrecha y profunda, como si fueras a desenterrar algo que se puede romper si lo tocas.

Cuando la zanja tenga al menos 30 cm de profundidad, trata de apalancar con una herramienta fuerte y alargada, tratando de levantar la isla de tierra que quedó alrededor del romero. Si no es muy grande lo conseguirás con facilidad. Una vez se desprenda el cepellón, tira de él hacia fuera y acondiciónalo para pasarlo al recipiente.

Utiliza un sustrato ligero y un poco de abono orgánico muy maduro, y planta el romero en la maceta como harías con cualquier planta, pero tratando de que la copa quede compensada en volumen con las raíces.

Esto no lo hagas en verano, mejor en primavera para que el romero pueda crecer rápidamente y reponer las raíces perdidas y las ramas podadas, si es el caso.

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