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Cuidados de la lavanda


La mayoría de las especies y variedades de lavanda apenas necesitan cuidados cuando crecen en su ambiente natural, pero al plantarlas en nuestros huertos y jardines sí hay que prestar atención a algunos aspectos importantes que veremos en este artículo.





Existen muchas especies de lavanda, pero la mayoría de ellas son plantas silvestres adaptadas a vivir en condiciones duras, por lo que apenas necesitarán cuidados, siempre y cuando las plantemos en un ambiente favorable para ellas.

¿Y cuál es ese ambiente? Es lo que veremos en este artículo: las condiciones que requiere y algunos cuidados que podemos proporcionarle para corregirlas, si estas no son las más favorables.


Luminosidad

Más que un cuidado, esto debe formar parte de un trabajo de planificación previo a la plantación de la lavanda.

Es importante que la planta se ubique en un lugar que reciba el máximo número de horas de sol directo al día, que no haya cerca árboles u otras estructuras que le den sombra.

Si se planta en una zona sombría, por muchos cuidados que le brindemos no va a prosperar adecuadamente.

Roquedos, muros soleados o zonas elevadas del jardín son buenos emplazamientos para esta planta.



Condiciones del suelo

Aunque se trata de una planta muy rústica que puede vivir sin ayuda, a veces se planta en suelos y climas que no le son favorables ―en los que no crecería de forma natural―, y por tanto, sí que puede ser necesaria alguna intervención por parte del jardinero.


Se debe plantar la lavanda en un suelo o sustrato aireado y con muy buen drenaje.


Nutrientes

Se trata de una planta muy poco exigente en nutrientes, que se desarrolla perfectamente en terrenos pobres. De hecho, la calidad de su aroma y su aceite son mejores en suelos pobres.

En un cultivo doméstico, no es necesario abonar la lavanda, o como mucho hacerlo cada 3 ó 4 años si se cosecha o poda con mucha frecuencia.

En cambio, cuando esta planta se cultiva con fines comerciales, sí se suele fertilizar para aumentar el rendimiento de la cosecha.


pH

Hay que tener presente que la mayoría de las especies de lavanda prefieren suelos alcalinos ―excepto el cantueso Lavandula stoechas subsp. pedunculata―, es decir, con pH alto, y aunque pueden crecer en suelos ligeramente ácidos, debemos procurarles unas condiciones más favorables, ya que no nos costará nada o muy poco.

Antes de nada, hay que comprobar qué nivel de pH tiene el suelo donde se encuentra la lavanda. Se puede medir con un ph-metro o tiras de papel indicador que se venden en farmacias. A veces basta con saber si la roca que abunda en la zona es ácida o alcalina.




Una vez que se conoce el pH, si esté es inferior a 7, será ácido, por lo que podrá corregirse añadiendo en los alrededores de la lavanda cal agrícola o cenizas de madera, removiendo después la tierra para que se mezcle bien. Después de una semana conviene medir de nuevo el pH para comprobar si ha subido.

Hay que tener precaución de no pasarse con la alcalinidad del suelo. Es preferible que se quede en valores neutros o ligeramente alcalinos a que se dispare el pH y el suelo se convierta en un elemento cáustico.


Riego

La lavanda es una planta natural de zonas secas y, por tanto, resiste muy bien en condiciones de escasez de agua, pero obviamente sin agua no vive.

Debe regarse sin falta ―pero sin encharcamientos― en el momento de realizar el trasplante y en caso de que no llueva en muchas semanas y el suelo se seque en exceso.

Si se mantiene en maceta habrá que tener más cuidado, puesto que estos recipientes ―y más cuanto más pequeños son― tienden a perder el agua rápidamente.

Como norma general, mantener un mínimo nivel de humedad en el suelo o el sustrato es suficiente cuando la planta está bien arraigada.


Eliminación de plantas competidoras

Si el suelo es rico en nitrógeno ―demasiado fértil― o presenta una humedad constante hasta la superficie del mismo, en él estarán germinando constantemente "malas hierbas", o mejor dicho, vegetación espontánea.

Es importante realizar escardas regulares para evitar que esa vegetación de rápido desarrollo rodée por completo a la planta de lavanda ―especialmente si esta es de pequeño tamaño.

Mantener el suelo despejado en la base de la lavada es un cuidado básico muy beneficioso por lo siguiente:

✔ La lavanda no tiene que competir con las adventicias por el agua ni los nutrientes, desarrollándose con menor necesidad de ambos.

✔ Permite la entrada de luz a la parte baja de la planta, conservándose las hojas en esa zona y manteniendo así una forma más estética.

✔ Mejora la circulación de aire alrededor de la planta, disminuyendo la humedad de la parte baja y evitando que aparezcan hongos en la lavanda.

✔ La escarda de la capa superficial del suelo mejora la aireación de este y baja el nivel de humedad del mismo.


PODA DE LA LAVANDA

Este es uno de los cuidados que más vas a apreciar en tu lavanda.

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