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Cultivo del eucalipto

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Descripción de la planta: porte, corteza, hojas, flores, frutos; condiciones de clima y suelo apropiadas, interés de este árbol y polémica acerca de su cultivo en masas forestales

Descripción de la planta

Se conocen con el nombre de eucaliptos a las más de 500 especies de árboles y arbustos del género Eucalyptus spp., perteneciente a la familia botánica de las mirtáceas, y casi todas originarias de Australia y Nueva Guinea.


Algunas especies de eucaliptos son muy interesantes para la industria maderera por su rápido crecimiento y por las buenas características de su madera, que se puede emplear para fabricar postes, tableros, pasta de papel, productos químicos, etc.

En cuanto a su talla, ciertos eucaliptos centenarios han sobrepasado los 60 metros de altura, como ocurre en el caso del que puede ser uno de los eucaliptos más altos de Europa, el ejemplar de Eucalyptus globulus conocido como O Avó (El abuelo), situado en Chavín (Lugo - Galicia), y declarado monumento natural por las autoridades medioambientales, aunque se ha descubierto hace poco que otro ejemplar cercano lo ha superado en altura. En Australia se haya un ejemplar de Eucalyptus grandis apodado "The Grandis" de unos 86 metros de altura.

Estos árboles se caracterizan por tener una corteza lisa en el tronco, de color variable según la especie y la edad del árbol, normalmente de un verde-azulado pálido, amarronado, rojizo o grisáceo. La corteza puede ser persistente o caduca, como ocurre en algunas especies como E. globulus, E. camaldulensis y E. saligna, en las que la capa más externa se desprende a medida que se renueva la corteza.

En cuanto a las hojas, son perennes, y de diferente forma, tamaño y color según el individuo sea juvenil o adulto, de hecho el paso de hoja juvenil a adulta es una etapa muy importante en la vida de estos árboles. Aunque en cada especie son ligeramente diferentes, las juveniles suelen ser más redondeadas, grandes y de color más azulado-pálido, mientras que las adultas son más largas y estrechas, curvas y de color verde-azulado oscuro.

Las flores son hermafroditas y aparecen en árboles adultos, solitarias o en racimos según la especie, sin pétalos y con largos y numerosos estambres de color blanco, dispuestos en forma de anillo alrededor del gineceo. Son muy apetecidas por los insectos libadores de néctar, como las abejas, por su aparición en invierno, cuando no hay muchos más recursos disponibles. También aprovechan su polen aunque no es de muy buena calidad por carecer de un aminoácido esencial.






En cuanto a los frutos, ya pueden distinguirse antes de que se desprenda su opérculo y aparezcan los estambres de la flor. La parte inferior del fruto, denominada hipantio, que es la que permanece una vez que termina la floración, puede tener diversas formas en función de la especie de que se trate, pudiendo ser esféricos, cónicos, ovoides, piriformes, etc.

En el interior de los frutos se forman las semillas, que una vez que maduran caen al suelo junto con ellos, liberándose después de unas pocas horas.


Clima y suelos apropiados

Los eucaliptos son árboles que prefieren climas templados y húmedos, con escasos días de heladas y ni con largos periodos de sequía.

Aunque algunas especies de eucalipto son bastante resistentes al frío, la mayoría vegetan mejor a bajas altitudes, entre 0 y unos 500 metros sobre el nivel del mar.

En cuanto a los suelos, pueden crecer en casi cualquiera aunque lo harán mejor en aquellos profundos, fértiles y húmedos pero sin encharcamientos.

Los árboles jóvenes son muy exigentes en fósforo y potasio, nutrientes que suelen escasear en algunos tipos de suelos, y que por tanto habrá que aportar mediante abonado.


Mala fama y bulos sobre el eucalipto

Este árbol no deja indiferente a nadie. Tiene detractores y defensores a partes iguales. De un lado, los productores, en su mayoría particulares que se dedican a otras actividades en el campo, como la agricultura o la ganadería, y que además poseen unas tierras forestares que deciden explotar con "lo que piensan que les da más rendimiento", es decir, con el eucalipto.

En el lado de los defensores está también la industria de la madera, desde las empresas que realizan trabajos en el monte, hasta las factorías en las que se transforma la madera en otros productos de consumo de gran valor para la sociedad, como el papel higiénico.

En el otro lado, el de los detractores, amplios sectores de la sociedad (generalmente de perfil urbanita), ecologistas activistas, una parte de la comunidad científica y, por supuesto, parte de la administración.






Pero sin entrar a debatir cuál de los dos grupos tiene razón, basta con una sola pregunta, y sus implicaciones, para zanjar este debate: ¿No es el del eucalipto un cultivo como lo son el maíz, la patata, el tomate, el pimiento, el tabaco, los cereales, las leguminosas, oleginosas, etc? La mayoría de estas especies no son autóctonas, al igual que el eucalipto, y han desplazado a otros cultivos que sí lo eran, como en su día ocurrió con la castaña. Entonces, ¿a qué se debe ese trato discriminatorio? El eucalipto no es una especie invasora como se dice (sin fundamento) en ocasiones. Solo se encuentra en suelos en los que se está cultivando o se ha cultivado con anterioridad. Sus semillas caen muy cerca de las plantas madre y solo logran germinar y prosperar si el suelo está desnudo, es decir, si ha habido un incendio o si ha sido trabajado para el cultivo. Por otro lado, tampoco es verdad que deteriore los suelos, alterándolos de una forma similar a otras especies forestales autóctonas. Por el contrario, su amplio sistema de raíces superficiales sostiene la tierra y contribuye a reducir la erosión, cosa que no ocurre en amplios lugares de España y otros países en los que el suelo está prácticamente desnudo o cubierto exclusivamente con vegetación herbácea que se seca en verano. Esto sí es un problema. Ojalá esos suelos pudieran tener eucalipto para protegerlos del sol y de la erosión. Y ya para colmo, aunque la madera, hojas y corteza del eucalipto arden muy bien, no es verdad que sea un problema en relación con la tragedia de los incendios forestales. En zonas de cultivo de eucalipto se producen menos incendios porque el monte suele estar más limpio y la población rural es la primera interesada en que sus plantaciones no se quemen. Esto no es así en montes de matorral autóctono en los que existe una cabaña ganadera en extensivo que se beneficia de que el monte arda y salga hierba para el ganado.

Se podría dar incluso más argumentos de por qué el eucalipto no es una especie muy diferente a otros cultivos comunes, pero ciertamente no es necesario. Es un cultivo, eso es todo! Nadie tiene derecho a reprocharle al vecino que cultive tomates o lechugas en su huerto, ¿verdad?


Eucalipto y nacionalismo

Esto que se va a plasmar a continuación es opinión basada en la reflexión y experiencia individuales, de hecho un servidor "pecaba" hace unos años de lo que se va a mencionar, y era una convicción con tan poco fundamento que hasta puede dar un poco de vergüenza expresarla ahora aquí.

En Galicia (España), una gran productora de eucalipto de cultivo forestal, fundamentalmente privado, existe una cara "B". Es la cara y opinión, bastante popular, de aquellos que tienen tirria al eucalipto. No quieren escuchar hablar de esta planta. La consideran un cáncer para las masas forestales autóctonas y algo que hay que erradicar de la región cuanto antes. En cierto modo es una reacción algo infantil e irracional, puesto que muchas de las personas que se manifiestan de esa manera, luego solo pueden dar los clásicos argumentos que circulan de boca en boca, en algunos medios patateros y tertulias de bar. Primero me convenzo de algo y luego lo sostengo con los argumentos que mejor me encajen.






Muy bien, ¿pero esto qué tiene que ver con el nacionalismo? Pues tiene que ver que en cierto modo, el odio al eucalipto puede deberse en muchos casos (por desgracia) a que es una especie foránea, introducida por el ser humano, y con gran presencia en los montes privados, en detrimento de otras especies "nativas" de la tierra. El eucalipto es, para una parte de la población, lo que la comunidad judía era en la Alemania de los años 40's. Su origen foráneo no justifica un odio tan irracional, puesto que igual de natural es un roble que un eucalipto, y tienen el mismo "derecho" a ser cultivados en una masa forestal. Ciertamente lo autóctono solo responde a una foto fija de un momento concreto (como las identidades nacionales), pero desde siempre la vida, las especies, colonizan nuevos territorios y se afincan en ellos. Si el eucalipto hubiera llegado hace miles de años de forma natural, con toda seguridad no soportaría ese odio nacionalista.

No se puede terminar este apartado sin poner en relieve el valor de las especies autóctonas y de los ecosistemas naturalmente equilibrados, pero cuando el ser humano interviene, esto se queda solo en una utopía. Ya sea plantando eucaliptos, construyendo carreteras, tendidos eléctricos, embalses, parques eólicos, y además cuando se hace a toda velocidad, como viene ocurriendo desde la revolución industrial. No hay ecosistema que pueda alcanzar un equilibrio ante tal cantidad de cambios rápidos. Y además de utopía una gran falta de coherencia, porque tanto los partidarios como los detractores, en este caso del eucalipto, escriben sus notas en un cuaderno, utilizan papel higiénico, servilletas o papel de cocina, guardan sus enseres en muebles de tableros de fibra, comen mejillones criados en bateas, se conectan a internet, ven la tele o encienden la luz, todo ello en parte gracias a la madera de eucalipto.


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