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Cómo eliminar las babosas y caracoles del huerto

Antonio Amigo - APÚNTATE ✉
Hablamos de la problemática de los caracoles y babosas como plaga del huerto y del jardín, y de diversas formas para combatirlos, tanto preventivas, como repelentes, biológicas o químicas.

Los caracoles y las babosas son moluscos, primos de los mejillones o las almejas, pero en este caso terrestres y comedores de plantas.

Se caracterizan por poseer un cuerpo blando, recubierto de una mucosa y esqueleto externo ―caracoles― o no ―babosas―.

Son tan voraces que en muchas zonas son una de las plagas principales de los cultivos de hoja ―lechugas, coles, espinacas, etc― y de algunos de fruto, como por ejemplo las fresas o los guisantes.

Los daños en los cultivos suelen producirse principalmente durante la primavera, una vez que estos animales reinician su actividad después del invierno, y si el clima es húmedo, se prolongan hasta finales del otoño.

A continuación veremos cómo evitar que acaben con los cultivos del huerto, pero antes trataremos de explicar por qué son tan dañinos y por qué es complicado combatirlos.


¿Por qué causan estragos?

Es interesante entender esto para luego poder emplear con ellos una estrategia efectiva.


Gran voracidad

Pues ya hemos dicho algo al respecto: son tremendamente voraces. Su apetito parece no acabarse nunca. Si el tiempo los acompaña, se pasan todo el día sobre las plantas, alimentándose de ellas sin descanso.


Difíciles de detectar

Tanto los caracoles como las babosas son expertos buscando escondites abrigados en los que pasar el día. Suelen ocultarse en los lugares menos expuestos y accesibles, tales como: orificios en muros, entre objetos depositados sobre el suelo, debajo de las hojas de algunas plantas o entre ellas.

Para ocultarse, además de lo anterior, los caracoles siempre buscan una superficie algo plana en la que pegar la abertura de su caparazón, mientras que las babosas prefieren esconderse entre la hierba o en el interior de algunas plantas densas, como el repollo.

Y por si fuera poco, salvo en días húmedos ―lluviosos o con niebla―, suelen salir de sus escondites al anochecer, para dirigirse hacia las zonas en las que se alimentan, generalmente allí donde las hojas o frutos son más jugosos y nutritivos.

Todo esto hace que sea realmente complicado dar con ellos ―a menos que se sepa donde buscar―, ya que de día solo serán apreciables los daños, pero no encontraremos al culpable en el lugar.


Pocos depredadores

En un ambiente natural, los caracoles y las babosas forman parte del menú de diferentes animales, como algunas especies de aves y mamíferos, pero en el entorno de la mayoría de los huertos, estos depredadores suelen escasear.

Ante esta situación y con alimento suficiente, estos moluscos solo hacen que aumentar su población una y otra vez, para desgracia del hortelano.







¿Cómo "acabar" con ellos?

Entre comillas porque no se trata de un exterminio, sino de simular el trabajo de los depredadores que debería haber en un entorno natural y que no están en los huertos.

Veamos qué remedios se pueden emplear para combatir a estos pequeños animales.


Prevención

Ya lo dice el refrán: "Más vale prevenir que curar", y en este caso se puede aplicar al pie de la letra.

Tanto los caracoles como las babosas necesitan de un ambiente húmedo y de refugio, como ya vimos, así que si no los tienen en el huerto, simplemente no podrán vivir en él.


Orden y limpieza

Esta es la clave.

Mantener el huerto y su entorno limpio y ordenado es de por sí una de las mejores formas de combatir esta plaga.


Nada de plásticos tirados por aquí y allá, nada de macetas vacías, de tablas o troncos apilados, ni piedras, ni ramas, etc. Simplicidad!

Tampoco se puede dejar que la vegetación espontánea crezca a su antojo. Manteniéndola siempre cortada ―especialmente cerca de muros y otros objetos que dan sombra y frescor―, estos animales tendrán que buscarse un refugio más alejado, quizás en el huerto del vecino ―mala suerte a menos que también tome medidas―.

Por otro lado, se debe evitar cultivar las hortalizas en entornos con mucha complejidad. Un ejemplo: si la finca tiene un viejo muro de piedra, hay que alejar el huerto todo lo que se pueda de este. Lo mismo si hay un zarzal o zona de maleza, una construcción abandonada, etc. Cuanto más simple sea el entorno del huerto mejor. Una franja de tierra desnuda ―grava, arena, etc― de un par de metros alrededor del mismo sería ideal.

¿Y que hay de plantar aromáticas entre los cultivos o alrededor del huerto? Pues en lo referente a esta plaga, fatal! Esas plantas densas son un escondite ideal para estos animalitos, especialmente si no hay nada mejor y más cerca.

La idea a quedado clara, ¿verdad? Un huerto limpio, ordenado y simple.

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Trampas

Puesto en práctica lo anterior, poco a poco habrá menos caracoles y babosas en el huerto, pero siempre quedará alguno que hará de las suyas.

Para capturar estos animales, hay que colocar trampas en el huerto y en sus alrededores. Veamos cuales.







Escondites trampa

Consiste en poner tejas, macetas boca abajo, platos o algo similar, entre los cultivos y alrededor del huerto, de manera que al amanecer, estos moluscos los vean como un buen refugio para pasar el día.

Después, antes de que llegue la noche, solo hay que levantar esos objetos uno por uno y recoger los animales para llevarlos lejos, para hacer una caracolada ―si es que gusta―, o para dárselos a las gallinas ―les encantan―.


Cerveza o harina de maíz

Otra trampa efectiva pero un poco más agresiva, consiste en colocar un vaso (o botella cortada ) semi-enterrada entre los cultivos y poner en él un par de centímetros de cerveza o de harina de maíz.

Los caracoles y babosas se sentirán atraídos por el olor de estas sustancias, entrando en el recipiente y ahogándose en la cerveza o empachándose de harina. ¿Un poco cruel quizás?


Repelentes

Ya van dos soluciones, pero además de prevenir su llegada y de capturar los que se queden, también se puede conseguir que no pasen desde sus refugios hacia los cultivos. ¿Cómo? Pues con repelentes.

¿Cómo funcionan? Pues resulta que estos animales se desplazan sobre una mucosa que van segregando a medida que avanzan, por lo que todo aquello que tenga una textura suelta o granular se queda pegado al animal, lo que le resulta muy desagradable y trata de evitarlo.

Hay muchos, pero estos son algunos de los más utilizados.


Cáscaras de huevo

Hay que machacarlas bien para reducirlas a pequeñas láminas. Luego se vierten sobre el suelo, formando una línea ancha o un círculo alrededor de las plantas.

Resultan efectivas aunque el tiempo sea lluvioso, pero mejor si está seco.


Ceniza de madera

Similar a lo anterior, pero además esta sustancia es muy alcalina ―escuece―, por lo que en cuanto la tocan se molestan mucho y se van.

Solo funciona mientras está seca. Si se moja no sirve.

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Aserrín

Más de lo mismo. En realidad el aserrín o serrín es muy similar a la cáscara de huevo triturada.

También funciona mojado, pero mucho mejor seco.

Hay que tener cuidado con su procedencia. Si lo ha producido una motosierra, seguramente esté contaminado con aceite mineral ―tóxico―, a menos que se usara uno ecológico, que no es lo habitual.







Lucha biológica

Aunque ya cerca del final del artículo, lo cierto es que, si se puede, este es un buen método para acabar con esta plaga, o por lo menos para mantenerla a raya.

Esto lo digo yo, de mi experiencia: "Desde que tengo gallinas no veo caracoles ni babosas en el huerto"

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Aves domésticas

Lo acabas de leer. A las gallinas, los patos y a otras aves de corral, les encantan los caracoles y las babosas ―antes de que crezcan―.

Pero te estarás preguntando como se pueden tener gallinas u otras aves en el huerto y que no echen a perder los cultivos. Esto se puede hacer de diversas formas, pero una de las mejores es construyendo el huerto dentro del corral ―o el corral alrededor del huerto―, de manera que todo el perímetro esté controlado por las aves, pero a su vez vallado para que no entren.

Esto es tremendamente efectivo, ya que nuevos caracoles y babosas lo tendrán más complicado para cruzar esa zona y entrar al huerto.

Además, cuando se tienen esa aves, uno siempre está atento para recoger todos aquellos caracoles y babosas que encuentra en el día a día ―sobre todo caracoles―, por lo que sin apenas darse cuenta, está limpiando el huerto de la plaga.


Lucha química

Y dado que cada huerto y cada situación es diferente, puede darse el caso de que sea necesario parar esta plaga de forma rápida y contundente.


Sulfato de hierro

El nombre asusta, pero en realidad solo es hierro mezclado con ácido sulfúrico, dos compuestos totalmente naturales. El ácido reacciona con el hierro y como resultado aparece el sulfato de hierro.

Bueno, pues esto es lo que se suele comercializar para proteger los pequeños cultivos de caracoles y babosas. Se vende en forma de gránulos ―como pequeñas piedras―, que hay que esparcir alrededor de las plantas a proteger, en los bordes del huerto, o en aquellas zonas por las que no se quieren que pasen estos moluscos.

El sulfato no se anda con bromas! Cuando el animal toca uno de los gránulos, se detiene de inmediato y muere.

A la mañana siguiente se encuentran sobre el suelo las conchas de los caracoles, aparentemente vacías, sin vida en su interior. El caracol se ha desecado.




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