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Cómo hacer abono orgánico


Aquí explicamos cómo elaborar abono orgánico de calidad, de forma sencilla a partir de restos vegetales que podemos obtener de la cocina, del huerto o del jardín, a coste cero y reciclando desechos.





➽ Abono maduro y listo para utilizar.

No hace falta de tener una granja o una cuadra de caballos para producir abono orgánico, sino que cualquiera lo puede elaborar de forma sencilla en su jardín, terraza o en cualquier otro espacio que se encuentre en el exterior.

El proceso mediante el cuál se produce este tipo de abono ocurre de forma natural, y sin que haya que hacer nada en especial, aparte de favorecer que las condiciones sean las mejores posibles.

De hecho, sin el proceso que veremos aquí, la superficie de La Tierra estaría cubierta por un montón de restos de animales y plantas muertos. Afortunadamente se han reciclado en forma de abono que ha pasado al suelo y de ahí de nuevo a las plantas.


QUÉ SON LOS ABONOS ORGÁNICOS

Lee primero este artículo si no tienes muy claro que es un abono orgánico.


Este que vamos a aprender a hacer, es uno de los fertilizantes orgánicos más populares ―sino el que más―, y se conoce como compost. Te suena el nombre ¿verdad?


Qué necesitamos

No muchas cosas porque, como hemos dicho, se trata de un proceso natural que ocurre constantemente en todo el mundo.


Espacio

Habrá que disponer de un espacio en el exterior de la vivienda, tanto más amplio cuanto mayor sea la cantidad de abono que se quiera producir.

Son ideales los rincones o esquinas de muros que permanecen a la sombra durante buena parte del día, aunque esto último no es indispensable, puesto que se puede adaptar posteriormente.

Es importante que el lugar elegido no esté debajo de una ventana o al lado de una entrada de aire a la vivienda, para evitar que penetren malos olores en la casa, aunque si se hace bien no deberían producirse.

Se puede acotar el espacio colocando barreras de madera ―u otro material no tóxico―, de manera que se forme una especie de recinto alto, depósito o recipiente dentro del cuál se producirá el abono. Esto no es estrictamente necesario pero resulta más cómodo.

Por último, hay que tener una tapa para proteger el recinto de la lluvia, sol, viento, animales, etc. de forma que el abono esté siempre resguardado. Un simple plástico que no permita el paso de la luz sirve perfectamente.


Materia vegetal

Este es el segundo elemento imprescindible para la fabricación del abono. Si has leído el artículo sobre qué es el abono orgánico (tienes el enlace más arriba), ya sabrás por qué.




Materia vegetal es cualquier resto que perteneciera a una planta, o las plantas enteras. A continuación tienes algunos ejemplos de materiales que puedes utilizar como fuente.


Fuentes de abono orgánico

  • ✔Hierba segada o arrancada (césped incluido)
  • ✔ Hojas de cualquier árbol o arbusto que no sea tóxico.
  • ✔ Rastrojos de cultivo (plantas de la huerta o del jardín)
  • ✔ Restos de frutas y verduras (desperdicios de la cocina)
  • ✔ Borra o posos de café, infusiones, etc.
  • ✔ Cáscaras de frutos secos (excepto si tienen sal como las pipas)
  • ✔ Conchas de moluscos (mejillones, almejas, navajas, etc) y cáscaras de huevo.
  • ✔ Papel y cartón que no tenga sustancias tóxicas
  • ✔ Excrementos de animales herbívoros
  • ✔ Virutas de madera y aserrín (excepto de motosierra ya que contiene aceites minerales)
  • ✔ Restos de podas triturados
  • ✔ Musgo, hongos, restos podridos de madera
  • ✔ Ceniza de madera en pequeñas cantidades (acelera el proceso)


Normalmente el material principal suele ser la hierba ―o el césped―, puesto que es lo más abundante en el entorno de una vivienda con jardín, y que se descompone rápidamente.


En general, cuanto más variadas sean las fuentes de materia orgánica que se utilicen, más rico y equilibrado será el abono resultante.


Proceso de fabricación

Quizás te sorprenda, pero solo tiene 3 pasos que se repiten a lo largo del tiempo, hasta que finalmente se obtiene el abono, o hasta que se desea parar el proceso.

A modo de introducción, no se trata de otra cosa que de amontonar la materia orgánica para que se descomponga, realizando además algunos cuidados cuando sera necesario. Todo esto lo veremos a continuación.


➊ Aporte de materia vegetal

➽ Pila de restos vegetales parcialmente descompuestos.

Una vez que se tiene preparado el lugar en el que se van a apilar los restos vegetales, ya se puede comenzar a llenar.

Si el suelo es de cemento u otro material impermeable, es recomendable añadir primero una capa de tierra en la base ―basta con 5 cm―, para que absorba los líquidos que se van a producir o el exceso de agua cuando se riegue y porque aportará microorganismos ―y lombrices o sus huevos― importantes para el proceso.

A partir de ese momento, cualquier resto ―de los que vimos en la tabla anterior― que no tenga otra utilidad se puede añadir a la pila, bien en el momento o agrupándolos primero en otro lugar para no tener que destapar tan a menudo el montón.




Se puede continuar aportando restos indefinidamente, ya que el abono que se vaya formando puede separarse fácilmente ―para utilizarlo― al remover la pila.

Si todo va bien, la materia vegetal comenzará a descomponerse rápidamente, especialmente en el interior del montón. Por eso se debe aportar una buena cantidad de restos al inicio, para que el interior de la pila quede más protegido y pueda comenzar el proceso más fácilmente.


➋ Manejo de la humedad

Es importante tapar la pila de restos para evitar que se seque en exceso, especialmente en verano y si está muy expuesta al sol y al viento.

Aún haciéndolo bien, los restos vegetales perderían la humedad si no se aporta agua en forma de riego de vez en cuando. Para saber en qué momento hacerlo, solo hay que destapar el montón y removerlo ligeramente.

Si los restos que están por debajo de la superficie se ven secos (color claro), hay presencia de hormigas o no se observan lombrices, es señal de que hay que aportar agua.

No hay que regar hasta encharcar la pila, basta con humedecer las capas superficiales que serán las más secas. Se puede regar una vez por semana para evitar que se pueda parar el proceso por falta de humedad.


➌ Aireación mediante volteo

Este último paso deberá repetirse con frecuencia, ya que acelera el proceso enormemente. Hay que realizarlo al menos cada 30 días en los meses de otoño a primavera y cada 15 días en verano.

Consiste en destapar la pila y deshacer el montón con un garabato, horca, rastrillo o herramienta similar (que tenga dientes), tirando de los restos hacia fuera.

Se aprovecha para observar cómo está avanzando el proceso de producción de abono orgánico, si hay lombrices, si está muy seco o muy mojado, etc. Terminada la observación, se hace el trabajo inverso, volviendo los restos al lugar original, pero con la diferencia de que ahora habrán quedado revueltos y aireados (los microorganismos que descomponen los restos necesitan oxígeno).

¿Qué pasa si no se voltea la pila? Pues que el proceso se hace más lento y puede desprender malos olores, debido a que se produce una descomposición anaerobia (como la que ocurre en la panza del ganado)

Si en alguno de los trabajos de volteo se observa que ha quedado abono maduro en el fondo de la pila ― de color oscuro y en el cuál no se diferencia los restos vegetales―, se puede aprovechar para recogerlo, tamizándolo si es posible para separar restos grandes que se hayan podido mezclar con el abono.


PROCESO DE COMPOSTAJE

Aquí tienes información más detallada sobre el proceso de elaboración de compost, el abono orgánico más común.

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