Uva

Cuidados de la parra o vid

Entutorado, fertilización o abonado, consideraciones para el riego y para el manejo de plagas y enfermedades

Necesitará menos atenciones en climas y suelos muy favorables para su cultivo, y más en zonas poco óptimas, pero en la mayoría de los climas templados es posible cultivarla con cierto éxito, siempre que se cuide.

A continuación se explican los cuidados más importantes de esta generosa planta que además de producir sabrosos frutos, posee también un alto valor ornamental.

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Entutorado

Sin duda este es uno de los cuidados más importantes de la parra, porque de no realizarse, la planta se arrastra por el suelo o trepa con sus zarcillos y de forma desordenada por cualquier cosa que encuentre cerca: árboles, construcciones, etc.

En las plantaciones profesionales, los viñedos, las plantas pueden no entutorarse o hacerlo de muchas formas diferentes, en función principalmente de la variedad.

Hay que aclarar que si la planta no se entutora, entonces se conoce como vid, y para ello se poda de manera que queda un tronco bajo y robusto, capaz de soportar la copa y, por supuesto, la cosecha. Pero esto no es lo ideal cuando solo se tiene una o dos plantas en el jardín o el huerto, porque se reduce mucho su potencial productivo. En ese caso es mejor formarlas como parras, es decir, permitir que desarrollen un tronco principal largo del que saldrán las ramas.

Para ello, hay que disponer de una estructura por la que guiar la parra, ya sea un muro, balcón, pasamanos, pérgola, etc. En el caso del muro, será necesario colocar sujeciones, atornilladas o insertadas con cemento, por ejemplo, cada aproximadamente 1 metro, o menos si se quiere, en las que poder atar el tronco de la parra. En los demás casos, se puede atar directamente en la estructura.

Aunque la altura a la que estará la parra no es muy importante, no conviene ni que esté muy próxima al suelo, ni tampoco demasiado alta. En el primer caso para evitar que las ramas y los racimos se ensucien o sean pisados, y en el segundo porque dificultaría mucho las labores de poda y recolección.

Además de lo anterior, es importante elegir bien hacia dónde crecerá la parra, porque la exposición solar es muy importante para lograr buenas producciones y de calidad.






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Fertilización o abonado

Las parras jóvenes requieren de un buen abonado, rico en nitrógeno y fósforo, principalmente, el primero muy importante para el crecimiento de la copa (hojas y ramas), y el segundo especialmente para las raíces.

Sin embargo en las parras adultas en plena producción, son aún más importantes todos los nutrientes, y especialmente el equilibrio entre ellos. Si sufre de escasez o de desequilibrio en algún nutriente, la producción no será todo lo buena que podría.

En terrenos alcalinos es dónde se pueden dar con más frecuencia determinadas carencias nutricionales, como la de hierro, por lo que requieren de un mejor control y de quizás abonados foliares cuando sea necesario corregir carencias.

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Las parras se pueden fertilizar con abonos orgánicos, como distintos tipos de estiércol, humus de lombriz o compost, pero como estos abonos pueden no ser muy equilibrados, conviene aportar una mezcla de varios de ellos, para que se compensen las carencias de unos con los excesos de los otros.

En cuanto a la época, es mejor añadir los abonos orgánicos en otoño, para que tengan tiempo de incorporarse al suelo y mineralizar antes de la llegada de la primavera, momento en el que la parra comenzará a extraerlos del suelo. Si no fuera suficiente, se pueden añadir abonos líquidos, como el purín de ortiga, a lo largo de la temporada de crecimiento.

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Riego

Las parras adultas tienen raíces muy potentes, capaces de extraer el agua de las profundidades del suelo, la zona más húmeda de este, y dónde incluso en regiones muy secas puede haber agua.

Dicho esto, si la parra aún se está desarrollando, o si el suelo no es muy profundo, conviene facilitarle un poco las cosas, aportándole el agua que necesita para que la pueda obtener de forma fácil y de la zona del suelo en la que están los nutrientes.






Tampoco conviene que el suelo esté encharcado o con exceso de humedad por largos periodos, sino más bien todo lo contrario, es decir, que se humedezca mucho al regar pero luego dejar que vaya perdiendo esa humedad durante algunos días hasta el próximo riego.

En climas húmedos y con parras plantadas directamente en el suelo, en el exterior, puede que no sea necesario regar en todo el año, o quizás solo en verano si se encadenan varias semanas sin lluvias.

Por otro lado, en suelos de textura fina (arcillosos y limosos), y siempre que sea necesario aportar agua, los riegos tienen que ser abundantes pero espaciados, dejando que el suelo se seque y airee entre cada riego. Sin embargo, en suelos más porosos (francos, arenosos), los riegos deben se menos intensos y más frecuentes, a fin de mantener la humedad y no desperdiciar el agua por infiltración a capas profundas, que además arrastra los nutrientes y los deja fuera del alcance de la parra.


Plagas y enfermedades

Las parras pueden sufrir multitud de ataques, tanto de plagas como de enfermedades, pero esto más frecuente en grandes zonas de viñedos, en los que las plagas o las enfermedades pasan fácilmente de una planta a otra, extendiéndose rápidamente. En parras aisladas no suele haber muchos problemas con las plagas, y quizás un poco más con algunas enfermedades, como por ejemplo la pudrición gris.

Tanto en un caso como en el otro, lo mejor siempre es actuar antes de que aparezca el problema, por ejemplo colocando trampas para insectos plaga, manteniendo la parra bien podada y nutrida, evitando los excesos de nitrógeno, asegurando una buena iluminación y aireación de las plantas, etc.

Como no tiene mucho sentido profundizar en cada plaga o enfermedad que puede padecer la parra y que luego nunca se dé, es mejor prevenir y vigilar, y se aparecen indicios, buscar síntomas parecidos para encontrar posibles tratamientos.