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Cómo plantar un naranjo


Explicamos paso a paso como plantar un naranjo teniendo en cuenta los factores clave que determinarán un buen desarrollo del árbol y prestando especial atención a aquellos que pueden hacerlo fracasar.


Lo cierto es que no hay grandes diferencias entre la plantación de un naranjo y la de cualquier otro árbol o arbusto de hoja perenne.

Quizás uno de los aspectos más importantes ―sino el que más― no tiene nada que ver con el proceso de plantación en sí, sino con la correcta elección del lugar dónde se va a ubicar, ya que el naranjo ―y los demás cítricos― no se desarrollan bien en cualquier zona.

Esta y otras cosas las veremos justo a continuación, y antes de entrar de lleno con todo el proceso que da respuesta la cuestión planteada en este artículo.


Consideraciones previas

El naranjo es sensible a las heladas, a los vientos fuertes, al exceso de humedad y a la falta de luz, cosas que se deben tener en cuenta a la hora de valorar si la zona es adecuada para el crecimiento de este frutal.

En terrenos muy alcalinos es bastante probable que el naranjo vaya a manifestar deficiencia de hierro de forma recurrente, así que podrá ser necesario corregirla mediante control del pH o adición de compuestos de hierro, bien de forma foliar o bien en el suelo.

En general, los cítricos son muy exigentes en nutrientes y rápidamente muestran signos de carencia, lo que se puede remediar abonando regularmente con abonos completos y equilibrados. Si no se quieren comprar, una buena y sencilla alternativa es la aplicación de fermentados vegetales ―y/o animales― como el purín de ortiga o de otras plantas no tóxicas.

Y para terminar este apartado, no se puede olvidar un hecho importante:

- No es recomendable añadir abonos minerales ―u orgánicos poco maduros― en el fondo del hoyo de plantación, ya que a menudo el efecto conseguido es perjudicial (por exceso o toxicidad) pudiendo causar graves daños o incluso acabar con el naranjo.


Proceso de plantación

Veamos ahora cómo llevar a cabo el paso del naranjo de la maceta ―si es que lo compramos con cepellón― a la tierra con las debidas precauciones.


Cuándo plantar

Con cepellón en cualquier momento del año excepto durante épocas de heladas o calores muy intensos.

A raíz desnuda mejor en primavera, después de que pasen las heladas pero antes de que llegue el calor, y a ser posible cuando el naranjo aún no haya comenzado a brotar.


CUÁNDO PLANTAR UN NARANJO

Aquí tienes más información al respecto de la época de plantación según clima y estado de la planta.



Elegir el emplazamiento

Este es uno de los aspectos más importantes, como ya se ha adelantado más arriba. El naranjo necesita una condiciones favorables para que se desarrolle sin inconvenientes y pueda fructificar con intensidad.


Muy soleado

Especialmente en regiones en las que los días nublados son muy frecuentes, conviene plantarlo en una zona en la que no reciba sombra en ningún momento del día, desde el amanecer hasta el atardecer. Esto garantizará ―si las demás condiciones son favorables― la máxima luminosidad, buen vigor, floración abundante y producción de fruta.

Es muy frecuente que se planten al pie de un muro orientado de este a oeste y del lado que da el sol todo el día. Esto garantiza luminosidad, calor y protección frente a vientos y heladas.


Protegido del frío y de los vientos

Las heladas y los vientos fuertes son los grandes enemigos del naranjo y de los cítricos en general.

Temperaturas próximas a 0℃ producen quemaduras en las hojas y extremos de las ramas, y los vientos intensos ocasionan la caída de gran parte de las hojas, quedando el árbol muy despoblado y debilitado, situación de la que tarda un tiempo en recuperarse.

Como ya se mencionó, plantarlo al lado de un muro bien orientado puede ser una excelente solución a este problema, aunque también se pueden emplear barreras naturales como setos u otros árboles de hoja perenne, cortavientos de plástico o de vidrio, invernaderos, mantas térmicas, etc.


Poca humedad ambiental

Aunque esto no es imprescindible, si se planta en una zona en que no se acumule demasiada humedad ambiental, se mantendrá más a salvo de plagas y enfermedades.

Esto se puede lograr garantizando una cierta circulación del aire y una buena luminosidad (zona muy soleada)

No cubrir con plásticos a menos que sea imprescindible para protegerlo del frío, ya que estos ―incluidos invernaderos― acumulan mucha humedad.


Suelo húmedo pero no encharcado

Por último, el naranjo requiere de un suelo húmedo pero es muy importante que este no se encharque, puesto que las raíces de este árbol no toleran nada bien el exceso de humedad, enfermando y pudriéndose con suma facilidad, lo que suele acabar con la muerte del naranjo.

En zonas llanas o deprimidas, plantar en elevaciones del terreno para garantizar que el exceso de agua escurrirá hacia abajo. Si no existen tales elevaciones se pueden realizar camas elevadas moviendo la tierra hacia el lugar en el que se va a plantar.


Realizar el hoyo

Ahora sí vamos a ponernos manos a la obra, a sudar un poco y a mancharnos de tierra.

Suponiendo que ya se ha tenido en cuenta todo lo dicho anteriormente, podemos comenzar a cavar el agujero en el que plantaremos el naranjo.

Es muy recomendable hacerlo todo lo grande que se pueda, especialmente si el suelo es duro o compacto. Parece una broma ¿verdad? En absoluto, no estoy de broma.

La razón fundamental por la que hacer el hoyo más amplio cuanto más duro es el suelo es fácil de comprender: facilitar el avance inicial de las raíces, ya que si al tratar de salir del cepellón se encuentran un suelo impenetrable, comenzarán a dar vueltas alrededor como si aún estuvieran dentro de la maceta. Si esto pasa, el árbol parecerá que no crece como debería y si se tira del tronco ―incluso meses después de haberlo plantado― saldrá del suelo sin dificultad, señal de que las raíces no pudieron arraigar en la tierra.

Si el suelo es blando, el tamaño del hoyo deberá se proporcional al del cepellón. Una regla para determinar el diámetro del agujero y que es muy fácil de recordar es la siguiente:

- Poner la maceta sobre el suelo y medir un palmo ―distancia entre el pulgar y el meñique con la mano totalmente abierta― por cada lado de la maceta. Ese será un buen diámetro, suficiente para garantizar que el naranjo arraigue sin dificultad al proporcionarle un palmo de tierra poco compactada.

En cuanto a la profundidad se puede seguir la misma regla. Darle al hoyo uno o dos palmos ―en funciónmás de profundidad que el fondo de la maceta


Introducir el cepellón

Practicado el agujero es momento de poner el cepellón dentro de él. Para ello se saca con cuidado la maceta o la bolsa que contiene el cepellón.

Si se aprecian raíces muy enrolladas conviene soltarlas un poco ―incluso cortarlas― para que no sigan dando vueltas o no se estrangulen unas a otras cuando aumenten de grosor.

Hecho esto, se coloca el cepellón dentro del hoyo ―en el centro― y se observa la parte alta de ambos. La superficie del cepellón y la del terreno deben quedar a la misma altura. Esto garantizará que si el árbol ha sido injertado, la tierra no llegue a la zona de unión entre el patrón y el injerto (se suele distinguir fácilmente por un abultamiento en el tallo a baja altura)

Se vierte tierra en el fondo de hoyo para hacer subir el cepellón hasta el nivel correcto, o se saca para hacerlo bajar. Conviene apretar un poco la tierra bajo el cepellón, de lo contrario puede pasar que este termine descendiendo cuando se compacte de forma natural a través de los riegos y la lluvia.


Aportar tierra

Una vez que el cepellón del naranjo se encuentra bien situado dentro del hoyo, es momento de comenzar a tapar el agujero mediante el aporte de tierra.

Debe echarse de un lado y del contrario para evitar que el cepellón se tuerza, apretándola un poco con las manos, los pies o la azada pero sin pasarse. Si no se hace esto último la tierra bajará mucho cuando se riegue y habrá que añadir más.


Apisonar ligeramente

Una vez que se llena el agujero de tierra, ya se puede pisar con los pies alrededor del cepellón para asentar el material y permitir que salga el exceso de aire. Con dar un par de vueltas alrededor del árbol es suficiente, tampoco hay que pasarse, especialmente en suelos arcillosos que tienden a volverse muy duros cuando se pisan.

El nivel de la tierra bajará al pisar, así que habrá que echar más hasta enrasar de nuevo el nivel. Tras esto ya no es necesario pisar de nuevo, pero sí hay que asegurarse de que quede una pequeña cuenca o alcorque coincidente con el diámetro del hoyo. Esto es importante para que no se escape el agua al regar y pueda formarse un pequeño lago.


Regar

Este suele ser el último paso de toda plantación. Es muy importante para que la tierra termine de asentarse y se expulse todo el aire sobrante de los poros del suelo.

Esto garantizará que el contracto entre las raíces y la tierra es perfecto y que habrá humedad suficiente para favorecer el avance de las raíces.

Hecho el alcorque en la parte alta del hoyo, se vierte agua hasta formar un lago y se espera a que se seque (infiltre). Se llena de nuevo el alcorque un par de veces más y con eso será suficiente.

Hay que tener en cuenta que cuanto más profundo se haya hecho el hoyo más veces habrá que realizar el llenado del "lago", para garantizar que el agua llegue hasta el fondo del agujero.


Una vez que se riega no se debe pisar la tierra alrededor del naranjo, esto es sumamente importante ya que podría compactarse en exceso. Si sobra tierra es preferible retirarla.


Entutorar

El naranjo ya está correctamente plantado en su lugar definitivo, pero aún queda un paso más, que aunque puede omitirse es muy beneficioso.

Se trata de instalar un tutor para amarrar el tallo del naranjo a este y evitar que sea zarandeado por el viento, que las mascotas lo doblen y para garantizar que crezca recto.

Para ello hay que clavar en el suelo una estaca fuerte de madera o de hierro, a una distancia de unos 10 cm del tallo y en el lado del que soplan los vientos dominantes. Será fácil de clavar en la tierra blanda del hoyo de plantación, por eso conviene realizar este paso ahora. Es preferible que la estaca sea redondeada y lisa, y que sea al menos igual de alta que el naranjo.

Una vez bien afianzada en el suelo, se ata el tronco del árbol a la estaca con cintas de cuero o de plástico, con cuidado de que no llegue a rozarse el uno con el otro. Se puede poner entre ambos un taco de goma o de corcho si se desea una unión más fija pero sin rozaduras.


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