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Huerto-ecologico

Cómo hacer un huerto ecológico

Planificando primero todo lo necesario, organizando después el trabajo, teniendo en cosas las actividades fundamentales, como el abonado, el acolchado, la rotación y asociación de cultivos, el empleo de remedios naturales

Un huerto ecológico es a fin de cuentas un huerto más. A simple vista, muchas personas tendrían dificultades para distinguirlo de uno que no lo fuera, porque aquello que lo hace diferente no se puede ver.

Haciendo huerto organico

Lo que hace que un huerto cualquiera pueda ser considerado ecológico es la forma de trabajar de las personas que lo manejan, basándose en principios de salud y bienestar, sostenibilidad, respeto al medio ambiente, etc

¿Y ya está? Pues sí, pero ese enfoque ecológico hace que todo cambie a la hora de planificar y mantener el huerto.

En comparación con un huerto convencional, el ecológico permite ahorrar dinero y otros recursos, obtener alimentos más nutritivos y saludables, y reducir el impacto ambiental de la actividad.

Hay que aclarar también que los alimentos producidos en un huerto ecológico familiar o particular, no tienen porqué ser equivalentes a los que se pueden comprar en comercios de agricultura ecológica. Estos últimos están certificados y han sido producidos bajo una normativa estricta para que puedan ser considerados ecológicos y etiquetados como tal. Los del huerto particular solo se suponen ecológicos, aunque no han sido certificados por ningún organismo oficial. En resumen, un huerto es tanto o tan poco ecológico como su dueño quiera o sepa.

¿Y por dónde se empieza para preparar y cultivar un huerto de este tipo? Por la planificación.

Planificación del huerto

A la hora de hacer una huerta, sea ecológica o no, es muy habitual improvisar. Ponerse a reunir materiales, retirar cosas de aquí y de allá, construir vallas o zanjas, etc. sin tener muy claro qué se está haciendo y si se hace en el orden correcto.

Medidas

Esta precipitación lleva a trabajar más de lo necesario, deshaciendo lo hecho para rehacerlo de nuevo más tarde, suspender trabajos cuando surgen situaciones que no se habían contemplado, etc. Trabajar sin un plan es lento y costoso, pero tiene solución y es fácil.

Por todo esto, antes de tocar ni un solo puñado de tierra, hay que sentarse a estudiar qué objetivos se quieren conseguir con el huerto, qué será necesario para alcanzarlos y cómo organizar todo para trabajar y gastar lo menos posible.






Es cierto que para alguien que se inicia es complicado realizar una planificación así, pero para eso hemos elaborado este artículo.

En el artículo enlazado más arriba se habla de lo que es un huerto ecológico y de lo que supone, así que si eso es lo deseado, a continuación se explican los pasos que hay que seguir para convertir un trozo de jardín en un nuevo y productivo huerto orgánico.


Una huerta ecológica no es más que una huerta normal en la que, además, se tienen en cuenta una serie de principios y se realizan actuaciones específicas para que sea orgánica.


Por tanto, si ya se dispone de un huerto convencional, es posible convertirlo en otro ecológico, simplemente cambiando algunos conceptos y algunas prácticas, y dejando pasar algún tiempo, si es que el suelo estaba contaminado con químicos agrícolas.

Visto ya cómo planificar la construcción de una huerta, ahora toca hablar de cómo hacer para que además sea ecológica.

Cómo organizar un huerto ecológico

Esto es lo que realmente marca la diferencia entre un huerto convencional y otro de este tipo, el modo de hacer las cosas.

Se va a dividir el funcionamiento de una huerta orgánica en 6 actividades principales, que son las que realmente la distinguen de los huertos convencionales.


Fertilización ecológica

El abono es el alimento del huerto. Si no se fertiliza la tierra de forma periódica el suelo se irá empobreciendo y la producción cada vez será menor.

Las hortalizas extraen nutrientes del suelo para crecer y esos nutrientes se van del huerto cuando se recolectan.

Como normal general, hay que tratar de devolver al suelo todo lo que se extrae del huerto: los restos de los cultivos y de las hortalizas que se llevan a la cocina, las adventicias (malas hierbas) que se retiran cuando se hacen escardas, hierba de los pasillos, etc.

Además, hay que aportar un abonado extra, puesto que los alimentos consumidos no regresarán al huerto, y siempre se pierde un poco de fertilidad cuando se trabaja el suelo o cuando permanece un tiempo desnudo.

Por ello, en un huerto orgánico es muy importante elaborar abonos orgánicos como el compost y el humus de lombriz, o disponer de estiércol de animales de granja como vacas, ovejas, caballos, gallinas, etc.






La ceniza de madera es otro excelente fertilizante natural, que contribuye a enriquecer el suelo y a mejorar su actividad biológica, pero deben aplicarse con mucho cuidado.


Pila de compost y compost in situ

Compost en la mano

Todo huerto ecológico que se precie debe disponer de un lugar para compostar los restos vegetales que se van recogiendo en la actividad diaria: césped cortado, hierbas adventicias del huerto y de los alrededores, restos de hortalizas, etc.

Es importante no echar a la pila del compost restos que puedan estar contaminados con pesticidas u otros productos químicos sintéticos o bien nocivos, aunque sean naturales. Tampoco plantas tóxicas.

La pila de compost constituirá la principal fuente de abono para el huerto pero no la única. Si se tienen animales de granja se podrá producir además estiércol. Una tercera forma consiste en extender restos vegetales sobre el huerto para que se descompongan allí mismo. Esto es lo que ocurre cuando se acolcha el suelo con restos orgánicos, pero eso se verá en el siguiente punto.


Acolchado del huerto

Esta práctica es fundamental por sus grandes ventajas.

Se trata de cubrir el suelo con algún material —de preferencia orgánico— para conservar la humedad, la temperatura, protegerlo del sol o la lluvia y obstaculizar el nacimiento de hierbas no deseadas.

Asociación de cultivos

Consiste en distribuir las plantas de forma que se pongan cerca las que se estimulan o ayudan entre ellas, mientras que se alejan las que no se toleran muy bien o se perjudican.

Aunque es lo principal, también se promueve la asociación con insectos y otros organismos que pueden ofrecer algún beneficio al huerto, como las mariquitas que se alimentan del pulgón, o los polinizadores como las abejas.

Rotación de cultivos

Como su nombre indica, consiste en ir cambiando de lugar los cultivos para evitar que se agoten ciertos nutrientes del suelo o aparezcan problemas de toxicidad. En el siguiente enlace se explica en detalle.






Gestión del agua

Otro punto fundamental es el concerniente al uso del agua, principalmente para riego, que suele suponer el mayor gasto en un huerto, especialmente si está ubicado en una zona cálida y seca.

Pues bien, el agua para riego ha de ser preferentemente de lluvia, captada de los tejados y patios próximos, y almacenada en tanques o depósitos para su uso posterior, ya que cuando llueve no hace falta.

En cuanto al sistema de riego, se ha de emplear uno de tipo localizado, puesto que permite ahorrar mucha agua y además es mejor para el desarrollo de las plantas, al permanecer el suelo siempre con una humedad constante.

Remedios naturales

En un huerto ecológico no se deben emplear plaguicidas sintéticos y otros químicos agrícolas, sino que hay echar mano de sustancias naturales, o de preparados realizados a partir de estas, para fortalecer las plantas, repeler y combatir plagas, etc.

Algunos de estos remedios son el purín de ortiga —también de otras plantas y de estiércol—, los caldos minerales como el bordelés, polvos de roca como el azufre o la tierra de diatomeas, jabones naturales, aceites, etc.

En definitiva, un huerto ecológico puede parecer un huerto más, pero lo cierto es que lleva aparejado mucho conocimiento y trabajo detrás de cada pequeño detalle.

Todo el trabajo extra se ve compensado al disfrutar del mucho mejor sabor de las frutas y verduras, y de la tranquilidad de saber que esos alimentos no contienen pesticidas.