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Fungicidas caseros para plantas


Descubre cómo puedes crear tus propios fungicidas caseros para prevenir o combatir las enfermedades producidas por hongos en tus plantas de huerto y jardín.


Los hongos son seres vivos muy diversos. Algunos de ellos son beneficiosos para nosotros, como las setas, por ejemplo. Otros son parásitos que causan enfermedades de diferente gravedad en plantas y animales.

(Los fungicidas los encontrarás más abajo)

Las enfermedades fúngicas más comunes en las plantas de nuestro huerto y jardín son el mildiu, el oidio y la roya. Suelen aparecer cuando se dan condiciones de humedad y temperatura altas. Las plantas adaptadas al ambiente local suelen ser más resistentes o incluso inmunes a las enfermedades fúngicas. En algunas hortalizas, como en los tomates, aparecen con frecuencia y causan daños de moderados a graves. Tendremos que estar atentos si queremos salvar la cosecha.

Existen en el mercado fungicidas comerciales específicos para cada tipo de afección. Siempre podremos recurrir a ellos si lo necesitamos o si no queremos preparar nuestros propios remedios caseros.


Prevención de los hongos

Como en cualquier enfermedad, lo mejor es la prevención, ya que, una vez infectada la planta por hongos, nos será más complicado eliminarlos. Si logramos evitar que los hongos colonicen los tejidos de nuestras plantas ya tendremos mucho ganado.

Evitar la humedad sobre las plantas en las épocas de temperaturas altas es un buen comienzo. No obstante, si aplicamos una serie de preparados caseros dificultaremos que los hongos lleguen a infectar las plantas o que, al menos, lo hagan de una forma más débil.


Fungicidas caseros más efectivos

A continuación hablaremos más en detalle sobre algunos de los fungicidas que se pueden preparar en casa a partir de plantas o productos cotidianos.


Cola de caballo

Esta planta denominada Equisetum arvense, contiene grandes cantidades de sílice ―fortalece las paredes vegetales dificultando la entrada de patógenos―, pero además otras sustancias que son tóxicas para los hongos.

Se puede emplear para prevenir y combatir la mayor parte de las enfermedades fúngicas de las plantas.


Preparación

Existen muchas recetas para preparar este remedio casero, pero una de las más sencillas y populares es la siguiente:

- Cortar en trozos pequeños la cola de caballo e introducirlos en una cazuela (la cantidad será proporcional a la de agua, por lo que no importa).

- Verter agua hasta cubrirlos completamente, remover y seguidamente tapar.

- Dejar reposar medio día.

- Cocer a fuego lento durante 15 minutos.

- Dejar enfriar y colar para separar el líquido del sólido.

Este preparado se puede guardar en la nevera para utilizar preferiblemente en los siguientes 30 días.


Aplicación

Aplicar diluida a 1:4, una parte de preparado + tres partes de agua.

Para prevenir las infecciones fúngicas, aplicar una vez por semana o cada 15 días, según climatología.

Si la enfermedad ya está instalada, tratar cada dos días hasta erradicarla, o durante tres días seguidos una vez por semana.


Agua oxigenada

Este desinfectante casero se puede utilizar diluido para combatir hongos en la tierra y en las plantas, además de para desinfectar herramientas.

Para aplicaciones preventivas, mezclar 7.5 mililitros de agua oxigenada por cada litro de agua y pulverizar toda superficie de la planta.

Si los hongos ya han infectado la planta, emplear 15 ml por litro de agua.

También se puede emplear para facilitar la germinación de las semillas, ya que por un lado desinfecta el suelo, y por otro favorece que penetre mejor en agua en las semillas, germinando más pronto.


Hojas de papaya

Parece ser que las hojas de este árbol contienen alcaloides y enzimas con poder fungicida, pero también nematicida.

Mezclar 1kg de hojas trituradas con 60 gramos de jabón natural rayado en 4 litros de agua, dejar reposar 2 horas y aplicar el mismo día.

Para prevenir o eliminar nemátodos ―infectan las raíces― es necesario regar el suelo con este preparado.


Leche

➽ Hoja de calabaza afectada por Oidio.

La leche de vaca ―y quizás de otros animales― es un potente fungicida, especialmente indicado para la prevención y tratamiento de la oidiosis, enfermedad muy común en cucurbitáceas y vid, entre otras.

Diversos ensayos de laboratorio han demostrado su efectividad, siendo muy similar a la del tratamiento clásico con azufre.

Se ha probado en vid, tomate y calabacín con éxito, tanto con efectos preventivos como curativos, llegando casi a erradicar por completo la enfermedad.

Su poder es mayor si se emplea como tratamiento preventivo.

La dosis más efectiva es la 1/10, es decir, una parte de leche y nueve de agua.

Se debe pulverizar tanto por el haz como por el envés de las hojas (parte de arriba y parte de abajo), ya que el resultado es mucho mejor.

Es posible utilizar leche entera, semidesnatada o desnatada, e incluso otros productos lácteos.

Hay que aclarar bien el pulverizador una vez terminado el trabajo, de lo contrario se pudrirán en su interior los restos de leche, generando malos olores y suciedad.


Además de las anteriores, otros preparados a base de ajo, de cebolla, de tomillo o de cenizas de madera, también parecen tener un efecto fungicida, si bien no es tan marcado como el de los que desarrollamos en este artículo.


Recomendaciones

Es importante que la aplicación del fungicida en forma de pulverización se realice en ausencia de viento y sol, preferiblemente a primeras horas de la mañana o, si no es posible, después de la puesta del sol.

No se debe tratar si está lloviendo o se esperan lluvias en las siguientes horas. Es más recomendable aplicar justo después de un periodo de lluvias.

Las salpicaduras de las gotas de lluvia suelen llevar las esporas del hongo desde el suelo hasta la planta, germinando y penetrando en la planta cuando las condiciones son favorables, normalmente con el aumento de temperaturas posterior a las lluvias.

Añadir a la mezcla un humectante ―jabón o alcohol― suele mejorar la efectividad del fungicida, puesto que este se extiende mejor sobre la superficie de la planta y penetra más fácilmente en los tejidos.

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