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Cuidados de la salvia

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Riego, abonado, poda y otros cuidados que hacen de una planta de salvia cualquiera, una especialmente bonita y vigorosa.

Desherbado

Como pasa con casi cualquier planta cultivada, la vegetación que crece en el suelo de forma espontánea, suele suponer un gran problema.

Las "malas hierbas" crecen más rápido que la salvia, ocupando el espacio e impidiendo que la luz llegue a las partes bajas de la planta. En consecuencia, esas zonas suelen perder las hojas, quedando despobladas y con muy mal aspecto.

Por otro lado, las adventicias roban con gran voracidad el agua y los nutrientes del suelo, haciendo que la salvia encuentre dificultades para desarrollarse. En consecuencia, crecerá mucho más lentamente de lo que debería.

Y para rematar, si el clima es húmedo y la salvia está rodeada de vegetación espesa, se puede crear un ambiente propicio para la aparición de enfermedades en la planta, especialmente hongos en la parte baja.

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Es fundamental mantener el suelo limpio alrededor de la salvia, libre de otras plantas competidoras.


Riego

Aunque la salvia es una planta rústica, adaptaba a vivir en ambientes secos, diversos ensayos de campo han demostrado que el riego mejora considerablemente su desarrollo.

Podría decirse entonces que, regar lo suficiente como para que nunca le falte agua, pero sin llegar al encharcamiento, es lo ideal.

Normalmente, en climas con precipitaciones bien repartidas, no suele ser necesario regar la salvia. En cambio, en los climas secos se debe regar siempre que sea necesario.

Como ya se ha explicado en el artículo general sobre el cultivo de la salvia, los suelos encharcados son una causa de muerte segura para esta planta.


Mantener la tierra algo húmeda con riegos cortos y frecuentes, o bien riegos abundantes muy espaciados, dejando que el suelo se seque casi del todo.


Si la salvia crece en una maceta, es muy importante retirar el agua del plato para evitar que el sustrato se encharque.


Abonado

Es especialmente importante si el suelo no es lo suficientemente fértil, y sobre todo al inicio del cultivo, cuando la planta va a demandar más nutrientes.






Hay que tener cuidado de no aportar demasiada cantidad, y preferiblemente añadir abonos orgánicos bien maduros, como el compost.

En cuanto a la época, mejor en invierno o comienzos de la primavera, ya que así serán aprovechados cuando la planta brote. A finales del verano y a principios de otoño, conviene no abonar para evitar un rebrote tardío que luego puede sufrir daños con las heladas.



Poda

La salvia, al igual que la lavanda o el romero, necesita de al menos una poda anual. Si no se realiza esta poda, lo que ocurre es que las ramas crecen mucho a lo largo y cuelgan hacia el suelo, quedando la planta despoblada en el centro y poco estética.

La poda, ejecutada correctamente, favorece la ramificación de los tallos y la renovación de la copa. En consecuencia, la salvia tendrá una forma más redondeada, será más baja y compacta, tendrá un follaje más vigoroso y una floración más intensa.


Poda de formación

Cuando la planta es muy joven, y si crece en un solo tallo vertical, conviene cortarlo dejándolo a un tercio de su longitud. Esta primera poda favorece la aparición de ramas laterales que formarán una copa redondeada. En primavera es un buen momento.


Poda de mantenimiento

Esta poda no es necesaria si la salvia se cosecha (siega) al menos una vez al año, porque esto ya promueve un rebrote constante.

Sin embargo, si la planta se deja crecer a su aire, aunque se haya realizado la poda de formación, pronto adquirirá un aspecto poco agradable. Los tallos crecen demasiado y bajan hacia el suelo, el interior de la salvia queda entonces despoblado.

Para impedir que pase esto, conviene podar desde la base los tallos débiles (delgados) y recortar en altura todos los demás. Con esto se favorece una copa más baja y compacta.

Justo después de la floración es un buen momento, o en plena floración si se desea aprovechar para cosechar las inflorescencias.


Poda de renovación

Cuando la salvia ha crecido descuidada, tanto que ya no hay manera de sanearla, es el momento de renovar la planta mediante una poda brusca.

Consiste en cortar la planta a unos 20 cm del suelo, para favorecer así que se produzca un gran rebrote, que dará lugar a nuevos tallos que repoblarán la mata rápidamente.

La mejor época para realizar esta poda es a comienzos del verano, abonando luego la planta y regando siempre que sea necesario para mantener la tierra húmeda. Nunca debe hacerse en otoño, ya que los brotes tiernos podrían perecer con el frío.

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