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Tipos de poda en frutales


Estos son los tipos de poda que se suelen practicar en frutales; desde la de formación hasta la de rejuvenecimiento, pasando por las de limpieza o mantenimiento, las de producción o fructificación, e incluso la poda en verde como una variante.


Los árboles y arbustos frutales pueden y deben podarse, pero no es obligatorio hacerlo cuando la calidad de la fruta no es el objetivo principal.

La naturaleza se encarga de podar las partes muertas o enfermas, las ramas que no reciben luz, que están enfermas, etc. pero es un proceso lento que mantiene durante mucho tiempo estructuras improductivas, que suponen un riesgo para el frutal y entorpecen el desarrollo de nuevas ramas.

El propietario debe escoger entre frutales con formas naturales y una producción muy abundante pero poco accesible y de peor calidad; o árboles formados expresamente para la producción de fruta: con copas más bajas, estructuradas y fuertes, iluminadas y aireadas, que permitirán producciones de fruta de buena calidad y homogeneidad.

Lo ideal en la mayoría de los frutales es que se realicen los siguientes 4 tipos de poda.


Poda de formación

Es la primera que se lleva a cabo cuando se planta un frutal joven y debe hacerse anualmente hasta que se considere completamente formado.

Como su nombre indica, el objetivo de esta poda es dar forma; lograr un árbol de copa baja, robusto, equilibrado, bien iluminado y aireado; en definitiva, con una forma optimizada para la producción de fruta y para la recolección.

Se puede subdividir en los siguientes puntos.


Modelar la forma

Si no se interviene, un árbol joven tiende a desarrollar una forma muy vertical, con mucho vigor, una copa muy alta y densa que dará mucha cantidad de fruta pero de pequeño tamaño y, además, tardará más tiempo en comenzar a producir.

Otras veces surgen dos ramas codominantes que compiten por desarrollarse verticalmente, dando lugar a una bifurcación nada deseable que puede quebrarse fácilmente con el viento o el peso de los frutos.

Con la poda se obliga al árbol a romper la dominancia apical y desarrollar varias ramas principales de crecimiento más horizontal, que darán lugar a una copa robusta pero abierta.

Algunas de estas formas son: vaso, palmera, espaldera, pirámide, etc.


Orientar el crecimiento

Es frecuente que una parte del joven frutal tienda a desarrollarse más que la otra o que surjan ramas que crecen hacia el interior de la copa, cosa nada deseable.

Este aspecto consiste en podar por encima de aquellas yemas que están mejor orientadas, de forma que el brote que nacerá de ellas tomará la dirección correcta ―ángulo abierto y hacia el exterior de la copa.

A veces es necesario atar una rama a una estaca para desviarla ligeramente de su trayectoria o dejarla en una posición más horizontal. De esta forma se puede evitar cortarla.


Poda de mantenimiento

Puesto que la poda es una intervención que altera la estructura natural de los árboles, estos siempre tenderán a recuperar su forma nativa, más asilvestrada. Para impedirlo, es necesario actuar con frecuencia para controlar esta tendencia natural, de lo contrario luego habría que cortar grandes ramas, cosa es más perjudicial para el frutal y para los intereses del fruticultor.

Además, suelen aparecer partes enfermas, rotas o muertas que si se dejan en el árbol podrían poner en peligro todo el ejemplar.

Se suele realizar anualmente ―una vez que el frutal es adulto― para mantener el árbol sano y equilibrado, podando aquellas partes que no son importantes para la producción, que tienen un crecimiento muy vertical y vigoroso, o que tienden a enmarañar la copa y salirse de la forma establecida.

Esta poda se puede dividir en tres intervenciones principales.


Retirar madera enferma o muerta

Se podan aquellas ramas que han sido infectadas por alguna enfermedad o que directamente se han secado.

Haciendo esto se reduce mucho en riesgo de que la infección continúe extendiéndose por el resto del frutal y se deja espacio libre para que un nuevo brote ocupe el lugar de la rama eliminada.

Esto es lo primero que se hace cuando se inicia un trabajo de poda.


Sanear heridas

Los vientos, la nieve, el peso de la fruta, los animales, etc. pueden romper o astillar ramas.

La herida producida suele ser siempre muy aparatosa y poco definida, por lo que acumula agua de lluvia y puede ser una puerta de entrada de muchas enfermedades.

Podando la rama por detrás de la herida ―o a veces toda la rama― se deja un corte limpio que se puede tapar fácilmente con mastic y que cicatrizará más rápidamente.


Eliminar chupones

Los chupones son vástagos muy vigorosos y de crecimiento vertical que suelen desarrollarse en la parte baja del tronco o en ramas demasiado horizontales, y que suelen aparecer en respuesta a una poda demasiado agresiva.

En un árbol bien formado y bien podado, no deberían surgir apenas chupones, pero a veces ―como ya vimos― es necesario cortar ramas dañadas, alterando el equilibrio entre la copa y las raíces. El árbol responde emitiendo chupones para reponer la parte de la copa que ha sido eliminada y así restablecer el equilibrio cuanto antes.

Por tanto, hay que evitar las intervenciones que favorecen la aparición de chupones, pero una vez que surgen es necesario cortarlos, puesto que no dan fruto y crecen de forma desproporcionada y mal orientada.

En ocasiones, si se desea repoblar una zona de la copa, se puede inclinar un chupón para que crezca más horizontal, en lugar de podarlo. En todo caso, al inclinarlo deja de ser un chupón y pasa a comportarse como una rama más.


Poda de fructificación

➽ Manzano adulto que nunca se ha podado

Esta poda consiste en intervenir sobre el frutal para conseguir un equilibrio entre el crecimiento de madera nueva y la producción de fruta de calidad.

Se realiza anualmente y consiste en eliminar algunos vástagos viejos e improductivos y reducir la longitud de otros nuevos que contienen principalmente yemas de madera, de forma que se formen en estos últimos nuevas yemas de flor.

Otras veces la cantidad de estructuras de fructificación es es muy elevada y apenas hay crecimiento de madera nueva, que es la que soporta la mayor parte del follaje. Eliminando parte de las yemas de fruto, surgirán nuevos brotes de madera, y se repartirán los nutrientes del árbol entre menos frutos, por lo que el tamaño y calidad de estos será mayor.

En ocasiones ocurre lo contrario. El frutal tiene muchas yemas de madera y pocas de flor. Esto suele deberse a que es joven o a que se ha podado con mucha intensidad y trata de recuperar el tamaño original de la copa. Esa es su prioridad y hasta que no la restituya casi por completo no surgirán yemas de fruto.

En este caso habría que realizar una poda muy ligera para que el árbol desarrolle más yemas de flor.


Poda en verde o poda de verano

Esta se podría incluir dentro de la poda de fructificación, o también en la de mantenimiento, puesto que tiene algo de ambas cosas.

Algunos frutales a los que se les ha dado formas muy elaboradas, tienden a desequilibrarse con el crecimiento de los brotes del año, que además taparán los frutos retrasando su maduración.

En estos casos, es necesario acortar esos brotes durante el verano ―cuando el árbol tiene hojas― para frenar su crecimiento e impedir que se desorganice la estructura del frutal.

Además, esta operación favorece la formación de yemas de flor, que darán fruto en la siguiente temporada.


Poda de renovación

También conocida como poda de rejuvenecimiento o de restauración, consiste en eliminar parte de la copa de un frutal viejo cuya producción ha descendido mucho.

Se suele realizar en varias etapas, para reducir el sufrimiento del árbol y cortando grandes ramas cerca del tronco, para que rebroten con madera nueva y productiva.

Tras la poda de renovación es frecuente que el frutal tarde un tiempo en volver a producir fruta, ya que ha perdido las yemas de flor y su prioridad es restituir la copa. Una vez que lo haya logrado, comenzará de nuevo a emitir yemas de fruto.

Es aconsejable en frutales cuyo periodo juvenil es largo pero no compensa en aquellos que entran rápido en producción, como es el caso de los melocotoneros o los ciruelos. En estos casos es mejor eliminar el frutal y plantar uno nuevo.


Un caso real

Teníamos en nuestra finca un limonero viejo que daba unos excelentes limones durante casi todo el año. Estábamos encantados con él.

Un día tras un temporal de viento, descubrimos que estaba tendido en el suelo. Algunas de sus raíces principales se habían roto y ya no se sostenía de pié.

Decidimos intentar un trasplante hacia otra zona más resguardada del viento, con la esperanza de que el árbol pudiera soportarlo.

Lo extrajimos del suelo ―efectivamente tenía varias raíces gruesas rotas― y lo podamos de forma drástica para compensar la pérdida de raíces y, al mismo tiempo, para rejuvenecerlo.

Tras plantarlo de nuevo, abonarlo y regarlo con mimo, observamos que comenzaba a emitir unos pequeños brotes, así que respiramos aliviados.

A los pocos meses ya tenía una pequeña copa y, para nuestra sorpresa, estaba produciendo nuevas flores, que por supuesto eliminamos para que el consumo de los frutos no debilitara el maltrecho limonero.


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