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Siembra a chorrillo

Explicamos en qué consiste el método de siembra a chorrillo y qué hortalizas se pueden o se deben sembrar de esta manera para obtener buenos cosechas.



Este tipo de siembra se enmarca dentro de la siembra directa o de asiento aunque, estrictamente, su manera de proceder se puede utilizar también en siembra protegida o en semilleros.

Consiste en realizar un surco más o menos profundo en el suelo —o sustrato— y esparcir las semillas de forma continua y lineal a lo largo de éste. Posteriormente se cubren las semillas aportando tierra al surco, tanto más cuanto más grandes sean éstas.

Una regla general que funciona bien es no tapar las semillas con más capa de tierra que el doble de su tamaño. Es decir, si las semillas miden 3 mm, se cubrirán como máximo con 6mm de tierra. Obviamente, esto se hace de forma aproximada y la experiencia del horticultor le ayudará mucho a acertar. No obstante, es mejor quedarse corto que pasarse. Una semilla enterrada a mucha profundidad puede agotar sus reservas tratando de alcanzar la superficie y no lograrlo. En cambio si queda más somera, y dispone de la humedad suficiente, su raíz brotará y buscará ganar profundidad rápidamente. Incluso si la semilla se queda en superficie, no tendría problema para arraigar correctamente siempre y cuando no falte la humedad durante todo el proceso de germinación.

Un error muy común...

Sobre todo cuando se cultivan hortalizas por primera vez, y no se dispone de la información adecuada al respecto, consiste en enterrar demasiado las semillas, quizás pensando que "cuanto más profundo mejor".

En cambio, en la naturaleza las semillas caen sobre el suelo y nadie las entierra. Muchas son consumidas por animales —o llevadas por éstos a lugares donde nunca podrán germinar—, otras son arrastradas por el agua de escorrentía y algunas de ellas quedan bajo la hojarasca. Éstas últimas serán las que germinen bajo las hojas, en un ambiente húmedo y rico en nutrientes, pero nunca bajo tierra.

La profundidad del surco realizado también será diferente en función del tamaño de las semillas. Si éstas son muy pequeñas, basta con hacer una marca en la tierra con el dedo o un palo. Si son más grandes, como las del guisante, se puede realizar un surco con azada y, una vez depositadas las semillas, hacer un segundo surco —paralelo al anterior y sobre la cresta de éste— para taparlas sin apelmazar la tierra.

Este tipo de siembra se suele emplear para semillas de pequeño tamaño y plantas que crecerán bastante juntas, como en el caso de la de zanahoria o los canónigos.

Algunas semillas de tamaño medio o grande, como los guisantes, también pueden sembrarse de esta manera. Aunque pueda parecer que quedan muy juntas, algunas no germinarán, dejando espacios vacíos de forma regular en todo el surco. Si germinaran demasiadas y supusieran un inconveniente por falta de espacio, se debería realizar un raleo para eliminar las plantas más débiles, de entre las que estuvieran peor situadas.

También se suele utilizar para realizar la siembra en semillero sin alveolos —o compartimentos individuales—. Por ejemplo, si sembramos un semillero de lechuga en un cajón o jardinera rectangular, podemos hacerlo de esta manera. También si sembramos varias hortalizas en el mismo semillero.

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