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Cómo germinar semillas en tierra

Descubre aquí cómo germinar semillas de cualquier planta en tierra, ya sea directamente en el suelo del huerto o del jardín, o empleando una maceta o recipiente llena de tierra, que nos servirá de semillero improvisado


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Cuando hablamos de germinar semillas en tierra, podemos referirnos tanto al hecho de sembrarlas en el suelo como a hacerlo en una maceta o recipiente lleno de sustrato o tierra.

Aquí veremos ambas maneras, ya que las únicas diferencias entre ellas residen en la preparación de la tierra. La forma de proceder con las semillas es la misma.


Germinación directamente en tierra

Para muchas plantas comestibles y ornamentales, y algunos frutales, la germinación de las semillas directamente en el suelo, o la tierra, da muy buenos resultados, aunque existen una serie de limitaciones.


Limitaciones

- Este método solo sirve si se realiza en el momento adecuado del año (ver calendarios de siembra), según el clima de cada región, el ciclo de cada planta y su adaptación al entorno. Por ejemplo, de nada sirve tratar de germinar semillas de pimiento en la tierra del huerto si estamos en la época fría. Las que logren germinar lo harán muchos meses después, cuando las condiciones sí sean las adecuadas.

- Si desconocemos el aspecto de la planta que vamos a germinar, corremos el riesgo de que no la identifiquemos cuando germine, puesto que también nacerán muchas hierbas oportunistas que nos pueden llevar a engaño. Para facilitar la identificación, es bueno sembrar siguiendo formas geométricas —por ejemplo líneas—. Luego solo tendremos que observar cuáles de las plantas germinadas siguen ese patrón rectilíneo.


En el enlace de más abajo puedes aprender más acerca de los tipos de siembra que se suelen realizar en tierra, tanto si se hacen directamente en el suelo como si recurre a semilleros o almácigos.



Necesitaremos...

- Semillas

- Una zona del huerto o jardín acorde a la cantidad de semillas que vamos a germinar. Si está bien expuesta al sol y protegida por un muro, seto, etc. mejor.


Proceso paso a paso

Preparación del suelo. Debemos retirar la vegetación que pudiera haber —junto con sus raíces—, piedras grandes u otros objetos que encontremos en los primeros centímetros de suelo.

Con la tierra en sazón —que no se pegue en las herramientas—, será muy útil para este trabajo el rastrillo, ya que permite extraer fácilmente todos aquellos objetos mayores de un determinado tamaño, establecido por la separación entre los dientes de la herramienta.

Si queremos que las plantas crezcan, al menos durante un tiempo, en el lugar en el que las vamos a germinar, será necesario aportar —si fueran necesarios— elementos nutritivos al suelo en forma de abonos orgánicos bien descompuestos o, en su defecto, minerales y correctores del pH, en su caso.

Regamos si es necesario. Si vemos que la tierra está muy seca —sale polvo cuando la movemos- debemos regarla bien hasta que se humedezca por completo y adquiera una textura exponjosa pero sin llegar a apelmazarse.

Si nos pasamos con el agua no pasa nada, simplemente tendremos que esperar a que se infiltre y que el sol y el viento evaporen parte del exceso.

Sembramos. Llega el momento de dispersar las semillas por el suelo y, para ello, emplearemos alguno de estos tipos de siembra.

Este paso es fundamental realizarlo bien, puesto que si no se hace adecuadamente, las semillas podrían tener problemas para germinar o no llegar a hacerlo nunca.

Vigilancia y mantenimiento. Los próximos días o semanas —según el tiempo que suelan necesitar nuestras semillas en germinar—, estaremos pendientes de la zona que sembramos, al menos una vez al día —o cuando podamos—, para ver si comienza a nacer alguna planta o si el suelo se seca en exceso.

Debemos tratar de mantener el suelo húmedo en todo momento, especialmente si las semillas que sembramos eran muy pequeñas y, por tanto, las depositamos sobre la tierra o muy poco enterradas. Con semillas más grandes y enterradas a más profundidad, no será necesario un riego tan frecuente, puesto que el suelo permanecerá más tiempo húmedo a medida que que la profundidad aumenta.

Si llueve no regaremos, y si lo hace con mucha fuerza, tendremos que tratar de cubrir la zona con un plástico o, mejor, una tela traslúcida y permeable, como una sábana blanca.



Germinación en maceta

Germinar semillas en tierra pero utilizando una maceta o recipiente tiene una serie de ventajas con respecto a hacerlo directamente en el suelo.


Ventajas de germinar en maceta

- La principal ventaja es que podemos transportar la maceta de un lugar a otro para aprovechar mejor las condiciones. Por ejemplo, de noche podemos meterla en casa —dónde habrá una temperatura más agradable— y de día la sacaremos al exterior para que, si las plantas ya han germinado, reciban luz y calor del sol.

- Una segunda ventaja es que tenemos controlado en todo momento dónde nacerán las plantas que tratamos de germinar. Sabemos que lo harán dentro de la maceta, dónde las sembramos, por lo que nos será mucho más fácil diferenciarlas de otras plantas oportunistas que pudieran germinar de forma espontánea.

- La tercera ventaja es que podemos llenar la maceta con diferentes tipos de sustratos, según más convenga a las plantas que queremos germinar y, si se trata de sustratos comerciales de calidad, sabremos que no nacerán otras semillas que no sean las que nosotros sembramos.


Desventajas

- Si las plantas que vamos a germinar alcanzan tamaños considerables, tendremos que trasplantarlas al suelo o a una maceta más grande, por lo que tendremos un trabajo extra en este aspecto.

- Quizás la desventaja más importante es que, si no empleamos un buen sustrato, que retenga mucha humedad, tendremos que estar muy pendientes de regar cuando sea necesario, puesto que algunos sustratos, poco apropiados, se secan muy rápidamente —especialmente si se exponen al sol y al viento— y si esto ocurre cuando las semillas están germinando, puede que se aborte todo el proceso y finalmente no nazca nada.


Pasos para sembrar en maceta con tierra

Obviamente, necesitaremos una maceta y sustrato, ya sea uno especializado, preparado por nosotros mismos o, si no tenemos otra opción, tierra del huerto.

Los pasos a seguir son los mismos que explicamos más arriba, excepto que en el primer paso, en lugar de preparar el suelo, tendremos que llenar la maceta con el sustrato que hayamos elegido.


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