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Cuidados de un olivo

Publicado por Antonio Amigo   ✧   Entre la azada y el teclado...

Aquí descubrirás los cuidados que requiere el olivo desde que es joven para que se desarrolle sano y con vigor, y para que produzca buenas cosechas de aceitunas de la mejor calidad posible y sin caer en la vecería típica del cultivo.


Los cuidados que debemos proporcionar a un olivo para que se mantenga sano, con vigor y que, si lo deseamos, pueda fructificar, serán diferentes en función de si crece en unas condiciones más o menos propicias para el cultivo.

Una vez formado el olivo, la productividad estará directamente relacionada con los cuidados que se le ofrezcan.

En el artículo referido a las características del olivo puedes encontrar, además, cuáles son las condiciones agroclimáticas más propicias para este árbol.


Control de hierbas competidoras

Aquí volvemos a hacer una distinción entre un olivo que se cultive por sus aceitunas y otro que tenga solo un fin ornamental. En el primero, el control de las hierbas espontáneas es un cuidado fundamental, especialmente en los primeros años de vida del árbol, ya que estas ejercen una fuerte competencia, sobre todo en suelos poco profundos

Pueden retrasar varios años el desarrollo del olivo, en comparación con otro libre de ellas.

Durante la etapa de reposo invernal del olivo, es menos importante la competencia de la vegetación espontánea, puesto que también crece lentamente debido a las bajas temperaturas. Es a partir de la primavera, y hasta el otoño, cuando más crece la vegetación, que normalmente se adelanta a la reanudación de la actividad del olivo, robándole buena parte de los nutrientes y del agua antes de que este los pueda comenzar a asimilar.

En las plantaciones comerciales, se emplean herbicidas que dejan el suelo desnudo. Sin duda una forma cómoda y rápida de solucionar el problema, pero a la larga, tiene más inconvenientes que ventajas, especialmente en suelos con cierta pendiente, en los que la escorrentía puede llevarse parte del suelo —la capa más superficial y fértil. Sin duda, es mucho más beneficioso a largo plazo la utilización de cubiertas vegetales y acolchados orgánicos. Por ejemplo, sembrar trébol blanco a finales de primavera que, además de conservar el suelo e impedir que se erosione, fijará nitrógeno en este y reducirá la temperatura de la tierra, ahorrando agua. Llegado el verano, y en ausencia de riego, se secará formando un ligero acolchado sobre el suelo.

Además de la mencionada cobertura de trébol, se pueden sembrar otras especies aprovechables, como por ejemplo los cereales.

En cuanto a los acolchados, tienes más información en este artículo.


Fertilización

Al igual que ocurre con las demás plantas, las principales necesidades nutricionales del olivo se centran en los compuestos del nitrógeno, del fósforo y del potasio, cambiando las proporciones de estos a medida que el árbol va pasando por las distintas etapas de su vida.

El olivo es un árbol muy rústico, capaz de vivir bien en suelos muy pobres, por lo que si no se desea obtener aceitunas de él y se prefiere que ocupe poco espacio, se puede mantener perfectamente sin aportarle ningún tipo de abono o fertilizante.

En cambio, si queremos que fructifique y nos dé buenas producciones de aceituna, deberemos asegurarnos de que posee los nutrientes necesarios a través del abonado, mantenimiento o mejora de la fertilidad del suelo.


Nitrógeno

Los compuestos nitrógeno son los principales responsables del crecimiento vegetativo del olivo y, por tanto, se demandan en grandes cantidades cuando el árbol desarrolla nuevas hojas, tallos, flores o frutos.

Se debe garantizar la disponibilidad de nitrógeno mientras el olivo joven se está formando, aumentando las cantidades aportadas a medida que va creciendo y hasta que entra en producción. Si observamos que la nueva vegetación tiene una longitud escasa, puede ser un síntoma de que falta nitrógeno en el suelo.

El nitrógeno se puede aportar bajo diversas formas: mediante abonos orgánicos como la gallinaza, el estiércol de animales de granja, purines, etc, cultivando junto con el olivo plantas fijadoras de nitrógeno —como el trébol, la alfalfa, el guisante y otras leguminosas—, o mediante la aplicación de fertilizantes químicos, entre los que destacamos el sulfato de amonio, el nitrato de amonio, el nitrato de calcio o la urea.

Especialmente si se emplean fertilizantes químicos, es muy importante ajustar la dosis para evitar efectos indeseados, como exceso de vigor o toxicidad. Para un olivo adulto, se recomienda aplicar entre 500 y 1500 gramos de nitrógeno al año, dependiendo de la fertilidad del suelo, de la humedad de este o el estado del árbol.

Puesto que el nitrógeno induce la creación de nuevos brotes, evitaremos aportar este nutriente antes de épocas frías —en otoño— para facilitar que las partes tiernas se endurezcan y evitar que las heladas invernales las dañen. Es mejor hacerlo a la salida del invierno y en la primavera, cuando las heladas ya no sean un problema y el olivo vaya a comenzar a producir nuevos brotes, flores y frutos.

Es especialmente importante la disponibilidad de nitrógeno durante la floración del olivo y el crecimiento de los frutos, favoreciendo tanto la cantidad como el tamaño de las aceitunas. Un aporte excesivo previo a la floración, puede hacer que cuajen demasiados frutos y se reduzca considerablemente el calibre de estos, o que el árbol entre en vecería.


Fósforo

El fósforo suele encontrarse en cantidades suficientes en la mayoría de los suelos a menos que sean muy ácidos o ricos en carbonato de calcio. Si se observa una clorosis generalizada de las hojas —y estamos seguros de que no es por falta de nitrógeno— es posible que sea un síntoma de deficiencia de fósforo.

En la mayoría de los casos, si aportamos abonos orgánicos —o minerales equilibrados— estamos garantizando la presencia de suficiente fósforo en suelo para cubrir las necesidades del olivo. En caso de carencia, podemos añadir al suelo unos 5 kg de cenizas de madera por árbol adulto, o bien la misma cantidad de fertilizante a base de fósforo. Para olivos jóvenes, la cantidad ha de ser acorde al tamaño del árbol.


Potasio

Las cosechas de aceituna y las podas, extraen grandes cantidades de potasio del suelo, cantidades que hay que reponer para garantizar que el olivo pueda mantener buenas producciones a lo largo del tiempo y se conserve sano —el potasio es importante para el sistema inmunitario de las plantas.

El aporte al suelo de cenizas de madera, gallinaza u otros abonos orgánicos, supone una buena fuente de potasio, aunque si se está frente a una carencia grave, quizás sea mejor emplear abonos foliares o fertilizantes específicos. La aplicación foliar de caldos ricos en potasio —como el té de plátano— puede ser una solución rápida, fácil y orgánica, aunque solo temporal.

Se puede aplicar el potasio después de la cosecha o después de la floración, o en ambos casos. En el primero, nos aseguramos de que reponemos el potasio extraído del suelo tras la cosecha de las aceitunas y en el segundo caso, garantizaremos que los nuevos frutos dispongan de una cantidad suficiente en el suelo.

Además de los macronutrientes anteriores, el olivo —al igual que toda planta— necesita otros elementos como el calcio, el magnesio o el boro, entre otros, a falta de los cuáles el aspecto, vigor y salud general del árbol se puede ver perjudicada.


Los cuidados relativos al riego del olivo —muy importantes para la producción de aceituna— ya los tratamos en el artículo titulado cuánta agua necesita un olivo.


Poda

La poda del olivo es un cuidado imprescindible, tanto si el árbol está orientado a la producción de aceituna, como si simplemente tiene un propósito ornamental, o ambos.

Los trabajos de poda han de comenzar poco tiempo después de haber plantado el olivo, siendo los primeros años de poca intensidad y a medida que el árbol se hace más viejo, las podas serán de mayor importancia, especialmente si nos interesa mantenerlo sano y productivo. Si se poda en exceso los primeros años, se puede frenar el desarrollo del olivo, por lo que es mejor dejarlo crecer respetando su tendencia natural, eliminando solo ramas entrecruzadas y partes muertas o enfermas.

Como ya indicamos con anterioridad, hay que tener en cuenta a la hora de podar que cada rama del olivo está asociada a una raíz y si cortamos la rama, esa raíz se perderá —no pasará a alimentar a otra rama— por lo que el árbol perderá vigor.

También hay que tener en cuenta que el tipo de poda de formación que se realice —copa libre, vaso, eje central— no influye en el tiempo que el olivo tardará en entrar en producción.

Trataremos la poda del olivo en un artículo específico en el que explicaremos el proceso paso a paso.


Prevención y control de plagas y enfermedades

El olivo puede padecer tanto enfermedades de la parte aérea (hojas, flores, frutos y tallos) como de la parte subterránea, las raíces. En ambos casos, el exceso de humedad —tanto ambiental, como en el suelo— suele ser uno de los factores desencadenantes. Por tanto, a modo de prevención, habrá que evitar los encharcamientos del suelo —evitar plantar el olivo dónde se prevea que puede ocurrir.

En lo referente a las enfermedades de la parte aérea, el principal método de contagio de varias de ellas son las heridas producidas durante la poda o la recogida de las aceitunas. Por ello, tendremos que evitar, en la medida de lo posible, los daños en las ramas y, cuando podemos, lo haremos con las herramientas bien desinfectadas —limpiándolas incluso antes de pasar de un árbol a otro— y si se realizan grandes cortes, se taparán con mastic cicatrizante.

Después del otoño y hasta la primavera, conviene realizar tratamientos preventivos con fungicidas —a base de cobre, por ejemplo— sobre la parte aérea del olivo para reducir el riesgo de aparición de enfermedades en las hojas y brotes jóvenes. Si existen problemas de hongos sobre las aceitunas verdes, habrá que realizar otro tratamiento preventivo al final del verano, antes de que comiencen las lluvias otoñales.

Las principales enfermedades del olivo son la verticilosis, tuberculosis, repilo y la lepra.

Las plagas más importantes son la mosca del olivo (Bactrocera oleae), la polilla del olivo (Prays oleae) y la cochinilla de la tizne (Saissetia oleae).

Para la prevención y control de las plagas, lo más respetuoso con el medio ambiente es el uso de trampas de feromonas y la asociación con otros cultivos que confundan a los insectos.

Resumen de los cuidados del olivo

  • » Cavar el suelo en primavera y en otoño (no es necesario si no se compacta).
  • » A finales de verano o principios de otoño, abonado rico en fósforo y potasio.
  • » Prevención de plagas y enfermedades
  • » Podas de formación, fructificación y rejuvenecimiento, en cada caso.
  • » Garantizar la disponibilidad de agua en el suelo, con riego si es necesario.
  • » Controlar la vegetación espontánea, especialmente en los primeros años del olivo.
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