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Origen de la manzana

Te contamos de dónde es originario el manzano, cuándo y dónde comenzó a cultivarse y cómo fue llevado por todo el mundo a través de la historia



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La manzana es el fruto del manzano (Malus domestica), un árbol de la familia de las rosáceas cuyo fruto ya era consumido por los humanos en el Neolítico y quizás antes.

Aunque no estaba muy claro, se pensaba que se había originado en el Cáucaso y el Turkestán, por la gran variedad de manzanas que se hayan en la zona. Algunas especies —como el Malus sieversii— aún crecen de forma silvestre en las montañas de Asia central, entre el Oeste de China y Rusia.

En 2010 un equipo internacional de científicos descifró el genoma de la variedad Golden delicious, lo que permitió establecer que el antepasado silvestre del manzano era, el ya mencionado, Malus sieversii. Este descubrimiento sitúa su origen en las montañas Tien Shan, entre Kazajistán, Kirguistán y China. En esta región, los manzanos son los árboles más comunes en el bosque, en altitudes entre 1200 y 1800 metros sobre el nivel del mar.

Los frutos de este manzano silvestre son muy variables, pudiendo presentar los colores, formas y sabores que encontramos en las distintas variedades cultivadas en todo el mundo.


Dispersión y cultivo



Las antiguas rutas comerciales que transcurrían por esta zona pudieron haber ayudado a dispersar los manzanos tanto hacia Oriente como hacia Occidente. Los romanos la cultivaron el las regiones que conquistaban por toda Europa durante la expansión del imperio y a día de hoy es una de las frutas más populares —quizás la más consumida a nivel mundial—, de la que se cree que existen unas 7500 variedades.

Evidencias históricas y arqueológicas confirman que la manzana estuvo siendo recolectada en la naturaleza en el Neolítico y en la Edad de Bronce en lugares de toda Europa. Comenzó a cultivarse en Oriente próximo hace unos 5000 años. Cuando Alejandro Magno conquistó el imperio persa, las manzanas comenzaron a cultivarse en el mundo griego y de ahí pasaron al imperio romano, que las difundió por toda Europa, dónde se hibridaron con el manzano silvestre Malus sylvestris.

A partir de entonces, los manzanos no han dejado de ser un árbol indispensable en los campos de cultivo de frutas a lo largo de todo el mundo.