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Cómo se siembra la arveja

La arveja o guisante se puede sembrar principalmente de dos formas y debemos determinar cuál de ellas nos conviene más en cada ocasión


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La siembra del guisante es una de la más sencillas ya que se realiza de forma directa en el suelo, sin necesidad de preparar semilleros o almácigos. Al hacerse una siembra al aire libre habrá que tener en cuenta la época del año para que el cultivo aproveche las condiciones que más le favorecen.

Consulta este artículo en el que hablamos sobre cuándo se siembra la arveja.


Preparación del terreno

Un tiempo antes de realizar la siembra tendremos que preparar el terreno, sobre todo si se encuentra apelmazado, endurecido o hace mucho tiempo que no se cultiva nada en él.

Si la tierra se encuentra empobrecida habrá que abonarla ligeramente, aunque la arveja no requiere suelos muy fértiles si necesita una cierta cantidad de nitrógeno al inicio del cultivo, cuando las jóvenes plantas aún no pueden obtenerlo de la atmósfera. Será el momento de corregir también el pH —si fuera necesario— aportando estiércol, compost o turba para hacerlo más ácido y cal o ceniza de madera para hacerlo más alcalino.

Lo araremos o cavaremos para soltar la tierra y le pasaremos una rastra, fresa, garabato, etc. para deshacer los terrones y aportarle una estructura esponjosa y mullida que facilite el desarrollo de las raíces.


Proceso de siembra

Una vez tenemos el terreno preparado, disponemos de las semillas y el momento del año es el adecuado, podemos proceder a realizar la siembra, preferiblemente por la mañana y con la tierra húmeda pero no demasiado —sazón—.

La siembra se puede hacer de tres maneras diferentes: a chorrillo, a golpes o a voleo. Es preferente una de las dos primeras y, mejor a golpes que a chorrillo, sobre todo si la variedad es de enrame —mata alta—.

Con la azada realizamos un surco no demasiado profundo. Con unos 7 u 8 cm es suficiente.

A continuación —si queremos sembrar a chorrillo— vamos depositando las semillas en fila, de una en una, dejando un espacio entre ellas de unos 4 o 5 cm.

Una vez están todas en el surco, tomamos de nuevo la azada y hacemos un surco paralelo al anterior, de forma que la tierra vaya cayendo sobre las semillas y las tape con una capa de unos 3 o 4 cm. Cuanto más seco y caliente esté el suelo, debemos enterrarlas más pero sin pasar de los 5 o 6 cm. Sin embargo, si el suelo está húmedo y fresco, podemos dejar las semillas a 1.5 o 2 cm de profundidad, así germinarán antes.