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Jabón de ceniza


Descubre lo sencillo que es fabricar un jabón potásico de excelente calidad a partir de cenizas de madera, de forma que podamos darle valor a unas cenizas que de otra forma seguramente acabaría en la basura.


La ceniza de madera es esa sustancia pálida, similar al polvo, que queda en el fondo de las estufas ―o de cualquier fuego― y que se compone de óxidos metálicos y sales, entre otras cosas.

El destino de gran parte de esas cenizas de los hogares suele ser la basura y, con menos frecuencia, la tierra de un huerto o un jardín.

Pues bien, la ceniza tiene más usos, y uno de los más antiguos es la utilización como sustancia detergente y quitamanchas, es decir, como jabón.

Y lo cierto es que hace un jabón excelente a coste cero. Si quieres saber más sigue leyendo.


Qué es el jabón de ceniza

Ya casi lo explicamos en la introducción. Se trata de una sustancia elaborada a partir de ceniza de madera y de una grasa natural ―esto no lo habíamos dicho aún―, como el aceite de girasol, oliva, colza, etc.

Los jabones ―también el de ceniza― son sales sódicas y principalmente potásicas, que se forman cuando un álcali, como hidróxidos y carbonatos de sodio y de potasio, reacciona con una sustancia grasa y con agua.

Álcali + Agua + Ácido graso = Jabón (sal del ácido graso) + Glicerina

En el caso de la ceniza, el álcali suele estar compuesto por varios hidróxidos y carbonatos de potasio, calcio, sodio, magnesio, etc. solubles en agua.

Por tanto, a diferencia del jabón de sosa, el de ceniza es mucho más rico en su composición y, para algunas aplicaciones, mucho más efectivo.


✪ La lejía de ceniza

Se conoce con este nombre al lixiviado que resulta de saturar las cenizas de agua, de forma que el líquido que se desprende es la lejía.

Las cenizas se vierten en un recipiente agujereado por la base, luego se va añadiendo agua sobre ellas. Cuando ya no pueden absorber más, el líquido comenzará a caer por el orificio de la base.

Al pasar el agua a través de las cenizas, disuelve los compuestos químicos solubles ―principalmente el carbonato de potasio. Esta sal en agua da lugar a una solución fuertemente alcalina, ideal para elaborar jabón o para utilizar directamente como lejía.

Debido a que la sal predominante en la lejía de ceniza es el carbonato potásico, el jabón resultante será principalmente jabón potásico, aunque contendrá también otros compuestos.


Cómo hacer jabón con ceniza de madera

Hacer jabón a partir de cenizas de madera, no solo es posible, sino que es una excelente idea para aprovechar lo que de otra forma sería un residuo del hogar.

La elaboración no es compleja en sí, pero puede llevar a malos resultados si se comenten errores durante proceso. El más frecuente de todos ellos seguramente sea comenzar con una lejía poco concentrada, pero puede haber más.


✪ Receta

Esta es la forma en la que nosotros preparamos el jabón potásico a partir de cenizas de madera y nos funciona, aunque reconocemos que puede haber otras recetas buenas.

El resultado es un excelente jabón que usamos en el huerto y el jardín, pero también en casa, ya que es un excelente quita-grasas.


Elaborar jabón puede ser peligroso. Ten en cuenta que aquí solo explicamos cómo lo hacemos nosotros. De ninguna manera este artículo debe tomarse como una recomendación. Actúa bajo tu responsabilidad, tomando siempre las debidas medidas de seguridad, y si eres menor de edad, con la supervisión de un adulto.


✰ Materiales necesarios

✦ Un recipiente en el que se puedan practicar orificios en la base, por ejemplo un cubo de plástico o una maceta grande.

✦ Un segundo recipiente que sea más alto que ancho, por ejemplo un bol de cocina, un tupper, una olla.

✦ Una olla para calentar en la cocina o en un fuego.

✦ Una cuchara de mango largo para remover.

✦ Un colador por el que pasen las cenizas pero queden retenidos los restos de carbón.

✦ Una patata de pequeño tamaño o un huevo de gallina, crudos.

Grasa de origen natural; preferentemente aceite vegetal ―de cocinar― usado.

Cenizas de madera ―o de otros restos vegetales― que se originaran en un fuego a alta temperatura ―el color será muy pálido― y mejor si proceden de maderas duras, ya que tienen más potasio.


ⓘ Importante, los utensilios utilizados no pueden ser de aluminio, ya que este metal se corroe al contacto con la lejía de ceniza.


✰ Proceso de elaboración

Antes de nada debemos reunir todos los materiales para que luego no falte nada cuando le tengamos que echar mano.


- Preparando la lejía

Tenemos cenizas sólidas y necesitamos un líquido alcalino para elaborar jabón a partir de él, así que comenzamos por aquí.

Lo haremos siguiendo el método tradicional.

Colocamos en alto el recipiente con el agujero en la base ―por ejemplo colgado―, de forma que quede espacio debajo para poner el segundo recipiente.


Llenamos la olla con agua limpia y la ponemos a calentar. No es necesario que hierva. Si se va a usar agua del grifo, se puede tomar directamente del de agua caliente.


Ponemos una capa de arena lavada, paja, agujas de pino ―o un material de textura similar― en el fondo del primer recipiente, para que haga las veces de filtro que impida que las cenizas sólidas pasen por el agujero.


Colamos las cenizas para retirar los restos de carbón que no se quemaron. Esto puede tomar algún tiempo y levantar bastante polvo, así mejor hacerlo en el exterior.


Vamos echando las cenizas dentro del primer recipiente, apretándolas hacia el fondo, hasta llenarlo casi del todo, dejando unos 4 o 5 centímetros sin llenar.

- Se puede juntar el paso 4 con el 5, colando directamente las cenizas sobre el recipiente.


Ahora vertemos agua poco a poco sobre las cenizas hasta mojarlas por completo. Estarán totalmente húmedas cuando veamos que comienza a gotear agua por debajo del recipiente.

- A partir de este momento ya estaremos recogiendo la lejía, así que el recipiente inferior debe estar preparado.


Seguimos añadiendo agua poco a poco sobre las cenizas, esperando a que deje de gotear entes de añadir más.

- Esta primera lejía será la más concentrada y, a medida que echemos más agua, su concentración irá disminuyendo.

- Aquí es donde entra en juego la patata o el huevo crudos. Si flota en la lejía, la concentración será buena. Si se hunde, habrá que dejar de añadir agua y concentrarla más.

- Para aumentar la concentración se puede hacer una de estas tres cosas:

• pasar esa misma lejía por otro lote nuevo de cenizas ―previamente mojadas con agua limpia para que no absorban la lejía.

• hervirla para evaporar parte del agua.

• dejarla al sol para que la evaporación ocurra de forma natural.

En cualquiera de los tres casos, cuando la patata o el huevo floten de nuevo, la lejía será suficientemente densa para continuar.

Dejamos que la lejía repose durante 24 horas, para que los sólidos que pudiera contener se vayan al fondo por sedimentación y la lejía quede más limpia.

- No obstante, si no se quiere esperar, este paso se puede omitir. Eso sí, el jabón resultante contendrá partículas de ceniza que le darán un color más sucio.

- Una vez clarificada, se recupera la parte limpia y se deja la parte inferior, más sucia.


- Haciendo el jabón de ceniza

Muy bien, ya tenemos la lejía de ceniza ―que era lo que nos faltaba―; ahora ya podemos comenzar realmente con la preparación del jabón potásico.

Junto con la elaboración de la lejía, la proporción lejía/aceite es otra cuestión delicada. Se pueden encontrar muchas recomendaciones, y cada una dice una cosa diferente al respecto. Solo coinciden aquellas que son copias unas de otras.

La proporción dependerá de lo concentrada que esté la lejía ―o lo alcalina que sea. Cuanto más alcalina, menor cantidad será necesaria, en relación con la cantidad de aceite o grasa.


Ejemplo

Si tomamos la lejía directamente, podemos usarla en la proporción de 1 litro de lejía por cada 320 ml (mililitros) de aceite, aproximadamente. En cambio, si antes de realizar la mezcla, hervimos la lejía hasta reducir su volumen a la mitad, nos quedaremos con 500 ml de lejía ―que en realidad contienen prácticamente la misma cantidad de sustancias alcalinas― y, por tanto, podrán reaccionar con la misma cantidad de aceite que antes.


Como vemos, en realidad la proporción no importa, siempre que podamos detectar el momento en el que cerca de la totalidad de la "potasa" se neutraliza con el aceite.

¿Y esto cómo lo podemos saber? Lo veremos luego, pero primero hay que preparar el jabón, y a eso vamos.


Poner la olla ―sin tapa― a fuego medio y añadir la mitad del aceite que se va a emplear, por ejemplo 160 ml, continuando con el ejemplo anterior.


Agregar ahora la mitad de la lejía de ceniza (500 ml ―o 250 si se ha evaporado a la mitad―) y remover insistentemente durante 2 minutos. Dejar reposar 15 minutos. Bajar el fuego si la mezcla hierve.


Añadir el resto del aceite y de la lejía y mezclar durante 2 minutos dejando reposar otros 15 minutos.

- Aquí es un buen momento para comprobar si las proporciones aceite-lejía han sido buenas.

- Una forma bastante efectiva de hacerlo, y que no requiere instrumental, es probando el jabón con la punta de la lengua. Después de remover los 2 minutos, se extrae una pizca con una cuchara, por ejemplo, y se espera a que enfríe lo suficiente para no quemarse. Seguidamente, tocamos con la punta de la lengua el jabón. Si notamos que pica mucho, hay que añadir más aceite. Si no pica nada, nos pasamos con el aceite, hay que añadir más lejía. Lo ideal es que pique ligeramente, señal de que ha quedado muy poca "potasa" sin reaccionar.

- Si se desea más aceitoso, se puede agregar un poco más de aceite de forma que quede un poco sin reaccionar con la potasa.

Repetir el proceso de remover 2 min - reposar 15 min hasta que la mezcla adquiera una consistencia pastosa de color crema o incluso marrón. Tiene que quedar un camino sobre el jabón cuando movemos la cuchara dentro de él.

- En este punto se puede parar el proceso, verter en un molde y dejar enfriar.

- El jabón quedará en la superficie, flotando sobre un líquido de color marrón.

- Se obtendrá un jabón potásico de consistencia cremosa, que cuando enfríe será casi sólido pero rápidamente tomará humedad del aire recuperando de nuevo el aspecto de crema.

- Si se desea más espeso, repetir el punto 4 cuantas veces sea necesario.

- Se debe guardar de forma que no esté en contacto con la humedad del aire, por lo que acabamos de explicar: se hidrata fácilmente volviéndose muy líquido.

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